Es domingo, son las 11 de la mañana y en una sala de ensayos del Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial suena Du bist die Ruh (Eres la calma, en español), de Schubert, y Alberto Velasco ocupa la escena. Eleva los brazos y envuelve su rostro y su cabeza con las manos, un gesto que inaugura otros movimientos lentos y delicados en un cuerpo en calma que parece estar reconociéndose, atravesado por un ligero temblor. El bailarín se toca el pecho y el vientre, se sujeta el pecho y el vientre, se sostiene el pecho y el vientre. En pantalla, después, imágenes a velocidad compulsiva de básculas, bicicletas estáticas, publicidad de laxantes, mujeres corriendo en la cinta, finísimas lonchas de pavo, asientos de autobús pelín estrechos, la modelo Elle MacPherson saliendo del agua en bikini, bailarinas con tutú, culturistas, vídeos de TikTok con gente comiendo. En escena, los cuerpos de ocho bailarines y bailarinas se van acercando y tocando, moviéndose despacio, descansando sus cuerpos sobre el cuerpo del otro. Cuerpos que, después, se cogerán de las manos, ocuparán el espacio, se desnudarán, encarnarán una ballena o una foca o cualquiera de esos animales enormes con los que se suelen comparar (y despreciar) sus cuerpos, y sonará La consagración de la primavera, de Stravinsky, y correrán persiguiendo o escapando de un ideal que no existe y saltarán y sus cuerpos rebotarán y habrá twerking, butoh, perreo y un eco lejano de puntas de ballet clásico con los que irán construyendo un lenguaje propio de comunidad y afirmación, de ritual y altar, de encuentro, fiesta, erotismo y goce.PublicidadCuerpos que harán suyo el tiempo, el espacio y el relato en un viaje de la calma a la fiesta y la explosión, cuerpos que mirarán de frente al público con una mezcla de amor y desafío, cuerpos que antes de llegar al final repetirán ese gesto antiguo que hará Alberto Velasco para abrir la pieza: el de reconocer sus ojos, su nariz, su boca, su frente, todo su rostro, su cabeza entera con las manos. Pequeños movimientos al compás de una partitura, la de Stravinsky, que en su estreno en 1913, con coreografía de Vaslav Nijinsky y la compañía de los Ballets Russes en escena, provocó en el Teatro de los Campos Elíseos de París un terremoto legendario traducido en abucheos, risas, deserciones y protestas furiosas. Un año después, aquella música de ritmos violentos y métrica extraña que subvertía el canon de belleza fue aclamada como la más rompedora de su tiempo. Jean Cocteau dijo entonces: "Hay algo de misticismo teatral en La consagración de la primavera. ¿No es acaso una música que se escucha con la cabeza entre las manos?".Actor, bailarín, coreógrafo y director de escena, Alberto Velasco (La Cistérniga, Valladolid, 1983) estrena este jueves en los Teatros del Canal de Madrid SACRESIZE, una pieza en la que consuma su sueño de ocupar la escena con un ballet de personas gordas [este texto obviará de forma consciente el catálogo habitual de eufemismos sobre la supuesta "normatividad" de los cuerpos], intérpretes profesionales ausentes en teatros, festivales y circuitos de danza, convertidos frecuentemente en cuota paternalista de programación, presencia exótica o titular de prensa condescendiente que aquí desafían ese universo delgado y obediente de la danza clásica y contemporánea. En escena, junto a Velasco, Esperanza Guardado, Juanki Fernández, Carlota Ferrer, Jack Gómez, Fiona Orioli, Lucia Palacios y Vicki Schmidt, con videocreación de Afioco Gnecco, iluminación de David Picazo, vestuario de Sara Sánchez de La Morena y música de Fernando Nequecaur y Pablo Díez Dolinski.Alberto Velasco estrena este jueves en los Teatros del Canal de Madrid 'SACRESIZE'Minutos después de este último ensayo en El Escorial antes de entrar en la Sala Negra de los Teatros del Canal, Alberto Velasco conversa con Público, acompañado de la actriz y directora de escena Carlota Ferrer, que llevaba más de una década sin bailar sobre un escenario. "SACRESIZE nace de una acumulación de necesidades, pero la fundamental es poder bailar en comunidad con gente gorda porque somos como los animales mitológicos de algunas compañías, somos la excepción, y yo nunca he visto danza contemporánea con personas gordas —explica Velasco—. Tenía también la necesidad de explorar sobre el rebote, que es algo que ya se ha hecho, pero no tanto en cuerpos grandes, ese movimiento genuino de los cuerpos gordos que no tienen los cuerpos delgados. Y quería que fuera en grupo: somos ocho cuerpos muy distintos porque no hay un único tipo de cuerpo gordo. Esa es una de las preguntas fundacionales de esta pieza: ¿Qué es un cuerpo gordo? ¿En relación a qué?".PublicidadJunto a Velasco y Ferrer, comparten escenario seis intérpretes que el director de la pieza convocó a un casting, algunos contactados a través de redes sociales: "La cosa es que yo, en cuanto veo un gordo que baila en Instagram, digo: 'Hola'". El director hizo una convocatoria abierta en El Graner de Barcelona y un laboratorio el pasado noviembre en Madrid. De ahí salió el elenco, con bailarines y bailarinas de trayectorias distintas, cuyas edades van de los 30 a los 50 años: "Tú ves nuestro elenco y ves ocho personalidades diferentes y eso en el ballet clásico no existe porque ahí se anula la personalidad individual en pos de una personalidad común, que es fantástico, pero no es lo que yo quiero. Tampoco quiero que los cuerpos tengan que pasar por todo ese trabajo de mutilación, sino todo lo contrario: quiero que bailar sea una alegría y que todos los tipos de cuerpo puedan estar en el Ballet Nacional de España y la Compañía Nacional de Danza, eso sería un sueño increíble, que si una bailarina engorda o se queda embarazada pueda bailar más gorda y más embarazada".Alberto Velasco: "Quiero que bailar sea una alegría y que todos los tipos de cuerpo puedan estar en el Ballet Nacional de España"¿Qué puede un cuerpo gordo en escena frente al canon de la delgadez? "Lo puede todo. Puede exactamente lo mismo. Pedimos, desde un lugar tranquilo, las mismas oportunidades. A los cuerpos delgados se les ofrece la oportunidad de ser todo y parece mentira que los cuerpos grandes vivamos en un estado de invisibilidad con la que se pierde la oportunidad de contar otras cosas. La cartelera teatral es aburridísima, siempre vemos los mismos tipos de cuerpo".En su contestación desobediente al mundo de la danza, SACRESIZE pondrá en el centro el cuerpo blanco y europeo, de ahí que Velasco decidiera no incluir en el elenco cuerpos racializados: "No los hay porque vamos contra la blanquitud. No hay tanto problema con la gordura de los cuerpos negros o racializados porque se les considera de una clase social menor. Sin embargo, los blancos y europeos de clase media tienen que ser delgados para representar esa élite. Voy conscientemente contra esa blanquitud de un cuerpo de clase media o alta centroeuropea y colonialista", señala el director.PublicidadUna delgadez blanca que, salvo excepciones, está presente de manera hegemónica en la danza clásica y contemporánea, a la que desafía clarísimamente esta pieza. "Yo tengo que luchar habitualmente con el clasismo de la danza contemporánea. El otro día, en una entrevista en una radio, eligieron como titular: Un actor al que hace unos años le picó el gusanillo por la danza. Llevo 25 años bailando profesionalmente, pero todavía tengo que reclamar ese espacio. ¿Por qué? Porque soy gordo. SACRESIZE va contra ese estatus y esa hegemonía, y yo sé que hay voces y miradas que quieren abrazar lo que no es la normatividad, pero siempre vienen de safari a ver nuestros cuerpos y hacen esos espectáculos con diversidad cuando su mirada es de creador blanco centroeuropeo de clase media".SACRESIZE propondrá también la reapropiación de otro safari, el del lenguaje del desprecio, que mutará en los cuerpos de los bailarines en afirmación gozosa de un lenguaje propio. Veremos en pantalla imágenes de focas, morsas, rinocerontes, elefantes, ballenas… y la bailarina y actriz Esperanza Guardado saldrá a escena con su cuerpo casi desnudo y encarnará ese cuerpo animal en uno de los momentos más hermosos y potentes del espectáculo. "Hay en SACRESIZE una fiesta de liberación de la carne que en la danza no existe —dice Carlota Ferrer— porque siempre hay que meter pelvis, meter tripa, meter coxis y estirar. Aquí hay una liberación, una expansión, esa belleza de explorar lo que está prohibido en la danza y en la que aparece la redondez, la curva en toda su extensión, la espiral en el cuerpo, los movimientos circulares".Carlota Ferrer: "Aquí hay una liberación, una expansión; esa belleza de explorar lo que está prohibido en la danza"También esa idea de rebote y vibración de la carne, de los pliegues y vientres, pechos, brazos y piernas de cuerpos gordos en escena. Dice Alberto Velasco que a él le inocularon desde pequeño la obligación de tener que esconder todo eso mientras bailaba: "En la danza no está el rebote de la carne, el eco, la reverberación, la expansión, el despliegue. Es todo lo contrario: tienes que apretar para que no esté. Con el paso de los años, el rebote cambia por la gravedad y eso también me interesa muchísimo. Yo estoy más flaco ahora que cuando bailaba con Chevi Muraday o con Marta Carrasco y eso hace que tenga carnes caídas, pero lo aprovechamos en la pieza. Creo, además, que me he quedado corto y tengo la necesidad de hacer muchísimos más espectáculos hilando más fino sobre otros tipos de rebote y reverberaciones… Siento que este es un inicio de algo con cuerpos gordos que tiene más recorrido para mí, que me interesa muchísimo y que no acaba aquí".¿Tiene esta pieza una aspiración fundacional en la construcción de un espacio artístico no solo propio, sino común? "Para mí hay algo fundamental en este encuentro que tiene que ver con la construcción de un espacio que no está, que no existe, sin tener que reclamarlo constantemente. Yo estoy cansadísimo de hablar en entrevistas de lo normativo, de la belleza…. y sí, todo eso está, pero yo imagino un espacio compartido que es el que soñamos todas las personas que estamos ahí arriba, en el escenario, porque en la obra hay mucha vivencia común. Los intérpretes han hecho suyo un sueño que era mío y eso construye un universo común, desde la amabilidad, el respeto y la celebración de las diferencias. Y ojalá este estado construido en nosotros y descubierto en presente continuo se instale también la sociedad", contesta el creador.SACRESIZE sueña, en definitiva, con un espacio artístico y social en el que no sea necesario correr, como corren los bailarines en escena, persiguiendo un ideal que solo provoca dolor y frustración. "Vamos detrás de un cuerpo que se nos impone. Por eso un cuerpo gordo nunca está en calma, yo no puedo estar tranquilo si soy gordo porque la sociedad me dice todo el tiempo que tengo que adelgazar porque eso es bueno para mi salud. Corremos porque nadie quiere estar gordo y harán las dietas que haga falta y se pincharán Ozempic o se quitarán trozos de colon. Imagínate el nivel de paranoia que hay con los cuerpos para que la gente haga eso, pero no emitimos ningún juicio sobre ello".¿Podría inaugurar esta pieza un movimiento que impulsara el nacimiento de compañías y creaciones con intérpretes gordos? "Ojalá mucha gente gorda asumiendo que pueden montar compañías de gordas, nada me haría más feliz". Ferrer, a su lado, añade: "Una de las bailarinas de la obra decía: 'Dios mío, si yo hubiera visto esto con 13 años hubiera dejado de pensar que no era posible'". Y Velasco concluye: "Aquí hay una generación de gente que quería bailar cuando eran jóvenes pero asumían que no era posible porque los referentes eran otros. Yo, si hubiera sabido con 13 años que podía bailar siendo gordo, a lo mejor no hubiera sido actor de ninguna manera".