Una cosa es predicar y otra dar trigo, dice el refrán, y eso es, exactamente, lo que ha hecho China con EEUU respecto de las tierras raras y los imanes, elementos esenciales para las industrias tecnológicas. Pekín se comprometió en octubre del año pasado —el acuerdo lo firmaron personalmente Trump y Xi Jinping en la ciudad coreana de Busan— a normalizar las exportaciones a EEUU, pero la realidad es muy distinta. Desde la firma del acuerdo, China ha exportado al mundo más imanes de tierras raras que en cualquiera de los cuatro años anteriores, pero, por el contrario, ha enviado a EEUU menos material que en cualquier otro año. Un estudio publicado por Global Trade Alert, una plataforma de análisis de las políticas comerciales en tiempo real, estima que seis meses después del acuerdo, en comparación con el mismo periodo durante los cuatro años anteriores, China exportó un 25% más de imanes de tierras raras de lo habitual, unos 33,2 millones de kilogramos frente a un máximo de 28,3 millones. Varios metales experimentaron un fuerte aumento en sus exportaciones. El disprosio, una tierra rara pesada muy apreciada para imanes de alto rendimiento, casi se quintuplicó, mientras que el cerio, usado como catalizador, casi se duplicó y el escandio casi se triplicó. Como se sabe, los elementos de tierras raras desempeñan un papel crucial en una amplia gama de aplicaciones estratégicas, desde tecnologías energéticas, de transporte e inteligencia artificial (IA) hasta sistemas aeroespaciales, médicos y de defensa. Pese al acuerdo, sin embargo, China distribuyó de forma muy desigual sus exportaciones de tierras raras. La Unión Europea, Japón, Corea del Sur y, en general, los países del sudeste asiático, recibieron envíos de todos los productos dentro o por encima de su rango anterior a Busan. La Unión Europea, incluso, recibió volúmenes récord de cuatro metales y sus mayores envíos de imanes en cuatro años. De hecho, sostiene la publicación, a pesar de las especulaciones sobre el supuesto castigo de Pekín a Tokio por las declaraciones de su primera ministra sobre Taiwán, "los datos disponibles no respaldan las afirmaciones de que China ha cortado el suministro a los compradores japoneses". Es más, los envíos de imanes a Japón superaron en un 50% su promedio de los últimos cuatro años, el mejor resultado de cualquier destino importante de exportación de tierras raras chinas. La excepción ¿Qué pasó con EEUU? Simplemente, fue la excepción. Los envíos de tierras raras mixtas y afectadas por aleaciones se situaron un 60% por debajo del nivel de referencia. Washington no recibió ni un solo kilogramo de itrio desde Busan. Incluso el volumen de imanes terminados recibidos fue un 9% inferior al nivel anterior a Busan. Los analistas de Global Trade Alert sospechan que el retroceso en el volumen de suministros de tierras raras a EEUU tendría que ver con un castigo postergado en el tiempo por haber iniciado una guerra comercial con China (vía aranceles) desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, hace ahora un año y medio. Hay que tener en cuenta que China representa el 60% de la producción mundial de tierras raras para imanes. En el proceso de refinado, sin embargo, el nivel de concentración es todavía mayor. Supone nada menos que el 91% de la producción mundial refinada. Su participación es incluso mayor en la producción de imanes permanentes hasta alcanzar el 94%, lo que genera importantes economías de escala para las materias primas. En 2024, China controlaba aproximadamente tres cuartas partes del mercado mundial de imanes de neodimio-hierro-boro, mientras que EEUU suministraba aproximadamente el 3%. Los imanes de tierras raras son componentes que se usan en productos como teléfonos inteligentes y vehículos eléctricos, sistemas de defensa como el avión F-35, los misiles Tomahawk, los sistemas de radar y los drones. Su importancia para las nuevas tecnologías puede explicar que, en su reciente visita a China, Donald Trump, el presidente de EEUU, se desplazara a Pekín acompañado de la plana mayor de la industria tecnológica más avanzada de su país, muy dependiente de las tierras raras chinas, y, sobre todo, de su transformación. Una recompensa Lo que sugiere el análisis sobre el cumplimiento del acuerdo entre China y EEUU es que Pekín estaría premiando a sus socios comerciales más confiables, como Europa, que está siendo muy cautelosa a la hora de restringir las importaciones de bienes manufacturados procedentes del gigante asiático. Entre otras razones, porque la industria europea también necesita vender sus productos a Pekín. "La recuperación de los flujos comerciales de la Unión Europea, incluso a niveles récord, parece tanto una recompensa a la moderación como un retorno a la normalidad", asegura la publicación. La conclusión que sacan los analistas de Global Trade Alert es que, aunque las cantidades totales suministradas por China a los mercados mundiales han aumentado desde el Acuerdo de Busan, las marcadas diferencias en los envíos de tierras raras entre los principales socios comerciales de China "tienen un tufillo a tácticas de divide y vencerás" más que a un simple castigo a EEUU. O expresado de otra forma, Pekín utiliza las exportaciones de tierras raras como arma de presión para defender sus intereses comerciales. Esto es así porque los volúmenes de exportación chinos pueden cambiar sin previo aviso y sirven para recordar a los socios comerciales las consecuencias para sus respectivos sectores de poner trabas a las exportaciones. Esto es importante ante la reunión que celebrarán los líderes del G7 en Évian-les-Bains (Francia) entre el 15 y el 17 de junio. Uno de los temas de la agenda es lo que se denomina "seguridad económica", un asunto al que ha prestado mucha atención EEUU en los últimos tiempos. Como recuerda el informe, los líderes de la Unión Europea y Japón representan precisamente las economías a las que China ha abastecido con mayor generosidad desde Busan. Los meses siguientes pondrán a prueba si ese trato favorable sobrevive a nuevos intentos de unir fuerzas contra Pekín. Una cosa es predicar y otra dar trigo, dice el refrán, y eso es, exactamente, lo que ha hecho China con EEUU respecto de las tierras raras y los imanes, elementos esenciales para las industrias tecnológicas. Pekín se comprometió en octubre del año pasado —el acuerdo lo firmaron personalmente Trump y Xi Jinping en la ciudad coreana de Busan— a normalizar las exportaciones a EEUU, pero la realidad es muy distinta. Desde la firma del acuerdo, China ha exportado al mundo más imanes de tierras raras que en cualquiera de los cuatro años anteriores, pero, por el contrario, ha enviado a EEUU menos material que en cualquier otro año.
China se venga de EEUU y prioriza a Europa en las exportaciones de tierras raras
China está utilizando las exportaciones de tierras raras para castigar a los países que ponen restricciones a sus productos. Y EEUU es el país más perjudicado, según un informe de Global Trade Alert. Europa es el más beneficiado






