En el arranque de la cita, el Nuevo Ballet Español aborda el problema de la inmigración y la Compañía Estévez & Paños viaja a un Madrid imaginado en una juerga ucrónica

Con una gala capitaneada por la bailaora local Manuela Carpio, comenzó el pasado viernes la XXX edición del Festival de Jerez, un evento dedicado al baile flamenco y a la danza clásica española, que se extenderá hasta el 7 de marzo con más de 40 representaciones. En el arranque del evento, destacan los espectáculos de dos formaciones, privadas ambas —

/04/26/madrid/1303817068_850215.html" data-link-track-dtm="">el Nuevo Ballet Español (NBE) y Estévez/Paños y Compañía—, con obras en las que el baile y las coreografías grupales son protagonistas como vehículos expresivos de las historias que las inspiran, algo que no es nuevo desde el nacimiento de la danza-teatro flamenca, pero cuyo ejercicio es siempre admirable.

El NBE, creado por Ángel Rojas y Carlos Rodríguez en 1994, estuvo ya en la primera edición de esta cita jerezana (1997) y en tres ocasiones posteriores, hasta 2011, como una compañía renovadora de la danza clásica española. Ese mismo impulso, calificado por ellos de “pionero y rompedor”, alienta la obra con la que regresan al ciclo. Ninguno de sus fundadores está ya directamente vinculado a la formación, aunque Rojas, dedicado actualmente a la gestión, le ha cedido su última creación coreográfica y su propia dirección artística. Se trata del espectáculo Fronteras en el aire, una obra que el autor reconoce como el proceso creativo más largo (dos años y medio) de su carrera y puede que —según se desprende de la conversación telefónica mantenida con él— el más intenso y comprometido debido a la materia que lo alimenta: la inmigración.