Colombia después del domingo será un país diferente porque el resultado electoral traerá nuevas perspectivas a largo y cercano plazo. Tendremos un nuevo presidente y, si no, dos candidatos disputándose la jefatura del Estado, la jefatura del Gobierno y la suprema autoridad administrativa del país.Por eso resulta inoportuno e inconveniente importar del suroccidente del país un conflicto interno de dos comunidades indígenas que se matan por la propiedad de un predio de 800 hectáreas que ya produjo muertes y heridos que duelen a todos los colombianos. La pregunta es obvia: ¿es necesario convertir a la capital en el centro de una controversia territorial que tiene sus raíces profundas en el Cauca? El conflicto no es una protesta convencional. Es una disputa territorial entre comunidades indígenas atravesadas por tensiones históricas sobre tierra, autoridad y control. No es simplemente una petición que se resuelve con una mesa ministerial de buenos oficios. Es un conflicto estrictamente territorial y sacarlo de allí lo descontextualiza. Trasladar comunidades enfrentadas a Bogotá implica un riesgo evidente. La capital no es un escenario neutro. Es un espacio cargado de tensiones políticas, en especial un día después de elecciones con reacciones imprevistas. Lo que en Silvia es una disputa territorial, en Bogotá puede convertirse en un símbolo nacional, magnificado por medios, redes sociales y actores políticos.Bogotá no está diseñada para asumir el manejo de conflictos de esta naturaleza. El riesgo del escalamiento es evidente. La ciudad puede ser caja de resonancia de otros pleitos más agudos que los que convocan los misak y los nasa. Gobernar no es traer a Bogotá los problemas de las regiones. Gobernar es resolverlos donde se producen.Aunque pase de repetitivo, la preocupación mayor es aquella que sirva de instrumentalización para las disputas electorales que se deriven de los resultados de la primera vuelta. Cualquier movilización masiva es susceptible de ser leída y utilizada como apoyo a la causa política del momento. Las demandas de las comunidades pueden ser subsumidas en agendas nuevas. Lo más grave para mí es que los reciba el presidente. Esa fotografía convertiría en símbolo nacional un conflicto regional con efectos fatales para el inmediato futuro.* * *Horribles las pantalonetas de la selección del futbol colombiano en las que pintan unos calzoncillos por encima de las pantalonetas. Algo así como el uniforme de Batman, en el que las prendas interiores quieren reflejar el poder del equipo colombiano.