A horas de que abran las urnas en Colombia para una primera vuelta presidencial, cada voto pesa más. En Bogotá, la capital, con poco más de 6 millones de ciudadanos habilitados para votar, o un 18% del total nacional, la batalla por seducir a los indecisos arrecia. Las tres candidaturas opcionadas para pasar a segunda vuelta, Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, libran una disputa decisiva en la que muchos operadores políticos ven como una síntesis del país: conviven todos los estratos, regiones, credos y sensibilidades políticas. “Apuntarle a Bogotá implica apuntarle al país”, resume Sara Castellanos, senadora electa de Salvación Nacional, el partido que avala al ultra De la Espriella. Las últimas encuestas, publicadas una semana atrás y antes de la veda, ubican a Cepeda, candidato de izquierdas del partido oficialista Pacto Histórico, a la cabeza con cerca del 40% de intención de voto. Lo sigue el ultra De la Espriella, que en las últimas semanas se disparó hasta rondar el 30%, mientras la senadora Valencia, ahijada política de Álvaro Uribe, el único presidente que ha ganado en primera vuelta, aparece relegada con cerca del 18%. Cepeda ronda los ocho millones de votos y necesitaría unos tres millones y medio más para ganar este domingo; De La Espriella, que suma alrededor de seis millones, tendría que crecer casi al doble. Buena parte de ellos estaría en Bogotá.Pero su diversidad convierte a la capital en una plaza especialmente difícil de leer. Para Carlos Augusto Chacón, director del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga, Bogotá funciona más como un “territorio bisagra” que como un fortín de alguna campaña, a pesar de que existen bases inquebrantables. “Aquí tienen peso varias opciones que recogen voto de opinión y que pueden fragmentar el resultado inicial, pero también liberar apoyos cuando la competencia se reduzca a dos candidatos”, explica. La discusión, dice, no es solo cómo vota Bogotá en primera vuelta, sino hacia dónde se reacomoda después.La campaña Cepeda comparte esa idea. Gustavo Bolívar, estratega del petrismo, exsenador del Pacto Histórico y candidato de la izquierda a la Alcaldía en 2023, considera que la ciudad puede ser “el bastión del triunfo” para el petrismo. Recuerda que el voto bogotano fue clave en 2022 para compensar la debilidad electoral de ese sector en regiones como Antioquia, el Eje Cafetero o los Santanderes. “Si repetimos la votación de Petro en segunda vuelta de 2022 en Bogotá (poco más de 2,2 millones de votos), podríamos neutralizar la diferencia que nos sacan en otras regiones y acercarnos a ganar”, asegura.Enrique Peñalosa, exalcalde de la ciudad y aliado de Valencia, sostiene que la capital tiene una característica singular: el voto es menos controlado por maquinarias y mucho más volátil. “En las grandes ciudades no hay tantos caciques, es voto de opinión y de emoción”, afirma. A ello le apuntan las tres campañas que, más que una disputa ideológica entre izquierda y derecha, ven un electorado influido por percepciones inmediatas sobre seguridad, economía o liderazgo. “El margen está en los indecisos y en quienes todavía pueden ajustar su decisión por viabilidad, utilidad o rechazo”, explica Chacón. Personas que votaron por Petro hace cuatro años podrían optar hoy por otra candidatura, no tanto por un giro ideológico como por una lectura distinta del momento político. Así se lo explicaba a EL PÁIS Luisa Fernanda, quien votó por la izquierda en 2022 y ahora lo hará por De la Espriella.La disputa por ese votante, entonces, se ha vuelto central. Bolívar admite que allí está una de las claves de la elección. “Es el que nos estamos disputando”, afirma sobre quienes han apoyado en el pasado a opciones de centro, como las que en estas elecciones representan Sergio Fajardo o Claudia López, y que ahora comienzan a moverse hacia candidaturas con más posibilidades, más por votos en contra que a favor. Algunos buscan frenar a De La Espriella, otros impedir una victoria de Cepeda. La apuesta del petrismo ha sido convencer a esos electores de que la continuidad del proyecto de izquierda no representa los temores que la oposición agitó hace cuatro años, y repite ahora. “Estamos apelando al aumento del poder adquisitivo (con el aumento del 23% del salario mínimo), al bono pensional para adultos mayores y al bienestar que este Gobierno le ha dado a las Fuerzas Armadas”, sostiene Bolívar. “El miedo que metieron diciendo que íbamos a expropiar carros y casas nunca sucedió”, agrega.En Bogotá, las campañas tienen identificados territorios donde son fuertes: el Pacto Histórico en localidades populares del sur, como Ciudad Bolívar, Bosa y Usme; la derecha domina en sectores del norte más afluente como Usaquén. La pelea decisiva ocurre en zonas de clase media como Engativá, Suba o Barrios Unidos, donde el voto suele definirse a última hora. Bolívar calcula que cerca del 15% del electorado tomará su decisión en estos días finales.Del otro lado, la campaña de De La Espriella busca capitalizar el descontento con el Gobierno y convertirlo en una ola emocional. Castellanos sostiene que el crecimiento del candidato “se siente en las calles” y responde a un “fervor popular” que, según ella, las encuestas todavía no registran completamente. “Hay un voto silencioso que puede dar la sorpresa”, asegura. Incluso cree que habría posibilidad de una victoria en primera vuelta. “Para conseguir la Patria Milagro, vamos a dar el milagro”, asegura.La senadora cristiana atribuye parte de ese ascenso a lo que califica como “errores” de la campaña de Valencia. Critica que la candidata se acercara desde el inicio a sectores alejados del uribismo tradicional en la denominada Gran Consulta por Colombia, en marzo. “Ahí había muchos sectores que el voto duro uribista no compartía”, manifiesta. Castellanos cuestiona especialmente la elección de Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial, aunque haya ocurrido después de que el exconcejal obtuviera 600.000 votos en Bogotá en esa consulta. También señala que el exdirector del DANE no representa posiciones centrales para el electorado uribista, como la oposición al Acuerdo de Paz o a la Jurisdicción Especial para la Paz, y considera que los recientes ataques de la senadora contra el ultra muestran “desesperación” por recuperar parte de ese electorado.Para Chacón, el fenómeno De La Espriella, y en particular la posibilidad de que capte parte del voto urbano de centro y oposición que hoy permanece disperso, refleja precisamente la volatilidad bogotana. “No diría que Bogotá sea hoy su plaza más fuerte; lo interesante es qué puede pasar si llega a segunda vuelta”, afirma. Desde la campaña de Valencia, Peñalosa reconoce dificultades. Explica que inicialmente intentaron construir una candidatura menos identificada con el uribismo y más capaz de atraer sectores urbanos y moderados. Pero, admite, la polarización terminó imponiéndose. “No pensé que esto se fuera a polarizar tanto entre izquierda y derecha”, dice.Las campañas llegan a la recta final, en la que hasta un 10% del voto está por definirse, con lecturas opuestas sobre el país y sobre Bogotá. Mientras la izquierda apuesta por reencauchar varias ideas del gobierno Petro, la derecha libra una batalla por convertirse en la principal alternativa. En medio de esa disputa, la capital vuelve a actuar como termómetro político del país: una ciudad fragmentada, emocional y volátil, con millones de votos en juego.
La disputa por Bogotá se centra en el voto indeciso
Cepeda, De la Espriella y Valencia redoblan su apuesta por el votante volátil de la capital que tiene el 18% del censo electoral














