Actualizado 28/05/2026 - 15:27h.

Las joyas de Zapatero ponen postal intimidatoria y acaso inculpatoria al gran caso en curso, porque unas joyas, exhibidas a granel, en foto, exponen un botín turbio o una víspera de vitrina museal. No sé yo si las joyas de Zapatero son un millonario ajuar, ... pero ahí están, en un cajón, con retrato de la Policía. Esta fotos van a decorar siempre la biografía diversa de Zapatero, más allá de lo que pase o no con la investigación, porque unos joyones a bulto tienen ya algo de delito en sí mismos, como una mariscada de corretaje o un ramo de billetes en un sobre no níveo. Toda fotografía que delata una intimidad ingresa directamente en el museo provisional del «esto cambia todo». Luego ya veremos si por ahí cambia mucho o poco. Un joyero revuelto es una intimidad exacta, una privacidad homicida, y eso, descerrajado en unas láminas públicas, se arrima inevitablemente a la pornografía. Los objetos ordinarios carecen de dramaturgia. Nadie pierde la compostura y levanta el aspaviento por un dosier indiciario, ni convoca una tertulia extraordinaria por una grapadora. Pero una joya incluye el indecente talento de parecer culpable incluso si está quieta. Resulta un objeto narrativamente corruptible, y brilla de manera sospechosa. Descansa con secreto poderío, embosca secretos. Reúne la estética del exceso, aunque no sepamos hasta dónde llega el exceso, y qué nombre dará a este exceso la ley inquieta. La joya deja pronto de ser joya, si nos fijamos. Pasa a ser símbolo, y enseguida insinuación. Luego, 'trending topic', y desde ahí prueba irrebatible para quienes ya estaban convencidos de la corrupción, o bien montaje indecente para quienes pensaban lo contrario. Acabará igual este búcaro de joyas como fósil digital, no sé, enterrado bajo la próxima conmoción de las siguientes cuarenta y ocho horas. He aquí una novedad de la España envenenada que nos traemos: ya no archivamos hechos, sino intensidades. Ya veremos qué rescata la memoria de todo esto. Recordaremos, eso sí, que durante un momento funcionamos de tasadores urgentes de unos zafiros de despacho como quien ahí puede avalar los grandes virajes históricos. Quién iba a pensar que Zapatero tenía un Tiffany's en el cajón de las grapadoras.