Bautizado así en honor al canciller Otto von Bismarck, promotor de la unificación alemana en 1871, el acorazado había sido botado en agosto de 1940 y era el más moderno construido hasta entonces, junto a su gemelo TirpitzHasta 2002 era una verdad incuestionable que el acorazado alemán Bismarck había sido hundido por los británicos el 27 de mayo de 1941 después de ser perseguido por una flota naval y una escuadrilla de aviones de combate, y asediado por un ataque constante de bombas y torpedos. Esa victoria era uno de los orgullos de la Royal Navy, escrita en los libros de historia como uno de los episodios más gloriosos de la Segunda Guerra Mundial. Fue así hasta que aparecieron nuevas evidencias, logradas a partir de entrevistas, videos y fotografías, que indicaron que el relato de esa batalla no era del todo cierto. “Demostramos de manera concluyente que de ninguna manera los británicos hundieron el Bismarck, sino que fue echado deliberadamente a pique por los propios alemanes”, afirmó entonces el doctor Alfred S. McLaren, un especialista en asuntos navales que analizó el naufragio en dos expediciones realizadas en 2001 y 2002. De inmediato, esa conclusión fue objetada de manera vehemente por los investigadores británicos. Pero las evidencias se siguieron acumulando: cinco expediciones que luego desarrollaron misiones de reconocimiento en el lugar del hundimiento, y tres equipos independientes de exploradores norteamericanos, llegaron a la conclusión de que el célebre acorazado, sorprendentemente, se encuentra en bastante buen estado. Los investigadores estadounidenses advirtieron que en las partes laterales del casco no se observan daños importantes causados por el fuego graneado del enemigo y añadieron que ese hecho, por sí solo, indica que el Bismarck fue en realidad echado a pique deliberadamente, como aseguraron siempre los sobrevivientes germanos, sosteniendo que su tradición naval era hundir los barcos propios que estuvieran en peligro de caer en manos enemigas.PUBLICIDADCuando se cumplen 85 años del día que el Bismarck se fue al fondo del mar, sus restos todavía siguen allí, a 4.780 metros de profundidad sobre el lecho del Océano Atlántico, a unos mil kilómetros de las costas de Francia.Otto von Bismarck“Barco imposible de maniobrar. Lucharemos hasta el último proyectil. Larga vida al Führer”, dijo por la radio, en un mensaje al cuartel general, el almirante alemán Günther Lütjens, jefe de la operación Rheinübung (Maniobra Rin). Eran las 21.40 del 26 de mayo de 1941 y llevaba tres días combatiendo contra las naves y los aviones aliados en las brumas del Estrecho de Dinamarca, cuando finalmente se convenció de que el Bismarck no tenía salvación.PUBLICIDADExactamente 53 minutos antes, una oleada de quince aviones británicos Sworfish había atacado al acorazado con torpedos armados con detonadores. El Bismarck intentó evitarlos virando de manera violenta mientras disparaba todas sus baterías antiaéreas contra los torpederos y casi logró salir intacto. Sólo dos de los torpedos dieron en el blanco: uno en el centro del buque, del lado de babor, justo debajo del cinturón acorazado principal, donde causó daños estructurales y algunas vías de agua; el otro dio cerca del timón de babor, lo atascó y dejó la nave prácticamente ingobernable.El capitán Erns Lindemann había sugerido arrancar el timón con explosivos para maniobrar la nave solamente con el timón de estribor, pero Lütjens se negó: “No podemos poner en peligro toda la nave con una explosión así”, le contestó. Con el timón de babor atascado, el Bismarck navegaba en amplios círculos, incapaz de huir de los barcos británicos que lo rodeaban. Aun así, siguió combatiendo durante 13 horas más.PUBLICIDADEl reloj marcaba exactamente las 10.39 del 27 de mayo cuando finalmente se hundió, y con él la Armada nazi perdió al acorazado más grande jamás construido por la Alemania de Hitler. Llevaba 2221 hombres a bordo.El almirante inglés John C. Tovey, responsable de capturar a los incursores alemanesBautizado así en honor al canciller Otto von Bismarck, promotor de la unificación alemana en 1871, el acorazado había sido botado hacía menos de un año, en agosto de 1940, y era el más moderno construido hasta entonces, junto a su gemelo, Tirpitz. También, aunque la Armada alemana no lo sabía, uno de los mayores errores de su estrategia naval, el de una flota híbrida compuesta por unos pocos acorazados y crucero para contrarrestar la supremacía naval británica, y montones de submarinos con algunos buques de incursión de superficie para cortar las líneas de abastecimiento de los Aliados. Pero los principales buques de guerra alemanes nunca llegaron a ser lo suficientemente numerosos como para suponer una seria amenaza para la Royal Navy y, en cambio, su construcción desvió recursos que hubiesen sido más útiles si se los hubiera destinado a los submarinos, que demostraron ser mucho más efectivos en el combate marítimo.PUBLICIDADNo obstante, el Bismark era un monstruo marino realmente temible por su poderío de fuego: estaba equipado con cañones de 38 centímetros en cuatro torretas gemelas y tenía una abundante artillería secundaria, con baterías y cañones antiaéreos. Sus cañones podían disparar proyectiles hasta una distancia de 35 kilómetros. Cerca de su chimenea tenía una catapulta que permitía lanzar hasta cuatro hidroaviones. El blindaje principal del buque era de 320 milímetros y, con sus más de 251 metros de eslora y 36 de manga, desplazaba 42000 toneladas y alcanzaba una velocidad punta de poco más de 30 nudos, con una autonomía efectiva de 9000 millas náuticas.Antes de entrar en operaciones, el acorazado Bismarck fue sometido a ejercicios exhaustivos, pruebas de velocidad y prácticas de fuego en el mar Báltico y, bajo el mando del experimentado capitán Ernst Lindemann, la tripulación se convirtió en una unidad cohesionada y operativa que pronto estuvo preparada para el combate. Hasta sus enemigos británicos reconocían que el Bismarck, fuerte y rápido, era más veloz que cualquiera de sus barcos más rápidos y más poderoso que los más fuertes.PUBLICIDADEl Bismark era un monstruo marino realmente temible por su poderío de fuego: estaba equipado con cañones de 38 centímetros en cuatro torretas gemelas y tenía una abundante artillería secundaria, con baterías y cañones antiaéreos. Sus cañones podían disparar proyectiles hasta una distancia de 35 kilómetrosLa Unión Soviética y Estados Unidos aún no habían entrado en la guerra cuando a principios de 1941 el acorazado se dispuso a participar en la batalla por el Atlántico. Por entonces, el único rival en la disputa de las aguas que tenía Alemania era la Armada inglesa. El 5 de mayo, Adolf Hitler, Wilhelm Keitel y buena parte de la plana mayor del Tercer Reich inspeccionaron al Bismarck y al Tirpitz en el puerto de Gotenhafen. Después, el dictador alemán se reunió con el almirante Lütjens para analizar los últimos detalles de la Operación Rheinübung, en la que el Bismarck y el crucero pesado Prinz Eugen jugarían el papel de verdaderos corsarios, atacando a hundir —y si era posible saquear— a los transportes de suministros ingleses en el Atlántico.Los barcos zarparon el 16 de mayo con un plan preciso: abandonarían el Báltico a través de los estrechos daneses, repostarían en la Noruega ocupada o de un buque cisterna en aguas del Ártico y luego optarían entre el estrecho de Dinamarca —entre Islandia y Groenlandia— o el paso entre las islas Feroe e Islandia para salir al Atlántico a cazar convoyes aliados. Al finalizar sus actividades se retirarían hacia Europa y regresarían a Noruega o buscarían refugio en las bases de Brest o Saint Nazaire, en la Francia ocupada.PUBLICIDADPara apoyar sus operaciones se habían dispuesto 18 barcos de suministros, mientras que cuatro submarinos se colocarían a lo largo de la ruta posible del convoy de suministros británico, entre Halifax y el Reino Unido, para realizar tareas de reconocimiento e informar sobre las posiciones de las naves a las que debían atacar. A bordo del Bismarck, el almirante Lütjens y su plana mayor dirigirían la operación.El secreto era fundamental para el éxito, por lo que la fuerza dejó Gdinia, en la actual Polonia, el 19 de mayo bajo un cielo encapotado. Los barcos siguieron después a lo largo de la costa occidental de Suecia y continuaron hacia un fiordo cerca de Bergen, en la costa occidental de Noruega, para permitir que el Prinz Eugen llenara sus depósitos de combustible.PUBLICIDADA principios de 1941 el acorazado se dispuso a participar en la batalla por el Atlántico contra el único rival que tenía entonces Alemania en la disputa de las aguas: la Armada inglesa (O.Ang.)
“Hasta el último proyectil”: cuando naufragó el acorazado nazi más poderoso y la controversia de su hundimiento que aún perdura
Después de una feroz batalla naval que se prolongó durante tres días, hace 85 años, el 27 de mayo de 1941, la Marina y la Aviación inglesas atacaron al Bismarck, el principal barco de guerra nazi en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Ingobernable y con más de cuatrocientos impactos en su estructura, el Bismarck fue hundido por su propia tripulación. Sobrevivieron solo 114 hombres de una dotación de 2221 tripulantes








