Para qué guardaría alguien unas joyas fraudulentas que nadie se va a poner, como si el estatus de expresidente no fuera suficiente Algunas de las joyas que aparecen en el informe de la UDEF, que intervino en la caja fuerte del despacho del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.EFEA mí, como a muchísimas españolas de andar por casa, el registro del despacho de Zapatero me ha pillado cambiando la ropa de invierno por la de verano. Mudo la mía y la de mis hijas durante un domingo eterno y las habitaciones quedan inundadas de ropa y de tiempo. Me veo obligada a encontrarme con todas esas que nosotras ya no somos y nunca lo gestiono bien, me pongo triste y acumulo prendas y objetos que nunca volveré a usar. Asfixio sus cosas en bolsas compresoras al vacío para que ocupen menos y luego las amontono en los huecos altos del armario, donde no volveré a mirar hasta que tenga que tirar estas mismas bolsas para hacer sitio a un nuevo pasado. Si alguien me preguntara qué es lo que guardo allí arriba con tanto afán tendría que responder una sola cosa: tiempo. Por eso me han impactado los collares de Zapatero. Los he visto así, desnudos como cadáveres en esas bolsas mortuorias donde los ha metido la policía y me han dado muchísima pena, las joyas y sus dueños. Imagínense por un momento que todas esas alhajas son de verdad una herencia familiar y un puñado de regalos convenientemente declarados. Me imagino entonces que Zapatero no guarda secretos sino joyas del tiempo en sus altillos y sueño con un expresidente que cambia la ropa de verano por la de invierno y piensa cuál es el mejor lugar para guardar eso que tiene valor para uno y que no soportaría perder. Me refiero a ese tipo de objetos que merecen estar en una caja fuerte no por lo que cuestan sino por lo que valen. ¿Y para qué sirven unos collares que nunca te pones? Pues para construir el retrato de tu identidad y de tu familia. Y si son regalos, igual. Son como los testimonios de la vida que has hecho y su valor de nuevo está en la memoria que esos obsequios escriben sobre ti. Habría que guardarlos a buen recaudo porque son el recuerdo de ese tiempo y de esa relación. Observo entonces cómo esas joyas, que podrían guardar la memoria de una vida, se convierten en motivo de juicio público y sufro.Pero ahora imaginemos que no son collares buenos sino corruptos los que atesora el joyero de Zapatero. Serían las mismas joyas e idénticas gemas pero su historia, y la nuestra, muy distinta. ¿Para qué iba a guardar un expresidente unos collares fraudulentos que nadie se va a poner? No me negarán que el gesto es un poco faraónico, como si Zapatero quisiera convertir su despacho en un habitáculo capaz de mantener su estatus para siempre. Como si la misión de estas joyas no fuera posarse sobre un delicado cuello sino otorgar la gloria póstuma a su dueño en vida. Es como si ser expresidente no fuera ya estatus suficiente y hubiera que ascender a padre de la patria, alguien que necesita más poder y más collares. De puertas para afuera todo son grandes palabras como Historia, Estado y democracia, pero en realidad hay un tipo de poder que quiere medir sus logros solo a través del patrón oro. Imagino entonces la mano avariciosa que abre la caja, dejando que el brillo del botín le deslumbre y le entorne los ojos y otra vez me pongo muy triste. Porque si las joyas son corruptas, entonces nuestra memoria y todo en lo que creímos se enturbia. Pero cualquiera sabe. Aún es pronto. Habrá que esperar, como mínimo, otro cambio de estación.Archivado EnOpiniónCorrupciónPolíticaJosé Luis Rodríguez ZapateroPSOEPPEspañaSociedadEconomíaPsicologíaPolítica nacionalJoyas
Los collares de Zapatero y la ropa de verano
Para qué guardaría alguien unas joyas fraudulentas que nadie se va a poner, como si el estatus de expresidente no fuera suficiente











