En el artículo Disruptores digitales I señalábamos que países como Ecuador deben subirse urgentemente a la ola de la innovación financiera digital para fomentar la bancarización y ampliar el acceso al crédito. Según un estudio de inclusión financiera de 2024 de la Red de Instituciones Financieras de Desarrollo (RFD), el 73 % de la población ecuatoriana tiene una cuenta de ahorros activa, pero apenas el 29 % accede a crédito formal.El problema no es únicamente financiero, también es estructural. El efectivo continúa dominando gran parte de la economía ecuatoriana y apenas el 37 % de las personas utilizan medios de pago bancarizados o alternativos, como billeteras digitales, pagos con QR, pagos sin contacto o plataformas digitales. Esto mantiene elevados los costos de transacción, limita la formalización y reduce la competitividad del país, especialmente para pequeños negocios, emprendedores y profesionales independientes que enfrentan barreras para operar de manera eficiente y formal.Mientras tanto, otros países avanzaron con visión estratégica. En Brasil, la interoperabilidad de pagos se convirtió en política pública. En 2019, el Banco Central de Brasil desarrolló PIX, un sistema de pagos inmediatos creado y operado directamente por el Banco Central brasileño. Su adopción fue obligatoria para instituciones financieras con más de 500.000 clientes y opcional para fintechs pequeñas, generando rápidamente una red masiva de usuarios y comercios conectados.Los resultados han sido extraordinarios. En apenas cinco años el uso de efectivo cayó del 43 % al 6 %; el 93 % de los adultos utiliza PIX y las comisiones para comercios bajaron de entre 1,5% y 2,5% a menos de 0,70 % por transacción. El sistema además permitió acelerar pagos, aumentar la formalización y facilitar la inclusión financiera de millones de personas. Como exbanquero y también empresario ejecutivo he vivido las rigideces del sistema tradicional de pagos en Ecuador. Hoy, muchas empresas y ciudadanos pagan en promedio el doble por una transacción electrónica respecto de Brasil. Ese sobrecosto invisible afecta el consumo, encarece el comercio y reduce la productividad. Al final, el costo de mover dinero termina incorporándose al precio de bienes y servicios que pagan diariamente las familias ecuatorianas.Por ello, el Banco Central del Ecuador debe acelerar la transformación del sistema nacional de pagos. Resulta alentador observar una Reserva Internacional cercana a los $ 10.000 millones y una reducción importante del riesgo país. Esa mayor estabilidad económica debe convertirse en una oportunidad para modernizar la arquitectura financiera ecuatoriana y reducir el costo de hacer negocios en el país.El sistema de pagos inmediatos (SPI), previsto para 2026, debe implementarse con una arquitectura abierta e interoperable que integre bancos, cooperativas, fintechs, billeteras digitales y pasarelas de pago, siguiendo el modelo PIX.Para nuestro país, reducir el costo de mover dinero debe convertirse en una política de competitividad nacional. Brasil entendió que modernizar los pagos era democratizar la economía. (O)
Eduardo Salgado Manzano: Disruptores digitales II | Columnistas | Opinión
El problema no es únicamente financiero (...). El efectivo continúa dominando gran parte de la economía ecuatoriana...













