La bailaora y coreógrafa malagueña estremece hasta el límite con su nuevo trabajo, ‘Calentamiento’, estrenado este sábado en Madrid con tintes de hito histórico

No se lo pierdan. Porque Calentamiento es de esos montajes que se recuerdan durante años o, posiblemente, durante toda la vida. Por un montón de razones: Rocío Molina, la bailaora y coreógrafa del espectáculo, la principal. Y para muestra, lo que ocurrió al finalizar el estreno del espectáculo este sábado en el Centro de Danza Matadero de Madrid, que en realidad no tiene final porque la bailaora continúa su taconeo, ya con las luces de sala encendidas, mientras el público entiende que debe ir saliendo. ...

Pero el público, todo en pie ovacionando, permanecía anclado a sus sitios como si no fuera posible abandonar el lugar donde habían transcurrido esas dos horas de talento y espectáculo a bocajarro y, mucho menos, dejar a su protagonista allí, en escena, que seguía taconeando. Entonces, mientras la sala se iba despejando por fin y los espectadores se despegaban de sus localidades y caminaban hacia la salida, con el escenario y Molina a la derecha, el director de cine Pedro Almodóvar se paró frente a ella, se arrodilló y extendió sus manos. Molina, con gesto emocionado, continuó a lo suyo como en un trance escénico entre el agotamiento y la plenitud. Almodóvar se levantó pasados unos segundos, también sobrecogido por las dos horas de acontecimiento escénico que se habían vivido, y le lanzó un beso. La bailaora, sin parar el taconeo de esa tabla de pies que hace desde los 7 años y que explicó al inicio de la función, sonrió de manera tímida. El final de Calentamiento parecía un peregrinaje y Rocío Molina una figura a quien parecía imposible no venerar a su paso.