IntemperieLa imagen de presuntos corruptos delante de un plato de este molusco da�a m�s a la izquierda que a la derechaImagen de Julio Mart�nez Mart�nez aportada por la Udef en la trama que salpica al ex presidente del Gobierno Jos� Luis Rodr�guez Zapatero.MUNDOActualizado Mi�rcoles,
mayo
23:04Audio generado con IAEl editorial de este peri�dico sosten�a anteayer que las ostras y el champ�n forman parte de �la est�tica que suele adornar a los corruptos�. Esto es exactamente as� para desgracia de los amantes de este bivalvo y de los espumosos. No hay trama corrupta que se precie en la que sus cabecillas no caigan en la tentaci�n de retratarse en alguna marisquer�a de post�n -o de segunda, como en el caso Koldo- delante de un platazo regado con un champ�n, por supuesto, franc�s porque luce m�s jamarse un Mumm que un cava catal�n. Aunque la estampa pantagru�lica le ha estallado ahora al PSOE, a cuenta del posado del tal Julio Mart�nez Mart�nez brindando por el rescate de Plus Ultra, en otros esc�ndalos le salpic� al PP. Los horteras no entienden de siglas, pero da�an m�s a la izquierda que a la derecha. Las ostras, vinculadas al hist�rico cuadro de Le D�jeuner d'hu�tres (El almuerzo de las ostras), est�n incrustadas en el imaginario colectivo como sin�nimo de lujo, de privilegio, acaso de placer inconfesable. O sea, que parecen incompatibles con las clases medias. Lo cierto es que las ostras, pobrecillas, no tienen la culpa de la mugre pol�tica que nos anega. Es m�s, merece la pena defender la honorabilidad de este molusco. No s�lo por su valor nutritivo, sino porque no es tan inasequible al bolsillo como da a entender la repugnante imagen de tantos chorizos delante de ostras gallegas -pese a que cada vez hay menos ejemplares aut�ctonos- o francesas de Gillardeau al natural. La inflaci�n ha disparado la cesta de la compra, pero el precio de una ostra en El Puertito, un oyster bar en Bilbao y Madrid, oscila entre 1,90 euros y 3,20 euros la m�s cara, una plana holandesa: menos que un doble de cerveza o un vinito. En la Barra de O'Grelo sirven la ostra flor a tres euros. En Rafa, un comedor infalible de la capital, las tienen a 5,5 euros. Y en Jaylu, Sevilla, se puede catar una ostra de L'�le d'Ol�ron por seis euros. No parecen precios prohibitivos comparados con los 300 d�lares que cobra Petrossian por 30 gramos de caviar beluga imperial o los m�s de 100 euros que cuestan 300 gramos de trufa negra turolense.Cuenta Lorenzo Millo en El banquete del mar (1995) que de la antigua Atenas procede el t�rmino ostracismo. Justo lo que le espera a Zapatero a partir de ahora. Pero eso no quita para reivindicar que, pese a todo, las ostras siguen siendo un bocado al alcance de mucha gente que trabaja, paga sus impuestos y respeta los sem�foros. Se�ores corruptos: aparten sus sucias manos de este manjar.
















