Te levantas del sillón y los músculos de tu espalda te recuerdan que están ahí con una punzada de dolor. Después de una carrera larga, los músculos de tus piernas protestan cada vez que subes escaleras. Hay pocas molestias físicas tan universales como el dolor muscular. Aparece tras una sesión de ejercicio, una noche durmiendo en una mala postura, en mitad de una carrera, o sin razón aparente.

A veces hablamos de agujetas, contractura, calambre o tirón de forma intercambiable, pero son cosas diferentes que necesitan cuidados diferentes.

Por qué duelen los músculos

El músculo esquelético es un tejido muy adaptable. Responde al estrés por cargas mecánicas, a los cambios en el entorno bioquímico de las células y a las señales del sistema nervioso. Esto permite separar las principales causas del dolor muscular:

El daño muscular por ejercicio (agujetas): las contracciones excéntricas, especialmente las que implican alargar el músculo mientras se contrae (bajar escaleras, o la fase de bajada de una sentadilla), producen microrroturas en las fibras musculares. Esto a su vez causa inflamación, necesaria para reparar esos daños, con un pico entre las 24 y 72 horas después del esfuerzo. Pues bien, eso es lo que llamamos agujetas, y no tiene que ver con los cristales de lactato, como se pensaba. Es simplemente la señal de que el músculo se está reparando.