Para Isabel Fraga (Madrid, 1977) y Clara Gómez (Gijón, 1986) la arquitectura y el interiorismo empezaron casi como un juego. “Siempre me había encantado la cocinita Rico, la conservaba de cuando era pequeña. Y desde hace unos años colecciono cocinas de juguete, tendré unas 30. La primera la encontré en un mercadillo de Buenos Aires y me la traje en la maleta. Me gusta el hecho de que son maquetas”, explica Fraga mientras señala una estantería, “esa de ahí es de West Germany”. Fraga y Gómez, Rinoceronte Arquitectura, tienen su estudio en un antiguo ultramarinos en el madrileño distrito de Arganzuela, rodeado de edificios de ladrillo con balcones de forja y antiguas fábricas eléctricas. “Yo era una friki de los Lego”, apunta Gómez, “de pequeña jugaba a hacer pueblos enteros. Con sus calles, su ayuntamiento, su floristería...”. Se formó como arquitecta técnica y luego se especializó en interiorismo y escaparatismo. Pasó por Ikea, Zara Home y firmas de moda. “Estuve siete años llevando imagen de marcas en el Grupo AWWG, el de Pepe Jeans, Hackett o Façonnable. Siempre había tenido la espinita de no trabajar en un estudio y finalmente me junté con Isa”, recuerda. “Nos conocíamos por amigos comunes, pero fue una coincidencia total: nos encontramos por la calle el día en el que la chica con la que yo trabajaba me dijo que se iba a vivir fuera”, apunta su socia. Ocurrió a finales de 2004, y desde entonces trabajan juntas, aunque Fraga creó el estudio en 2010. “Mi formación inicial se la debo a Entresitio, el estudio de César [Jiménez de Tejada Benavides]”, precisa la arquitecta, que se licenció en la Politécnica de Madrid y dio nombre a su práctica a partir de un grabado de Durero: “Me encargaron una cafetería en Puerto Banús, y allí hay una escultura del rinoceronte de Dalí, que es una reinterpretación del de Durero, que lo dibujó en 1515 sin haberlo visto, a base de descripciones que hablaban de una bestia unicornia enorme. Es como nuestra labor. Llega un cliente, te cuenta sus aspiraciones y tienes que coger eso, dibujarlo y hacerlo real”. Imaginan viviendas y buscan soluciones marcadas, cada vez más, por un límite: el presupuesto, que se dispara por la incertidumbre global. “La construcción ha subido muchísimo”, confirman, “pero lo intentamos solucionar siendo más creativas”. Algunas de las piezas que utilizan las rescatan de otras obras o las hallan en Wallapop. “Al reformar o rehabilitar lo primero es identificar los elementos de valor, ver qué se puede rescatar porque imprime carácter y habla del edificio original”, argumenta Fraga, “mucho del trabajo que hacemos son reformas en el centro de Madrid, a veces no hay nada que rescatar porque se lo han cargado todo con las sucesivas reformas, pero intentamos reinterpretarlo”. Por ejemplo, en su estudio, recuperaron las molduras y estanterías del antiguo colmado y emplearon azulejos que “no son los que había, pero sí son una elección que te lleva a la esencia del lugar, porque estaban en las lecherías y en las carnicerías”. Se documentan en el Archivo de la Villa, buscan planos o imágenes de cómo fueron las construcciones, indagan en su pasado para imaginar su futuro. Estos días están inmersas en la historia de un chalé de la colonia histórica de Bellas Vistas, revisando al detalle las protecciones de Patrimonio. “Antes solo podías llamarte arquitecto si hacías un edificio de cero”, señala Fraga. No es lo único que ha cambiado, apunta Gómez: “Antes del confinamiento había gente que no sabía si le daba el sol de día o por la tarde en casa. Somos más exquisitos al comprarnos un buen abrigo que una lámpara o un sofá. Pero ahora nos preguntamos qué valor tiene la casa, que es tu refugio, y hemos visto que es muy importante”. Ambas reconocen que “ha habido un progresivo acercamiento de los arquitectos a la sensibilidad de los clientes”. Para Rinoceronte, la base de cualquier proyecto es la búsqueda de la luz. “Cuando empezamos Isa me dijo que la premisa era no tener que encender la luz en casa hasta que fuera de noche”, recuerda su compañera. “Utilizamos miles de estrategias, espejos que reflejan, mamparas traslúcidas. Casi todos los clientes quieren lo que ya conocen, y a nosotras nos gusta romper las reglas más tradicionales”, añade Fraga, feliz de haber convencido a unos clientes de que toda su vivienda fuera verde musgo. Aunque ahora, con el auge de la inteligencia artificial, surgen nuevos desafíos: “La gente viene con nuestros renders pasados por la IA y tienes que coger con pinzas lo que te quieren transmitir y retrabajarlo, no tomarlo como algo personal. Darle valor a eso, hecho en dos minutos, tiene mucho peligro. Porque nuestro trabajo necesita mucha escucha, es personal”.
Rinoceronte Arquitectura: “La construcción ha subido muchísimo, pero lo intentamos solucionar siendo más creativas”
Desde su estudio en el distrito madrileño de Arganzuela, Isabel Fraga y Clara Gómez, Rinoceronte Arquitectura, abordan tanto reformas como obras desde cero














