En plena era de la nueva doctrina Monroe 2.0, que anunció Donald Trump en la presentación de su Estrategia de Defensa Nacional, en los últimos meses varios países latinoamericanos han suscrito acuerdos con Washington relacionados con las llamadas tierras raras, como se conoce a 17 elementos químicos indispensables para la transición energética y para la industria de defensa de alta tecnología. La necesidad de avanzar hacia la descarbonización y un agitado panorama bélico global que requiere de avanzados sistemas de armamento han convertido a América Latina en un nuevo foco de interés geoestratégico para Estados Unidos en su disputa con China por la hegemonía mundial.
“Hay una política abierta de EEUU de apropiación de los minerales (petroleros y no petroleros) de Latinoamérica que se enmarca en otra política más general de expansión territorial moderna, traducida en el interés por anexionar Venezuela, Cuba, Groenlandia y cualquier otro país que se proponga”, dice a elDiario.es Erik Aarón Jiménez, economista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).












