Manuel Carrasco sonríe cuando cae en la cuenta de que la edición de su nuevo disco, el décimo de su carrera, Pueblo Salvaje I (desde el 29 de mayo), competirá con la presencia en España de dos especialistas en acaparar atención y reunir a miles de personas, el Papa y Bad Bunny. Lo del onubense tampoco está nada mal: en unas semanas llenará cuatro días (13, 14, 19 y 20 de junio) el estadio sevillano de La Cartuja, 260.000 entradas, con un repertorio diferente cada noche. Carrasco (Isla Cristina, Huelva, 45 años), casado y con dos hijos de nueve y seis años (la madre y los críos realizan coros en un tema del nuevo álbum), posa en una de las calles cercanas a la céntrica Gran Vía de Madrid. Llega con cinco personas que le asisten, entre ellas una estilista que le realiza algún retoque. Luego, durante la conversación, surgirá la complejidad de vivir con esas dos caras que no siempre se llevan bien en su persona: el chico de familia de pescadores que se crio en la calle, y aquel joven que se vio lanzado a la fama en el mediático Operación Triunfo y que se ha convertido en el artista español que más estadios llena. Tal cual.Pregunta. Hace unos meses, en el programa Lo de Évole, citó a EL PAÍS, afirmando que no entendía cómo este diario no cubrió su concierto en el estadio Bernabéu de 2024. Respuesta. Sí, fui el único músico español que actuó allí y no se cubrió. Creo que no contaron ustedes algo resaltable. Oye, y no pasa nada si vas y lo pones mal. Pero, con toda la humildad, pienso que era un acontecimiento para hacer una crónica. P. Bueno, se decidió no cubrirlo después de una reflexión. En 2022 protagonizó tres entrevistas en este medio, una extensa en el El País Semanal y otra la última del domingo. Además, cubrimos su anterior concierto de La Cartuja, que nos parecía más noticiable que el del Bernabéu, porque en ese momento y gracias a ese recital se convirtió en el cantante que más entradas vendió en un concierto de pago en España, 70.000. R. Ahora que me lo explicas lo puedo entender... P. Pero usted tiene una espinita clavada con cierta prensa.R. Pero no solo pasa conmigo. Es un reflejo de nuestra sociedad. En la música existe mucho la etiqueta. Cuando dejé Isla Cristina y me vine a vivir a los veintitantos a Madrid vi eso, el tema de etiquetarte. Y más yo, que salía de Operación Triunfo. No solo en el periodismo, que conste: en toda la industria musical la gente te cuelga una etiqueta que nunca es buena. Pero también en la calle, en el centro de Madrid, que si el indie era lo que molaba, que si tal... Me da la impresión de que la gente rasca poco, se queda en la superficie. Y eso lo he sufrido y me ha dado mucha rabia porque hay mucho trabajo detrás. Existen prejuicios desde algunos ámbitos con músicos como yo. P. ¿A qué se deben esos prejuicios?R. Tampoco lo digo por el caso del Bernabéu en particular. Digo que existe y es más general. Recuerdo que Extremoduro al principio costó mucho sacarlo en los medios, y se me viene a la cabeza también El Barrio. Es un fenómeno que es resaltable, y hay una parte de la prensa que no se ha parado a ver qué ha pasado ahí, y creo que debería. Porque es una música que bebe de algo muy nuestro, que es el flamenco. A veces le damos demasiada bola a lo que viene de fuera y arrinconamos lo nuestro. Ahora viene Bad Bunny y habla de Puerto Rico y todo el mundo compra eso. Y me encanta Bad Bunny, pero eso de cantar desde tu propia identidad, desde tu barrio, desde tu lenguaje, desde nuestra cultura y desde nuestro folclore, y de ahí al mundo, lo han hecho muchos en España. Ya lo expresó Lola Flores, cuando le dijeron: “Qué medias más bonitas tiene usted, ¿son americanas?“. Y ella respondió: ”Pues no, señor, son de Sabadell. ¿Por qué lo nuestro tiene que ser peor?“. Pues eso, defendiendo lo suyo. Ese prejuico existe y está en el aire, y a mí, que soy un representante de exponer la identidad del sur, pues me duele. P. Hablando de su concierto del Bernabéu. La multa que le pusieron por el ruido, de 400.000 euros, ¿está solucionada?R. No. Hemos pagado, pero está recurrido. Y el otro día ha habido una resolución que no es buena para nosotros, porque dice que el estadio no tiene nada que ver, que el responsable es el artista. No lo entiendo, la verdad. Tú alquilas un recinto y no puede haber problemas de sonido. No te pueden decir que no puedes subir de X decibelios. P. ¿Pero se lo dijeron? R. No sé si lo dijeron, pero nosotros ya habíamos vendido las entradas. Si te dicen que no puedes subir de X decibelios y tú has vendido entradas para otros decibelios, porque el recinto tiene esa capacidad, ¿qué haces? “Baje usted el volumen”, te dicen. Pero entonces medio estadio no lo va a escuchar. ¿Qué quieren que haga? P. Hay una canción en su nuevo álbum, La Humanidad, en la que expresa que no le gusta nada lo que ve a su alrededor. Dice: “Paz y libertad, ¿dónde quedó la empatía? / Por favor, un poco de compasión. / Cuánta hambre de justicia”. R. Los dominadores del mundo no son nada empáticos. Parece que ahora cuanto más bruto sea uno más seguidores tiene. No me siento nada a gusto con esta gente.P. Habla de Trump, de Netanyahu, de Milei… R. Sí, entran todos en ese saco. La música es material sensible que toca el corazón de mucha gente, y yo tengo que ser sincero con lo que pienso y por eso lo canto. Creo que he evolucionado bien en ese aspecto, porque escucho discos que siempre hablan de lo mismo y de la misma forma. A mí me sale abrir el espectro. P. Manuel Carrasco componiendo canción social. Interesante... R. Sí, de alguna manera, sí. Lo he hecho alguna vez, pero en Pueblo salvaje I me sale de forma más explícita. P. ¿Qué ha pasado para que la gente joven vote a partidos de extrema derecha? R. Creo que hay gente puteada, con vidas duras, complicadas, con falta de trabajo, que el día a día se les hace muy duro. Y normalmente este tipo de políticas extremas busca a gente crispada y la encuentran. Estos partidos les dan donde les duele y consiguen atraerlos. Pero no creo que estos votantes sean personas insensibles. Estoy en la calle y hablo con amigos y te exponen sus razones… Yo vivo desde mi atalaya y cada uno habla desde lo que le afecta su propia vida. Y entiendo que si has votado a un partido en el que has confiado y ese partido no te está dando lo que necesitas, tú quieras cambiar. Y si viene uno que dice que te va a dar lo que necesitas, pues está claro lo que puede pasar. P. En otros temas nuevos, Gente corriente y en Cambiar, habla de la ansiedad.R. Sí, son canciones escritas con mucha rabia. Digamos que ahora veo el cielo más claro, pero he pasado épocas menos buenas. He aprendido muchísimo en ese aspecto y creo que sacarlo fuera, por medio de las canciones, me ayuda. P. En Cambiar canta: “Me cansé de estar haciendo lo que todos esperaban”. A qué se refiere. R. Esta profesión atraviesa mucho, te absorbe. Que conste que para mi este trabajo es una bendición: hago canciones y la gente me aplaude. Yo sé lo que es el trabajo duro de verdad: no sentirte recompensado, ganar una mierda… Todo eso lo sé. Pero a la vez, mi manera de ser, en una profesión en la que estás tan expuesto y sacas de ti algo de dentro... eso me abruma. Lo vivo muy intensamente. Subirse a un escenario, que te vea tanta gente, es un vaivén personal que a veces te descoloca. Hay muchas cosas ahí que en tu sensibilidad hace mella. P. ¿Qué le agobia en concreto?R. Exponerme en entrevistas como esta o tener que cumplir con ciertos objetivos que acaban apareciendo, porque la discográfica hace su papel y la gente que trabaja contigo también. El tener que cumplir con expectativas hace que a veces te veas arrastrado por ciertos ritmos donde te das cuenta de que no puedes. Eso existe. P. ¿Ha habido algún momento en estos últimos años en los que no se ha reconocido?R. Hay épocas, pero eso ha sido una constante en mi carrera. Hay muchas veces que me pregunto: algo no va bien ¿no? Creo que eso nos pasa a todos. La diferencia es que en mi profesión estás de cara al público, y aunque no estés bien, tampoco vas a ir contando tu mierda por ahí, y llega un momento en que eso te pesa más, porque estás intentando transmitir una cosa que no te está saliendo del todo. Y a la vez quieres estar bien. Entras en una especie de rueda que hace que te vaya cayendo el peso y dices: uf, con esto ya no puedo. P. ¿Cómo se siente estos días?R. Siento que voy con la lengua fuera. Empiezo a tener el discurso gastado. Me canso de mí mismo. No me gusta ser el centro de atención, pero lo soy, así que para mí es un poco carga todo el rato. Estoy agradecido. Tengo una vida de puta madre. Lo pienso y me lo digo todos los días. De hecho por eso sigo, porque me digo: “Venga, anda, déjate de gilipolleces y tira para adelante”. Pero también tengo que ser consecuente: quiero estar fresco para esto, quiero contar cosas guapas y quiero estar bien. Por eso, después de estos cuatro conciertos en La Cartuja y un festival en Madrid, voy a parar todo el año que viene. P. ¿Qué concesión ha realizado últimamente?R. Concesiones en una profesión como esta existen casi todos los días. Es muy difícil decir que no. Uno traga, y es así. Incluso yéndote bien, hay muchas cosas con las que tragas. P. Ha criticado la masacre en Gaza. ¿Qué pasaría si se entera de que una de las empresas con las que trabaja se financia con dinero israelí? ¿Qué pasaría si se entera de que una de las empresas con las que trabaja se financia con dinero israelí? R. Creo que, y hablo sin tener constancia, todo está contaminado. Incluso los gobiernos que suelen denunciar el genocidio, todos tienen intereses con otros. Porque el dinero es lo que mueve el mundo, por desgracia. Ojalá fuera el amor... Tendríamos que coger la libreta bien y ver dato por dato, e igual averiguamos que todo está contaminado. Se ha obligado a los artistas a tomar partido [habla de los casos de festivales apoyados por el fondo KKR, con intereses inmobiliarios en partes de la Palestina ocupada por Israel] por algo que si se escarba bien aquí no se salva ni el apuntador.P. Entonces, el mensaje es muy desesperanzador: no podemos hacer nada.R. Bueno, yo lo hago en mis canciones, lo denuncio. Pero de ahí a cancelar un festival, me parece que terminaríamos cancelando muchas cosas. Pero creo que los artistas está bien que digan lo que opinan de las cosas. P. Terminemos con su pasión, la música. Dígame el disco que más veces ha escuchado. R. Probablemente uno de Javier Ruibal, Lo que me dice tu boca, un directo desde la sala Galileo Galilei de Madrid. Lo descubrí en 2008. Soy muy fan de él. En sus canciones veo la frescura del sur y, a demás, trabajado con categoría. Cada vez que veo a Javier le recuerdo que me encanta su música.