NoticiaPreparémonos, porque en las próximas semanas, la capital será un campo de disputa localidad por localidad.Candidatos presidenciales para primera vuelta. Foto: Composición EL TIEMPO01.06.2026 12:22 Actualizado: 01.06.2026 12:26

La política está cambiando. Cada vez está más mediada por las emociones, exacerbada por los algoritmos de las redes sociales y atravesada por una polarización que reduce el debate público a una disputa entre extremos. Bogotá no podía quedar al margen de esa tendencia, visible en un país cada vez más dividido entre izquierda y derecha.Esa realidad se reflejó en las elecciones del pasado domingo. Más de 4.130.000 bogotanos salieron a votar, una cifra considerable para una ciudad que en los últimos años ha convivido con altos niveles de abstención. La participación electoral muestra que Bogotá no solo será importante en la segunda vuelta, sino que puede convertirse en uno de los escenarios decisivos para definir la Presidencia.En ese contexto, Iván Cepeda logró una votación importante gracias a la base del Pacto Histórico, que en las elecciones al Congreso ya había mostrado tener capital político en la capital. Sin embargo, cada elección debe leerse con perspectiva. La diferencia entre Cepeda y Abelardo de la Espriella fue estrecha y, si se observa la votación de Paloma Valencia, resulta evidente que la derecha llega a la segunda vuelta con una reserva electoral nada despreciable.Elecciones presidenciales 2026 Foto:Mauricio Moreno. EL TIEMPOTampoco se pueden pasar por alto los cerca de 258.000 votos de Sergio Fajardo ni los más de 100.000 votos de Claudia López. Aunque sus candidaturas no lograron instalarse como alternativas ganadoras, sí expresan un capital electoral que, aunque pequeño, puede resultar decisivo en la segunda vuelta. Allí hay sectores de clase media que no necesariamente se sienten representados por los extremos, pero que tendrán que tomar posición en una elección cada vez más polarizada.Después del domingo quedó demostrado que la elección presidencial no se jugará solamente entre izquierda y derecha, sino entre dos formas de responder a una capital que se siente insegura, desordenada y cansada de que las normas no se cumplan. Esa inconformidad se expresa frente al delito, pero también frente al mal comportamiento ciudadano en el manejo de las basuras, el deterioro del espacio público, la indisciplina vial de los motociclistas, la invasión de andenes y la sensación de que incumplir las reglas casi nunca tiene consecuencias.Por eso, el debate electoral en Bogotá no girará únicamente alrededor de las etiquetas ideológicas. También estará marcado por quién logre representar mejor una promesa creíble de autoridad. Ahí la derecha tiene una ventaja discursiva evidente. Ha logrado convertir el orden en una bandera emocionalmente potente. La izquierda, en cambio, enfrenta el reto de no aparecer atrapada entre la defensa de garantías y la falta de respuestas efectivas frente a la criminalidad y el deterioro de la convivencia.Preparémonos, porque en las próximas semanas, la capital será un campo de disputa localidad por localidad. La derecha intentará presentar a Bogotá como prueba del agotamiento del petrismo, mientras la izquierda buscará defender su votación amparada en el discurso del gobierno nacional. En medio de esa pugna, los problemas concretos de la ciudad corren el riesgo de quedar otra vez relegados.Lo cierto es que ninguno de los dos candidatos ha presentado una agenda concreta para Bogotá. Una ciudad que pone votos, pero no necesariamente recibe respuestas, pues sigue siendo secundaria en el programa del próximo gobierno.OMAR ORÓSTEGUIDirector del GobLab de la Universidad de La Sabana Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.