Cuando Faye se matriculó en la universidad, nunca imaginó que el coste acabaría influyendo luego incluso en el número de hijos que podría tener. "No hubo orientación alguna; simplemente era: firma aquí y diviértete". Se graduó con 27.000 libras de deuda y ahora, que tiene 30 años y trabaja en gestión de contratos, debe 53.000 libras. Entre ella y su marido pagan unos 500 libras mensuales, dinero que preferirían destinar a la compra de una vivienda. Quieren formar una familia, pero los pagos del préstamo estudiantil —con intereses de más del 6%— les impiden superar las pruebas de solvencia necesarias para conseguir una hipoteca suficiente para una casa con tres habitaciones. Patrick, también de 30 años, recuerda que en el colegio les dijeron que era "el préstamo con mejor relación calidad-precio que jamás tendrías, que apenas notarías los pagos". Pero se graduó con una deuda de 42.000 libras y, aunque la está pagando, ahora asciende a 72.000 libras. Hace poco le ofrecieron un nuevo trabajo con una subida salarial de 15.000 libras, pero optó por rechazarlo porque no le merecía la pena: el aumento resultante en los pagos de su préstamo, sumado a los impuestos adicionales, se habría tragado casi el 60% del incremento, lo que, añadido a miles de libras en costes de desplazamiento, suponía poca recompensa a cambio de más responsabilidad y jornadas más largas. El sistema de préstamos universitarios es extraordinariamente complejo y ha sido reformado en multitud de ocasiones desde su introducción en 1998 con Tony Blair, quien basó su programa electoral en tres prioridades: "Educación, educación y educación". En Inglaterra, los más perjudicados son quienes comenzaron la universidad entre 2012 y 2022, con el Plan 2, una reforma impulsada por el gobierno de David Cameron que prácticamente triplicó las tasas universitarias hasta las 9.000 libras anuales. Una cifra a la que hay que sumar alrededor de 12.000 libras por curso para manutención, ya que lo normal es dejar la casa de los padres a los 18 años. El problema para el actual primer ministro Keir Starmer —por si no tuviera pocos— es que ha heredado una bomba de relojería con efecto retardado. Alrededor de cinco millones de jóvenes que asumieron la versión más dura de estos préstamos tienen ahora entre 20 y 30 años. Son médicos, profesores, ingenieros y emprendedores de los que depende la economía. Y también votantes con una deuda creciente cuya situación ha hecho saltar las alarmas en Westminster. "Habrá 10 millones de personas con préstamos estudiantiles en las próximas elecciones [previstas para 2029]. Si añadimos a los padres, estamos hablando de 20 millones. No podemos permitirnos perderlos", aseguraba recientemente un diputado laborista al Financial Times de forma anónima después de haber sido advertido por ministros de que no hablara sobre el asunto. Los diputados sostienen que el Gobierno —que pese a la mayoría absoluta obtenida en 2024 atraviesa una profunda crisis— necesita encontrar una solución antes de las próximas elecciones y señalan cómo una promesa del Partido Laborista australiano de reducir la deuda estudiantil en un 20% ayudó a Anthony Albanese a desafiar las previsiones y ganar un segundo mandato el año pasado. El asunto incluso ha aparecido en la batalla por el liderazgo laborista. Tras el batacazo de las elecciones locales y regionales, en Westminster cada vez son más las voces que dudan de que Starmer llegue políticamente intacto a Navidad. Wes Streeting, uno de los nombres que aparecen recurrentemente en las quinielas sucesorias, considera que el debate sobre una reforma "merece la pena". Desde que The Times lanzó la campaña "End the Graduate Rip-Off" (Acabemos con la estafa a los graduados), donde denuncia la naturaleza punitiva y regresiva del sistema, el tema ha dominado el debate público y político e incluso ha provocado una investigación parlamentaria. De momento, el aún inquilino de Downing Street ha anunciado que, a partir de septiembre, los intereses de algunos préstamos estudiantiles se limitarán al 6%, ante el aumento de la inflación provocado por la guerra de Irán. Sin embargo, esta política se considera poco más que un parche, ya que no resuelve el problema principal: los intereses siguen calculándose con el Retail Prices Index (RPI) y no con el Consumer Prices Index (CPI), más habitual y generalmente más bajo. El RPI es un viejo termómetro británico de la inflación que muchos expertos consideran que tiende a marcar una temperatura más alta de la real. La Oficina Nacional de Estadística sostiene que ni siquiera cumple con los estándares internacionales de precisión. Los expertos temen que si no se aborda correctamente la crisis se consolidarán décadas de estancamiento económico, se frustrarán las aspiraciones de algunos de los trabajadores más productivos y el Gobierno terminará enfrentándose a una montaña de deuda cada vez mayor. Ollie Gardner, un graduado de Economía de 26 años, puso en marcha el año pasado la campaña Rethink Repayment para insistir en la injusticia que veía en el sistema. "Los jóvenes a quienes se les dijo que fueran a la universidad para conseguir un trabajo profesional están siendo golpeados por este tipo marginal tan elevado, y ahora es mucho más difícil para ellos comprar una vivienda o formar una familia", afirma. Gardner cree que el Gobierno consideró atacar a los jóvenes como "una opción fácil", ya que era poco probable que protestaran, en contraste con los pensionistas, que sí se han movilizado para proteger políticas como la triple garantía de las pensiones estatales y lograron forzar una marcha atrás en la retirada de las ayudas de invierno para calefacción. Opinión Los estudiantes se sienten desamparados. Una investigación de la BBC descubrió que el pago de los préstamos llegó a compararse con un contrato de teléfono de 30 libras al mes en una presentación dirigida a adolescentes hace una década, pidiendo incluso a los ponentes que evitaran utilizar la palabra "deuda". El Institute for Fiscal Studies (IFS) —uno de los centros de investigación económica más influyentes del país— calcula que el Gobierno obtendrá 800 millones de libras de beneficio de los préstamos de quienes comenzaron la universidad en 2022, que ahora pagarán el 97% del coste total de su educación universitaria, frente al 70% que habrían asumido si se hubiera mantenido el diseño original del sistema planteado en 2012. Nick Hillman, del Higher Education Policy Institute, que fue asesor gubernamental cuando se introdujo el sistema para los estudiantes entre 2012 y 2022, reconoció que existía un incentivo político para trasladar los costes a los graduados. "La razón por la que este grupo está pagando la totalidad de su educación, algo que nunca fue lo prometido, es que el Estado ha podido salirse con la suya porque hasta ahora no ha habido resistencia", afirmó. Pero añadió: "Si juegas con el préstamo para reducir la carga, eso tiene un coste real para el Gobierno y probablemente recaería sobre personas que no tienen estudios universitarios". Los préstamos del Plan 2 están considerados los más punitivos desde que comenzó el sistema. Estos graduados fueron los primeros en empezar la universidad después de que el gobierno de coalición liderado por David Cameron prácticamente triplicara las tasas universitarias hasta 9.000 libras en 2012. Se les aplicó un interés equivalente al RPI más tres puntos porcentuales desde el mismo momento en que comenzaron sus estudios. Una vez graduados, el interés pasa a ser el RPI más hasta tres puntos porcentuales, dependiendo de cuánto ganen. Si ingresan más de 28.470 libras al año, devuelven el 9% de sus ingresos por encima de esa cantidad. La deuda se cancela después de 30 años. Los préstamos anteriores, el Plan 1, corresponden a quienes fueron a la universidad antes de 2012, cuando las tasas universitarias costaban hasta 3.375 libras. Pagan intereses equivalentes al RPI o al tipo base del Banco de Inglaterra más un punto porcentual, el que sea más bajo. Sus préstamos se cancelan después de 25 años. Por su parte, los primeros estudiantes del Plan 5 —aquellos que comenzaron sus estudios a partir de 2023— se graduarán este verano. Se les aplicará el tipo RPI y su deuda será cancelada después de 40 años. Los préstamos para posgraduados tienen una tasa de interés equivalente al RPI más tres puntos porcentuales, independientemente de sus ingresos. Reembolsan el 6% de sus ingresos por encima del umbral. Jamie Bradley, del Plan 2, que trabaja en la industria farmacéutica y gana algo más de 50.000 libras, asegura que solo conserva 43 peniques por cada libra adicional que gana. Su situación: préstamo universitario: 9%; préstamo de posgrado: 6%; impuesto sobre la renta: 40%; seguridad social: 2%. Eso supone un tipo marginal total del 57%. "Es una carga adicional enorme para nuestra generación comparada incluso con personas apenas dos o tres años mayores", afirma. Opinión TE PUEDE INTERESAR Irán, la guerra y los mercados José Carlos Díez La National Union of Students (NUS) —la principal organización que representa a los estudiantes universitarios y de educación superior— acusa a los sucesivos gobiernos desde la coalición liderada por David Cameron en 2010 de haber tomado una "decisión calculada" para obtener ingresos adicionales a costa de los graduados. Sus afirmaciones se apoyan en un informe encargado junto al Higher Education Policy Institute, según el cual los estudiantes que comenzaron sus carreras en 2022/23 —los últimos incluidos en el Plan 2— generarán ingresos netos para el Tesoro en lugar de representar un coste. El estudio cifra ese saldo positivo en 679 millones de libras. La presidenta de la NUS, Amira Campbell, asegura que "los jóvenes no se quedarán de brazos cruzados mientras los políticos juegan con nuestra deuda y cambian las condiciones de un préstamo que firmamos antes incluso de poder votar". Según la consultora London Economics, los cambios introducidos desde 2022 ahorrarán al Tesoro más de 5.000 millones de libras respecto al sistema anterior. Entre ellos figura la decisión del actual Gobierno laborista de congelar durante tres años el umbral salarial a partir del cual comienzan los pagos, fijándolo en 29.385 libras en lugar de permitir que aumentara con la inflación. Eso implica que más graduados comenzarán a devolver dinero antes, generando 1.300 millones adicionales para el Tesoro. La medida se suma a una congelación previa introducida en 2022 que ya había aportado otros 4.600 millones. En conjunto, todos estos cambios significan que los graduados de la promoción que comenzó en 2022/23 y que ganen 40.000 libras o más devolverán 740 libras adicionales en 2032 respecto a las condiciones anteriores. A lo largo de toda su vida, los graduados hombres pagarán de media 13.400 libras adicionales respecto a las condiciones originales, mientras que las graduadas —que siguen cobrando de media menos— pagarán 16.900 libras más. Pese a toda la indignación, la campaña contra los préstamos estudiantiles todavía no ha conseguido formular un conjunto claro de exigencias. En parte, esto se debe a que la complejidad del sistema hace que ni siquiera esté claro exactamente contra qué problema deberían protestar los graduados. Los saldos pendientes están creciendo rápidamente y muchos graduados devuelven miles de libras al año solo para comprobar que su deuda sigue aumentando debido a los intereses. Reducir los tipos solucionaría este problema. Sin embargo, dado que los préstamos se cancelan tras 30 años —o 40 años para quienes comenzaron la universidad a partir de 2023—, la mitad de los graduados nunca llegará a devolverlos por completo. Para ellos, el verdadero dilema no es la deuda total, sino la perspectiva de pagar un impuesto adicional mes tras mes durante buena parte de su vida laboral.