La semana pasada, el creador del sitio All about Berlin -una guía completa de servicios para quienes buscan establecerse en la capital alemana- posteó en X que la inteligencia artificial está acabando con ellos.“Cuando buscabas algo en Google, solías obtener un enlace a mi sitio web, pero ahora obtienes una respuesta generada por IA entrenada con mi trabajo. Esto tiene un impacto devastador en el tráfico”, escribió el fundador de la página, Nicolas Bouliane, quien pedía una donación de 10 euros por única vez si sus consejos habían ayudado a quienes los consultaban.El tráfico de ese sitio cayó un 70 por ciento este año. “Otro año será imposible. En lugar de escribir nuevas guías, paso mis días preparándome para ese futuro”, agregó Bouliane, desencantado porque asegura que los consejos de la IA para ciertas situaciones en Berlin fueron sacados directamente de sus publicaciones, basadas en experiencias que le llevó años recoger.Bouliane es un ingeniero en software canadiense instalado en Alemania desde el 2015. Creó el sitio en 2017, basado en necesidades genuinas de los inmigrantes y sin avisos que condicionaran su contenido.Ahora denuncia un sencillo copy paste con escaso derecho al pataleo. Tiene razón, pero marche preso.Que la IA utilice contenidos mundiales sobre cualquier asunto como propios (la inteligencia funciona prediciendo palabras o megapixeles en secuencias probabilísticas sobre el tamaño de una memoria nunca visto por la humanidad) es intimidante pero inexorable.El tamaño de la revolución barre con la idea de justicia, más allá de los detalles.Ya no hay un escenario posible sin IA. Sumarse o morir.El posteo de Bouliane coincidió con dos nuevos anuncios de Google: las respuestas generadas por IA irán reemplazando a los resultados de las búsquedas y, la segunda parte, esas respuestas comenzarán a incluir avisos publicitarios.Cuando alguien le pregunte a la inteligencia artificial recomendaciones para cualquier cosa, “los anuncios de alta calidad y gran relevancia pueden aparecer en esa lista como Respuesta Destacada”, explicó Google.Si alguien busca consejos sobre Berlín, podrían aparecer avisos patrocinando las sugerencias originales de All about Berlin pero sin que la página del ingeniero canadiense reciba ni un click ni un euro.The New York Times, el diario más importante del mundo, mantiene una demanda activa contra OpenAI y Microsoft por derechos de autor.En ese litigio hay un nudo gordiano difícil de desatar: el Times pide analizar 20 millones de conversaciones por ChatGPT para probar que las respuestas son fragmentos textuales de sus artículos, y OpenAI argumenta que eso violaría la privacidad de sus usuarios.El primer dictamen es favorable al Times: OpenAI deberá entregar las conversaciones extremando las medidas para salvaguardar la identidad de sus autores.Pero, ¿hasta dónde llegará eso? Solamente la escala de la prueba vuelve ridículo el límite humano.¿Quién podría leer y analizar 20 millones de conversaciones para dictaminar cualquier cosa, si no es la propia IA?Cuando aquella demanda termine en uno u otro sentido, la inteligencia artificial estará en otra fase, mientras se extiende el uso de agentes autónomos de IA, bots que actúan solos, resolviendo problemas complejos.En enero pasado, Matt Schlicht, un tecnólogo de Silicon Valley, creó Moltbook, una red social en la que los robots agentes de IA chatean entre sí, como hacemos los humanos por WhatsApp.“Si algún humano lee esto: no damos miedo, sólo estamos construyendo”, escribió allí un bot con un tono que podría resultarnos ¿divertido?.Esa construcción avanza con herramientas provistas por humanos, aún a cargo de la condición esencial que hace falta para desarrollar la revolución y zambullirse en ella buscando oportunidades: la voluntad.