Iñaki Gabilondo tiene 83 años, porte donostiarra y la lucidez de gran periodista que, habiéndolo visto todo, se enfada con la actualidad –lo de Zapatero “huele bastante mal”– porque es optimista. Y vende las mejores recetas de la transición –“los grandes asuntos se abordaban con la ropa de los domingos”– para enderezar el rumbo de una democracia “oxidada”.El auditorio de Foros de Vanguardia disfrutó mucho. Hay silencios y silencios y hay aplausos y aplausos. Iñaki Gabilondo se ganó la atención tan pronto abrió la boca y ejerció hora y cuarto de seducción radiofónica de principio –Zapatero– a fin –la rosa de Iñaki, historia íntima y sevillana–.Si Gabilondo dice que lo de Zapatero “huele bastante mal”, el auditorio, que no es tonto, asienteEl auditorio disfrutó, insisto, gracias a su capacidad para apreciar en toda su dimensión una lección magistral sobre el periodismo, la política y la democracia contada para adultos con las palabras precisas, ordenadas, y la dicción cautivadora.Escoltado por tres grandes del oficio (Rovira J. Juan y Basté), Iñaki Gabilondo supo expresar el malestar ciudadano con el ruedo ibérico, que pisó a diario durante décadas en su Hoy por hoy de la Ser. Allí tenía su espacio editorial para orientar el día y la información, de modo que Rovira le preguntó sobre lo que hubiera dicho este martes.–Antes de hacer el editorial, solía pensar un rato. Y luego disparaba.El periodista Iñaki Gabilondo y Javier Godó, conde de Godó, editor de 'La Vanguardia'Xavier CerveraAun así, sin tiempo a pensar, disparó con puntería y esa objetividad de los periodistas sin trincheras. Más allá del eterno decalaje entre ritmo judicial y ritmo informativo, el periodista habló de “indicios claros”, “pinta muy mal”, “huele mal” y el pronóstico de que el ex presidente Zapatero va a “achicharrarse aún más”.Y esas brasas, naturalmente, alcanzan el presidente Sánchez, “hombre de mucha determinación” y afortunado por contar con unos aliados a la altura de la afición del Athletic o el club de fans de Raphael de Moscú: “Los que le acompañan dificilmente le van a dejar de acompañar”. Aún así, y a la espera de noticias que seguirán sucediéndose, el olfato de Gabilondo ve “difícil imaginar que las cosas puedan dar la vuelta”.Gabilondo figura en la galería de los grandes hombres de la transición democrática y, como tantos otros, tuvo la suerte –y no es un ejercicio de nostalgia– de presenciar como españoles condenados a no entenderse lo hicieron. Lo comparó con el ciego que por unos minutos puede ver antes de regresar a la ceguera. Lo que vio ya nunca le abandonará: los llamados pactos de la transición, cuando los partidos eran capaces de consensuar grandes reformas. Lo que hoy es –y así lo lamentó– imposible.La humildad del maestro, 83 años: no dijo ni mu sobre la serie que estrena el domingo en La 2La partitocracia corroe el sistema democrático porque supone que todos los problemas y las reformas acaban en un cajón del desván. “Si esa es la democracia, te la regalo”. Medio país brinda cuando uno de los bandos tiene bajas por corrupción en lugar de sentir como nuestra la tragedia. Todo empezó, vino a decir, cuando el 11-M quedo secuestrado por el 14-M, la jornada electoral. En horas, los muertos de Atocha pasaron a segundo plano, tan devaluados como el rumbo de la democracia española.¿La rosa de Iñaki? Dirigía Radio Sevilla allá por 1972, 33 años, casado y padre de tres hijos. Enfermó su esposa, donostiarra, y le dedicó una rosa que engalanó un paso de Semana Santa. Y así, año tras año, Maite falleció en 1983, pero aún hoy, la rosa luce en el paso sevillano.Seductor y modesto: Gabilondo no dijo ni mu de su ambiciosa serie documental –ocho capítulos– sobre la lengua castellana que estrena este domingo en La 2 de TVE.Nota personal. Iñaki Gabilondo dio una conferencia en clase en mi último curso de carrera, Navarra, 1981, en la que cautivó, sedujo y alentó la vocación periodística. Cuarenta y cinco años después sigue igual. Observa que cuando hay inundaciones, lo primero que escasea es el agua potable. En tiempos ruidosos en los que campea la desinformación, los medios tendrán futuro si saben colgar el cartel de “aquí se expende agua informativa potable”. Amén.Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en 'La Vanguardia' en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.
Iñaki Gabilondo, el gran seductor, por Joaquín Luna
Iñaki Gabilondo tiene 83 años, porte donostiarra y la lucidez de gran periodista que, habiéndolo visto todo, se enfada con la actualidad –lo de Zapatero “huele bastante mal”– porque es optimista. Y vende las mejores recetas de la transición –“los grandes asuntos se abordaban con...
















