La competencia entre China y Occidente suele expresarse a través acciones políticas visibles, como los aranceles, los controles a la exportación y las medidas de represalia. Esos intercambios determinan los titulares y los relatos diplomáticos, pero solo en parte reflejan las fuerzas que están remodelando el panorama tecnológico mundial. Por debajo de ellos, se están configurando dos sistemas distintos para desarrollar el talento y traducir la tecnología en capacidad económica y estratégica; y cada uno de ellos está basado en tradiciones institucionales y prioridades políticas diferentes.China ha construido un ecosistema tecnológico amplio y muy orientado a la ingeniería y la resolución de problemas aplicados. En vez de concentrar sobre todo los recursos en lo alto de la pirámide del talento, el sistema hace hincapié en la escala. Mediante una educación técnica y una formación de la mano de obra muy extensas, produce un gran número de ingenieros capacitados para perfeccionar procesos, apoyar la fabricación y desplegar tecnologías de manera eficiente. El enfoque no solo se centra en los descubrimientos revolucionarios, sino en la traducción de los conocimientos existentes en resultados industriales fiables y competitivos.Estados Unidos y, en menor medida, Europa han seguido un modelo más concentrado en la parte superior. Sus sistemas de innovación dependen en gran medida de universidades de investigación de élite, mercados de capitales profundos y fuertes entradas de talento global. Semejante combinación produce menos tecnólogos en conjunto, pero favorece una alta concentración de investigación avanzada e innovación de vanguardia. Dichos sistemas son especialmente eficaces a la hora de generar nuevos paradigmas científicos y avances tecnológicos en fase incipiente.Estudiantes de la universidad de élite china Tsinghua en su ceremonia de graduación GettyEstos dos enfoques opuestos reflejan diferencias arraigadas en las estructuras educativas, los mercados laborales, la asignación de capitales y los incentivos institucionales. A la larga, no solo determinan qué tipo de tecnologías se desarrollan, sino también cómo avanza la innovación desde la idea hasta su aplicación.La divergencia ayuda a explicar los patrones actuales de la competencia mundial. China ha desarrollado claras fortalezas en sectores colindantes con la manufactura e intensivos en ingeniería, como las baterías, la energía solar, los drones y los vehículos eléctricos. Estados Unidos sigue desempeñando un papel destacado en áreas de vanguardia como los modelos fundacionales de inteligencia artificial, el diseño avanzado de semiconductores y la investigación biofarmacéutica innovadora. A medida que esas capacidades van interactuando por las cadenas de suministro mundiales, la competencia tecnológica adopta cada vez más la forma de fortalezas y dependencias superpuestas y no tanto de una sustitución directa.Europa se encuentra incómoda en esta nueva geometría. Comparte el ADN institucional de Occidente, universidades sólidas, una regulación rigurosa y un profundo talento científico. Sin embargo, carece de la abundancia de capital de riesgo y la velocidad empresarial de Estados Unidos. Al mismo tiempo, sus fortalezas industriales están cada vez más expuestas a la escala y la disciplina de costes de China. Incapaz de emular plenamente ninguno de los dos modelos, Europa se ve empujada hacia un incómodo reajuste acerca del tipo de poder tecnológico que es capaz de mantener de forma realista.I. Dos mundos de talentoEl enfoque de China comienza con el volumen. Desde las escuelas de formación profesional hasta las universidades provinciales y las instituciones de ingeniería de élite del país (incluidas las mejores universidades, a menudo denominadas Liga C9), el sistema educativo chino produce una densa capa de tecnólogos de cualificación media y alta.Todos los años, China otorga millones de títulos en STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas), más que Estados Unidos, India y Japón juntos. Las estimaciones indican que cada año aparecen unos cinco millones de nuevos graduados. Incluso ajustadas por la población, las disciplinas STEM representan una proporción mayor de graduados que en cualquier otro lugar. En relación con el nivel de doctorado, la producción de China ha aumentado tan deprisa que está en camino de producir aproximadamente el doble de doctorados en STEM que Estados Unidos.Esta escala refleja tanto una intención política como una lógica cultural. Beijing pone un énfasis extraordinario en lo que denomina “tecnología dura”, campos intensivos en ingeniería que se consideran decisivos para el poder nacional futuro. Los estudios de ingeniería no solo se plantean como una opción profesional, sino como una contribución a la fuerza colectiva. El apoyo político, el prestigio social y los incentivos cada vez más pragmáticos del mercado laboral1 refuerzan ese mensaje, sobre todo en un momento en que la desaceleración económica y el desempleo juvenil hacen más atractivas las carreras técnicas estables y alineadas con el Estado.Los ingenieros chinos se forman en un sistema educativo que valora la disciplina, la repetición y el buen hacer. La creatividad existe, pero está subordinada a la fiabilidad y la ejecución. La política industrial amplifica esos rasgos y orienta el talento hacia sectores donde la mejora incremental, la reducción de costes y la rápida implantación son más importantes que los avances conceptuales. El resultado es un motor de innovación optimizado para el perfeccionamiento más que para la disrupción.Hay ahí ecos de Japón y Corea del Sur en sus fases de recuperación, cuando una mano de obra ingenieril disciplinada impulsó un rápido ascenso industrial. Sin embargo, la versión china opera a una escala diferente, con una coordinación central más fuerte y una voluntad mucho mayor de dirigir el talento hacia las prioridades nacionales. El resultado no es solo una base industrial, sino una mano de obra tecnológica masiva capaz de transformar sectores enteros en un plazo de tiempo reducido.En comparación, el modelo occidental casi parece invertido. Estados Unidos y Europa producen menos ingenieros, pero los que llegan a lo más alto suelen situarse en la vanguardia mundial. Las universidades de élite son el pilar de las extensas redes internacionales de investigación. Según el ranking mundial QS, en el 2025, cinco de las diez mejores universidades estaban en Europa y cuatro en Estados Unidos. La inmigración alimenta esos ecosistemas con talento global. En Estados Unidos, las personas nacidas en el extranjero representan un 19% de todos los trabajadores de STEM y un 43% de los científicos e ingenieros con doctorado. Unos profundos mercados de capital privado refuerzan esos ecosistemas financiando el riesgo y recompensando las ideas mucho antes de demostrar su viabilidad comercial. Esos ecosistemas también están respaldados por normas culturales que valoran el espíritu emprendedor, la originalidad intelectual y la asunción de riesgos, más que hacer hincapié solo en la disciplina de la ingeniería.Un programador cerca de la sede de Google en Silicon Valley, en la bahía de San Francisco, California, un centro tecnológico de referencia global Xavier CerveraEn Estados Unidos, la dinámica se ve potenciada por la peculiar alquimia de Silicon Valley. El capital riesgo, la riqueza basada en acciones y la tolerancia cultural al fracaso se combinan para recompensar la originalidad por encima de la disciplina y la ambición por encima de la estabilidad. Europa comparte gran parte de la infraestructura intelectual, pero carece del mismo metabolismo emprendedor. Sus universidades destacan, sobre todo, en campos como la química, la ciencia de los materiales, la robótica y la biomedicina. Sin embargo, el camino desde el laboratorio hasta la empresa a escala mundial sigue siendo estrecho.La brecha en inversión resulta reveladora. Durante la última década, el capital que ha fluido hacia las empresas estadounidenses ha superado drásticamente al de Europa,2 lo cual ha dejado muchas innovaciones europeas estancadas en la fase de prototipo. Europa sigue destacando en sectores como el aeroespacial, el farmacéutico y el de componentes avanzados, pero su sistema de innovación tiene dificultades para generar el tipo de impulso concentrado que se observa en los centros tecnológicos estadounidenses.II. Por qué la divergencia produce diferentes tipos de innovaciónLa innovación se concibe a menudo como una escalera única en la que quienes suben más deprisa pueden conquistar la siguiente frontera. En realidad, China y Occidente están subiendo escaleras diferentes.En sectores en los que el éxito depende de la delicadeza de la fabricación, la rápida iteración, las cadenas de suministro integradas y la escalabilidad rentable, China carece de rival. Las baterías son el ejemplo más claro. El auge de las empresas CATL y BYD no fue un milagro debido a unos avances fundamentales en química.Fue, más bien, el triunfo de un clúster hiperdenso de proveedores de piezas, decenas de miles de ingenieros de nivel medio iterando línea por línea en los procesos de fábrica y un entorno industrial dispuesto a optimizar de manera implacable los costes y la velocidad. Las condiciones del mercado permitieron que las tecnologías se probaran (y fracasaran) a gran escala, lo cual creó un entorno darwiniano en el que solo sobrevivieron los diseños más eficientes y robustos.La misma lógica rige la energía solar, los drones, la robótica, los vehículos eléctricos y la maquinaria industrial. En el sector de los vehículos eléctricos, algunos modelos chinos tienen ciclos de desarrollo hasta un 30% más rápidos que los de los fabricantes tradicionales de automóviles estadounidenses, europeos y japoneses. Con el lanzamiento de un nuevo modelo de coche cada dos días de media en China, la permanencia en la vanguardia de las tecnologías punteras se ha convertido en algo esencial para la supervivencia, ya que el mercado sigue consolidándose.De resultas, la innovación de China proviene de las fábricas, no de las universidades.China es líder en el desarrollo y fabricación de paneles solares, vehículos eléctricos y más tecnologías que se consideran centrales para la transición energética AFPLa densidad de talento es importante. El fundador y director ejecutivo de CATL, Robin Zeng, ha sostenido que la brecha entre China y Occidente en materia de baterías es ante todo una brecha de talento. Solo CATL emplea a más de 20.000 ingenieros; entre ellos, varios cientos de doctores. Esa abundancia de ingenieros químicos y electroquímicos ha sido un factor clave para el rápido crecimiento de la compañía.En cambio, en Estados Unidos y Europa, la electroquímica se considera a menudo como una especialización de menor prestigio y peor remunerada dentro de la ingeniería, por lo que atrae a menos estudiantes de alto nivel a puestos relacionados con la industria. China ha creado una vía de acceso de la educación a la industria muy vinculada a las fábricas, con más de 50 programas de máster centrados en la investigación relacionada con las baterías, mientras que Estados Unidos solo cuenta con un puñado. El resultado es una persistente escasez de talento especializado en baterías en las industrias occidentales, y al contrario una mano de obra de ingeniería profunda y orientada a la ejecución en China que amplía su ventaja en la fabricación de baterías y sectores adyacentes.La ventaja occidental reside en otro ámbito. Los avances pioneros surgen de grupos de investigación de élite en los que convergen el capital, el talento y la ambición científica. De instituciones de investigación de élite como el MIT, Stanford y Oxford, que se sitúan en el centro del flujo global de conocimiento. La innovación en semejante sistema no está impulsada tanto por la iteración en las fábricas como por los avances en la vanguardia de la investigación, donde se establecen por primera vez los nuevos conceptos. El modelo se basa en mercados de capitales profundos dispuestos a financiar ideas ambiciosas años antes de su aplicación comercial, en sistemas normativos y jurídicos que protegen la propiedad intelectual y recompensan a los pioneros, y en una colaboración abierta anclada en la libertad académica.Por eso Estados Unidos sigue siendo el centro de gravedad de los modelos fundacionales de IA y el diseño avanzado de semiconductores. Mantiene su liderazgo en el volumen de investigaciones de gran impacto en IA y en la producción de modelos notables, y Nvidia sigue controlando los puntos críticos de la cadena de la IA.Estos avances requieren una combinación extremadamente rara de profundidad científica, capital abundante y talento investigador de primer nivel, concentrado todo ello en compactos clústeres de innovación. Por ejemplo, el capital riesgo y la inversión corporativa en el ámbito de la tecnointeligencia están muy concentrados en la zona de la bahía de San Francisco, donde en el 2024 un 82% de la financiación mundial de capital riesgo para IA generativa se destinó a empresas con sede en la zona. En la misma región, el talento de primer nivel se ve atraído por centros de conocimiento globales como Stanford y Berkeley, así como por las redes corporativas de Silicon Valley, todo lo cual forma un ecosistema de circuito cerrado capaz de traducir rápidamente la ciencia de vanguardia en aplicaciones comerciales.III. Competencia estratégica en un mundo asimétricoCuando esos dos modelos chocan, la competencia se vuelve asimétrica.En la IA, la asimetría es notable. La innovación en modelos de vanguardia sigue encabezada de forma abrumadora por Estados Unidos. En el 2024, las instituciones estadounidenses produjeron 40 modelos de IA destacados y superaron con creces los 15 de China y los tres de Europa en su conjunto.En cambio, China predomina en el despliegue industrial a gran escala (la integración de la IA en fábricas, redes logísticas, sistemas de pago y el nivel local). La fortaleza en escalabilidad e integración se ve reforzada por una energía relativamente barata y un fuerte apoyo gubernamental a la infraestructura de datos.las restrictivas políticas de inmigración en China limitan su capacidad para reunir clústeres de investigación líderes. en la foto, el arco que indica la frontera China - Pakistán Getty Images/iStockphotoBeijing ha dejado claro que quiere impulsar con más fuerza la innovación fundamental. La hoja de ruta del próximo 15.º Plan Quinquenal hace hincapié de modo explícito en impulsar la innovación “de 0 a 1”. También se está llevando a cabo una reforma del mercado de capitales, con reguladores como la Comisión Reguladora del Mercado de Valores de China, que se ha comprometido a realizar reformas más profundas para abrir el mercado de capitales nacional y apoyar la cotización de empresas tecnológicas.Ahora bien, siguen existiendo limitaciones estructurales. China sigue enfrentándose a obstáculos como la ausencia de un mercado de capitales privado profundo y maduro capaz de financiar la ciencia de alto riesgo a largo plazo, así como las restrictivas políticas de inmigración (pese a recientes ajustes como el visado K) que limitan su capacidad para reunir clústeres de investigación líderes en el mundo. Al menos por ahora, China sigue destacando sobre todo en la adopción y ampliación de tecnologías, una fortaleza que se ve amplificada por su prioridad política de “la economía real primero”.La biotecnología ofrece un espacio poco común de dependencia mutua. China se ha convertido rápidamente en el segundo mayor desarrollador de nuevos medicamentos, y algunas estimaciones indican que alrededor de un 80% de las importaciones estadounidenses de ingredientes farmacéuticos activos proceden de China. Ese auge se debe a las fortalezas del país en cuanto a activos rentables, ensayos clínicos rápidos, ingeniería de procesos, escala de biofabricación e iteración rápida. Las fortalezas de Estados Unidos y la Unión Europea se mantienen en las capacidades científicas en la fase de descubrimiento, la credibilidad normativa, la formación de capital y los canales de comercialización globales.Ese es uno de los pocos ámbitos en los que la colaboración entre Estados Unidos y China (a menudo, a través de empresas multinacionales que abarcan ambos ecosistemas y aprovechan las ventajas comparativas de cada parte) resulta mutuamente beneficiosa y vital. Un ejemplo reciente es el acuerdo de 6.000 millones de dólares de Pfizer para licenciar y comercializar un fármaco candidato contra el cáncer desarrollado por la empresa china 3SBio, un caso que ilustra el modo en que la colaboración puede beneficiar a ambos países y promover la innovación médica en favor de la salud mundial.Sin embargo, en el campo de los semiconductores y los minerales críticos, la asimetría se convierte en vulnerabilidad. Estados Unidos y sus aliados controlan la parte superior de la cadena de valor de los semiconductores. Nvidia controla, por sí sola, entre un 85% y un 90% del mercado mundial de chips de inteligencia artificial. Los principales aliados de Estados Unidos (sobre todo, los Países Bajos a través de la empresa ASML) monopolizan los equipos de litografía avanzada necesarios para fabricar chips de última generación. En conjunto, esos puntos de estrangulamiento hacen que sea casi imposible para cualquier competidor eludir el ecosistema occidental.China, por su parte, tiene capacidad de estrangulamiento en múltiples etapas de la cadena de suministro de tierras raras. Controla alrededor de un 70% de la extracción de tierras raras, un 90% de la separación y el procesamiento y un 93% de la fabricación de imanes.IV. La incómoda posición intermedia de EuropaEuropa es la que siente de forma más aguda la tensión de este nuevo orden. Por un lado, la escala industrial de China permite a las empresas rebajar en márgenes de dos dígitos los precios europeos en sectores como los vehículos eléctricos, los paneles solares y las baterías. Los vehículos eléctricos chinos representan hoy una cuota creciente del mercado europeo y han pasado de aproximadamente un 5% hace cinco años a casi un 10% en el 2025, pese a los aranceles impuestos desde el 2024. Esta ventaja en los costes supone un serio desafío para unos líderes industriales europeos históricamente fuertes; sobre todo, en Alemania y Francia.Al mismo tiempo, la Unión Europea sigue profundamente dependiente de la seguridad y la defensa de Estados Unidos. En los últimos cuatro años, Europa ha aumentado de forma significativa sus compras de equipo militar de ese país, lo que refuerza su dependencia de los sistemas de defensa estadounidenses y la influencia de Estados Unidos sobre sus decisiones estratégicas.La tecnología de la empresa de semiconductores neerlandesa Nexperia es de referencia en el sector. En la imagen su sede de Hamburgo, Alemania Fabian Bimmer / ReutersEpisodios como el caso Nexperia ponen de manifiesto la rapidez con la que las empresas europeas pueden verse atrapadas en el fuego cruzado. Tras el anuncio de Washington de que la compañía seguiría en su lista de control de empresas exportadoras bajo propiedad china, el Gobierno neerlandés asumió el control del fabricante de chips. En respuesta, Beijing impuso una prohibición inmediata de las exportaciones de productos Nexperia ensamblados en China. El episodio evidencia la delicada posición en la que podrían encontrarse las empresas europeas en el fuego cruzado de las tensiones entre Estados Unidos y China.La fragmentación interna agrava el problema. Un estudio de la Comisión Europea revela que el sistema de innovación de la Unión Europea sufre importantes pérdidas de eficiencia; en especial, en el desarrollo de tecnologías complejas, donde una fuerte conectividad entre los polos es crucial para una colaboración intensiva y multidisciplinar.Europa no puede hoy superar a Estados Unidos en la vanguardia tecnológica, ni superar a China en despliegue industrial. De modo que su mejor opción es hacer apuestas selectivas: fortalecer las áreas centrales de especialización y aprovechar y ocupar el espacio intermedio.V. La época futura de competencia asimétrica y relacionalPor lo tanto, el panorama tecnológico mundial está pasando a verse definido menos por una jerarquía única y más por la interacción entre sistemas distintos. El poder proviene cada vez más de la posición dentro de las redes, el control sobre los puntos de estrangulamiento y la capacidad de configurar el modo en que las tecnologías pasan de la idea a la escala. En semejante mundo, la competencia es relacional más que absoluta, y la ventaja no reside únicamente en el dominio, sino en el modo en que los sistemas se limitan, se complementan y dependen unos de otros.Lizzi C. Lee es investigadora del Instituto de Políticas de la Sociedad Asiática del Centro de Análisis de China. Huiyan Li es becaria del Instituto de Políticas de la Sociedad Asiática del Centro de Análisis de ChinaCómo leer Vanguardia DossierVERSIÓN IMPRESA• Compra de ejemplar. La edición impresa de VANGUARDIA DOSSIER se puede adquirir en quioscos y librerías habituales al precio de 12 euros.• Suscripción. Solicita tu suscripción llamando al 933481482 y recibirás VANGUARDIA DOSSIER cómodamente en tu domicilio.VERSIÓN DIGITAL• Compra de ejemplar. La edición digital de VANGUARDIA DOSSIER está disponible de forma gratuita en la app “Vanguardia Dossier” para iOS (App Store) y Android (Google Play Store). Cada ejemplar tiene un coste de 8 euros.• Suscripción. Suscríbete a La Vanguardia Premium y accede sin límites a todos los contenidos de La Vanguardia y VANGUARDIA DOSSIER en su versión digital.
Cómo China redefine la geopolítica mundial a través de su ecosistema de talento tecnológico
Pekín y Washington compiten a través de modelos de innovación de rasgos distintos: uno basado en la escala, la ingeniería aplicada y la ejecución industrial; y otro en la concentración de talento de élite, inversión privada y ciencia de vanguardia













