Mientras China muestra una mayor disposición a presionar a sus vecinos y el presidente Donald Trump introduce oleadas de imprevisibilidad en los asuntos mundiales, Japón y Corea del Sur se unen como naciones más pequeñas que redefinen el equilibrio geoestratégico en Asia, a pesar de su compleja historia. La creciente urgencia que sienten las naciones de todo el mundo por aislarse de las grandes potencias quedó patente cuando el presidente surcoreano, Lee Jae Myung, recibió la semana pasada a la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, para una cumbre de dos días en Andong, ciudad natal de Lee, que incluyó un banquete y un espectáculo tradicional de fuegos artificiales.
La visita, marcada por un ambiente de cordialidad, tenía como objetivo corresponder a una reunión celebrada en enero en la ciudad natal de Takaichi. En Asia, al igual que en Europa, la aparente ambivalencia de Trump respecto del valor de los aliados ha suscitado una sensación de urgencia entre los países cuya seguridad dependía tradicionalmente de estrechos lazos con Washington, pero que también se enfrentan a la complicación añadida de una fuerte dependencia económica de China. La guerra entre EE. UU. e Israel contra Irán ha incrementado aún más la incertidumbre, y ha impulsado a las naciones asiáticas a buscar apoyo mutuo. Japón se encuentra en el centro del esfuerzo por reforzar el orden de seguridad liderado por EE. UU. en la región de Asia-Pacífico.












