En las mesas de junta directiva solemos obsesionarnos con los márgenes, las tasas de interés y la optimización de procesos. Diseñamos planes estratégicos milimétricos y adquirimos el software de gestión más avanzado del mercado. Sin embargo, ignoramos sistemáticamente una fuga de capital silenciosa que no aparece de forma explícita en los balances de fin de mes, pero que erosiona la rentabilidad desde adentro: la incapacidad de entendernos.Imagine una escena común: la presidencia de una compañía decide implementar un nuevo rumbo estratégico. El anuncio se hace con bombos y platillos. Semanas después, descubre que el equipo de tecnología entendió algo completamente distinto a lo que el área comercial requería, mientras que el área de operaciones avanzó en una dirección paralela. El resultado es casi siempre el mismo: cientos de horas de trabajo perdidas, frustración en el talento, clientes insatisfechos y miles de millones de pesos tirados a la basura. Este escenario no es la excepción. En el ecosistema empresarial colombiano es el pan de cada día.Durante años, la comunicación asertiva ha sido erróneamente catalogada dentro del cajón de las ‘habilidades blandas’. Es un término desafortunado porque evoca algo accesorio, etéreo o puramente romántico ligado al bienestar emocional. Pero en un mercado de alta velocidad, la ambigüedad no es un simple malentendido de pasillo; es un gasto operativo severo. Cuando un líder no es claro o cuando los departamentos carecen de las herramientas para contrastar ideas de manera constructiva, la organización paga un impuesto a la ineficiencia, invisible pero real. Los datos son contundentes al respecto. Una investigación global desarrollada por The Economist Intelligence Unit puso cifras a este fenómeno intangible: el 44 por ciento de los ejecutivos encuestados afirmó que la mala comunicación causó el retraso o el fracaso absoluto de proyectos clave, mientras que un 18 por ciento reconoció que se tradujo directamente en la pérdida de ventas. No estamos hablando de un clima laboral tenso o de susceptibilidades; sino de la línea final de pérdidas y ganancias del negocio. Cuando la información se distorsiona o se fragmenta, la productividad se detiene.Este reto se agudiza dramáticamente en la era del trabajo híbrido. Al perder la riqueza del lenguaje corporal y la inmediatez de la interacción física, un correo mal redactado o una instrucción ambigua en un chat de Teams se convierten en armas de doble filo. La academia ha estudiado esto a fondo. La conocida teoría de la Riqueza de los Medios (Media Richness Theory), formulada por los investigadores Richard Daft y Robert Lengel, demuestra que la efectividad de un mensaje depende de la capacidad del canal para procesar información compleja. En la prisa del día a día, los líderes suelen cometer el error de usar canales ‘pobres’ (como un texto rápido de WhatsApp) para transmitir decisiones ‘ricas’ o complejas, destruyendo la confianza y la claridad del equipo. Ante el vacío de información, las personas no adivinan lo que el jefe quería; adivinan lo que su propio estrés les dicta.Mitigar este costo oculto requiere un cambio de paradigma: entender la comunicación no como un taller motivacional de fin de año, sino como un sistema operativo crítico de la compañía. Las empresas que logran destacar y escalar son aquellas que entrenan a sus líderes para ser arquitectos de la claridad. Esto implica formar profesionales capaces de estructurar mensajes directos pero profundamente empáticos, de habilitar espacios de retroalimentación donde preguntar no sea visto como un signo de debilidad, y de alinear las narrativas cotidianas con los objetivos macro del negocio.https://www.semana.com/mujeres/opinion/articulo/para-las-mujeres-encajar-sigue-siendo-la-regla-en-cargos-c-level/202629/#google_vignetteLa próxima vez que analice el presupuesto de su organización y busque dónde recortar ineficiencias, no mire únicamente los proveedores de insumos o las licencias tecnológicas. Mire cómo se hablan sus equipos. Reducir la ambigüedad y elevar los estándares de comunicación dentro de la compañía es, probablemente, la inversión con el retorno más alto, inmediato y sostenible que un comité directivo puede aprobar. Al final del día, la claridad también se factura.Jennifer Sáenz, CEO de Elespik
El costo empresarial de no comunicar bien
Mientras las empresas concentran enormes esfuerzos en optimizar procesos, reducir costos e implementar tecnología, muchas siguen ignorando una de las mayores fuentes de ineficiencia interna: la mala comunicación. Un problema silencioso que afecta productividad, confianza, ventas y rentabilidad.















