Opinión
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Meta HumanosLa verdadera prosperidad se dará cuando decidamos empujar en la misma dirección, con la misma intensidad con la que gritamos un gol.
La riqueza, en el sentido tradicional, es sinónimo de una abundancia de elementos materiales. La prosperidad, en cambio, es un estado de ánimo, una manera de pararse frente al mundo. Va más allá del movimiento económico; es una fuerza creadora, generadora y, en consecuencia, es expansiva. Todo lo que se crea desde un estado de prosperidad aporta y multiplica. Escribo como joven convencido de que nuestro país, Guatemala, puede entrar en un estado de prosperidad el día que nos demos cuenta de lo increíblemente ricos que somos. Ese día no depende de un cambio de gobierno, o de que llegue la inversión extranjera perfecta, ni mucho menos de que alguien de afuera decida por fin “descubrirnos” y afirmar la joya que somos. El día clave es cuando el sentimiento compartido sea el de ver, cuidar y multiplicar lo que somos desde la autenticidad y la integridad. Ese día nos quedaremos con la boca abierta al ver cómo se manifiesta nuestro destino.
La semana pasada, miles de guatemaltecos nos dimos una cita para ver jugar a la selección nacional. Por un momento, el estadio se sentía como un templo. No un templo de silencio, sino un templo de energía pura: gritos, cantos, banderas, manos levantadas, lágrimas contenidas, ilusiones a flor de piel. Y de pronto, en cuestión de segundos, el marcador cambia, el ánimo se sacude, y el ruido empieza a transformarse. No era solo silencio de derrota, era silencio de “no puede ser que nos esté pasando esto otra vez”. Pero, entre el ruido y el silencio, la selección logra una recuperación maratónica. Contra todo pronóstico, la energía vuelve a subir, la gente se levanta, las gargantas regresan a gritar. El resultado final no fue para nada el que se esperaba, pero me dejó una lección enorme al hacerme imaginar el poder real de la energía positiva cuando se canaliza. Lo que presencié fue más que el simple “ánimo” de un partido. Era un sentimiento compartido de victoria, de decir: no nos rendimos tan fácil. Si bien no fue suficiente en el marcador, dejó algo muy claro: cuando nos conectamos en un mismo propósito, nuestra energía tiene una capacidad impresionante. La prosperidad no se genera por decreto, se construye: somos prósperos cuando una mujer emprende con una venta pequeña y, con paciencia, convierte una mesa en la acera en un negocio formal. Cuando un joven decide seguir estudiando a pesar de que todo le dice que no vale la pena. Somos prósperos cuando un artista pinta un mural en una pared gris y, de la nada, una cuadra se siente más viva. Somos prósperos cuando alguien regresa del extranjero no solo con una maleta, sino con ideas, nuevas formas de trabajar y fuertes ganas de sumar.







