Si usted ha visitado Brasil después de la pandemia, probablemente le haya llamado la atención que el dinero en efectivo prácticamente ha desaparecido de las calles. Si uno entra a una tienda y le entrega un billete a un dependiente, probablemente se encontrará con una mirada nerviosa, bien porque no tenga cambio o porque se haya desacostumbrado a manejar monedas y billetes. El motivo principal de la caída abrupta del uso del efectivo en el gigante sudamericano tiene tres letras que se han convertido en un quebradero de cabeza para la administración estadounidense de Donald Trump: Pix. Ese es el nombre del sistema digital público de pagos que ya utiliza el 90% de la población adulta brasileña, es decir, más de 180 millones de personas, y que solo el año pasado movió más de seis billones de euros en transferencias. Pix no solo ha desplomado el uso del efectivo incluso en las zonas más pobres de las favelas o en el pueblo más recóndito del sertão, sino que, por supuesto, está también quedándose con el negocio de las tarjetas de las compañías estadounidenses Visa y Mastercard. Y en un momento en el que otros países empiezan a avanzar con proyectos similares alrededor del mundo (desde el Euro digital a Colombia o la India), eso no ha hecho gracia en la Casa Blanca. Ya en 2025 las transferencias por Pix superaban la suma de las transferencias realizadas a través de las dos gigantes norteamericanas, y ahora el sistema brasileño enfrenta indagaciones del Gobierno de EEUU por supuestas prácticas comerciales desleales al eludir las redes tradicionales de pagos, algo que anticipa el establecimiento de sanciones en un momento de disputa geopolítica entre ambos países tras un enfrentamiento ahora enfriado de Trump con el mandatario brasileño Lula da Silva. El líder izquierdista defiende con ahínco Pix pero, en un país tremendamente polarizado, curiosamente el consenso con respecto al sistema de pagos es total entre progresistas y conservadores. Que Pix es un gran invento es prácticamente lo único en lo que están de acuerdo los sectores políticos e ideológicos de la población. ¿Qué es Pix? La explicación para dummies es que es una suerte de Bizum, instalado en los teléfonos móviles de los brasileños, pero más evolucionado, con mayores funciones, más barato y con una distinción clave: es público. Pix fue lanzado por el Banco Central de Brasil en 2020, durante la presidencia del ultraderechista Jair Bolsonaro. Aglutina a más de 700 entidades financieras brasileñas y extranjeras, pero es de titularidad pública, manejado por una institución muy independiente y, de hecho, muy criticada tanto por Bolsonaro como especialmente por Lula por no haber bajado los tipos de interés lo que a ellos les hubiera gustado. Todo brasileño o empresa que opere en Brasil puede abrir una cuenta. El único requisito es tener una cuenta bancaria brasileña. En un principio, el sistema comenzó a operar como Bizum, con transferencias a través de números de teléfono, pero rápidamente el Banco Central incluyó funciones como el pago a través de QR, datáfono, o simplemente acercando los teléfonos móviles. Esas facilidades han propiciado que el 62% de los brasileños declare que Pix es el método de pago más usado. Se usa para pagar un chicle, una cerveza a un vendedor ambulante, un periódico, hacer la compra, pagar al peluquero o al fontanero, comprar un coche o comprar una casa. Decenas de empresas brasileñas pagan la nómina a sus trabajadores a través de Pix y al mismo tiempo hasta la limosna se ofrece mediante el sistema de pagos porque ya se ha popularizado incluso que quien se ve abocado a pedir dinero en la calle lleve su código QR impreso en un cartón. Uno de los secretos es que es barato. Las transferencias por Pix son gratis para las personas individuales, emprendimientos informales y también pequeñas empresas. Para las pequeñas y grandes compañías opera una comisión del 0,33%, cuando las tarjetas convencionales de débito cobran un 1,13% de comisión media y las de crédito un 2,34%. Pix ha logrado además bancarizar a 74 millones de personas en Brasil fuera del sector financiero, principalmente en zonas humildes de las grandes ciudades y en las aldeas del interior del país. No está exento de problemas, porque los robos de móviles han aumentado debido a que los criminales ven un acceso fácil a fondos que uno no suele llevar en efectivo en la cartera, pero las autoridades aseguran que la seguridad está garantizada con mensajes cifrados y firmas digitales e intentan responder a los robos limitando la cantidad que puede ser transferida por las noches, en el momento álgido para los cacos. A nadie se le escapa que ese crecimiento de Pix está siendo tratado como un problema por Washington. Opinión TE PUEDE INTERESAR Bizumizar Europa José Carlos Díez La Oficina del Representante Comercial de EEUU (USTR por sus siglas en inglés) hizo público en julio que estaba investigando las "prácticas comerciales desleales" de Brasil, señalando que el gigante sudamericano "podría perjudicar la competitividad de las empresas estadounidenses" al favorecer sus servicios de pago electrónicos. Lo hizo sin mencionar a Pix, pero quedó claro el destinatario. A Washington no le gusta que Pix ofrezca alternativas a las comisiones por transacción. Además, desde EEUU se señala que Brasil da una ventaja injusta al Pix porque exige implementar el sistema a todos los bancos que tengan más de 500.000 clientes, es decir, prácticamente a toda institución financiera de mínimo prestigio. Otra de las críticas es que Pix ofrece proteger los datos de los consumidores y eso perjudica a las empresas de EEUU porque ellas utilizan esos datos de compras para ofrecer productos y desarrollar su negocio. Opinión Todo ello en un contexto delicado entre los dos países. Trump impuso sanciones del 50% a Brasil a mediados del año pasado mentando el juicio contra el ex presidente Bolsonaro. La presión no tuvo éxito porque el Supremo condenó en septiembre al ex presidente a 27 años de prisión por golpe de Estado. Más bien sucedió lo contrario y Lula recuperó una popularidad bajo mínimos cerrando filas en torno a la soberanía brasileña. Washington retiró la mayoría de aranceles semanas después cuando el precio de la carne y el café se habían disparado en EEUU. Dos encuentros entre Trump y Lula sellaron la distensión -con un potencial pacto por tierras raras en el horno- y ambos líderes ahora incluso se lanzan cumplidos, pero, eso sí, el tema de Pix sigue siendo un foco de tensión. Fue uno de los temas principales sobre la mesa en la última reunión este mismo mes de ambos en la Casa Blanca, aunque no se hizo público si hubo alguna decisión importante en torno al sistema de pagos. En Brasil, en cualquier caso, las instituciones han cerrado filas en torno a la herramienta. El Gobierno inició una campaña bajo el lema "Pix pertenece al pueblo brasileño" y Lula ha declarado en varias ocasiones que "nadie va a hacernos cambiarlo". Desde el Ministerio de Hacienda se ha explicado que el sistema rivaliza con el efectivo y no con las tarjetas de crédito y débito. "Es de muy mal gusto que EEUU se preocupe tanto del lucro de sus compañías en vez de la inclusión bancaria de los más pobres, y que se hagan investigaciones acerca de una plataforma que permite operaciones instantáneas sin depender de empresas que normalmente aquí cargan tasas muy altas", comenta a El Confidencial el experto en derecho financiero Emmanuel Pessoa. El Banco Central, por su parte, asegura que el sistema de pagos es neutral y que no discrimina a empresas extranjeras, haciendo especial hincapié en que la Reserva Federal de EEUU está desarrollando herramientas de pago instantáneo similares. "Quienes critican al Pix tienen intereses que no son los de la población brasileña", señaló en abril Paulo Pichetti, un alto funcionario de la institución. Uno de sus mayores defensores es, por supuesto, su principal desarrollador en el Banco Central, Eduardo Brandt, fichado recientemente por el Fondo Monetario Internacional para incorporar ese conocimiento al sistema internacional. "Para alcanzar un ecosistema de pagos realmente inclusivo, lo más apropiado es tener un agente neutro", señaló, defendiendo el rol de una institución pública e independiente como gestora de la herramienta. Pero lo cierto es que la advertencia de Washington es clara. La observación hecha el año pasado podría desembocar en la aplicación de sanciones bajo la sección 301 de la Ley de Comercio Exterior que ya ha sido esgrimida por la Administración Trump para establecer aranceles a lo largo del mundo. Mauro Sergio Lima, de la consultora Medley Global Advisors, cree que una medida sancionatoria en forma de arancel sería "injusta" ya que "PIX no perjudica a la competencia" sino que es una "solución bastante competente para realizar operaciones financieras" y "simplemente gana por eficiencia". "Brasil sin ninguna duda se defendería de todas las formas posibles, desde recurrir al Poder Judicial estadounidense hasta reforzar las negociaciones comerciales con EEUU, apelando a grupos de presión e incluso ofreciendo asociaciones en tierras raras", añade. En juego está no solo el modelo de negocio de las gigantes Visa y Master Card, sino incluso, creen algunos analistas, el futuro del dólar como divisa hegemónica global. No sólo porque Pix no piensa ceñirse solo a Brasil y ya es aceptado como forma de pago en comercios de algunos países de Europa, incluida España, sino porque está participando en proyectos internacionales de altura. Uno de ellos es el Proyecto Nexus, una iniciativa coordinada por el Banco de Pagos Internacionales que pretende interconectar los sistemas de pago de más de 70 países. Opinión No es el único. Brasil coordina también iniciativas similares con sus aliados de los BRICS, el grupo de países liderado por Rusia y China, lo que supondría un problema tanto para los intermediarios tradicionales como para el control de Washington y la prevalencia del dólar en el ecosistema financiero internacional. Paralelamente, otros países están creando sus propios "sistemas Pix". El Banco Central de Colombia lanzó a finales de 2025 su propia herramienta, BreB, cuyo uso está ampliamente extendido apenas unos meses después. India tiene también otra herramienta que mueve también cientos de millones de dólares al mes, pero no ha sido puesta en duda por EEUU. Disminuir la influencia de esos intermediarios muy afines a Washington es también uno de los objetivos del Euro Digital que prepara el Banco Central Europeo (BCE). Su naturaleza, eso sí, es diferente. Aunque para personas y empresas su uso sería muy similar al de Pix (y al de Bizum, aunque gratuito), es distinto porque se trata de una divisa digital emitida por la institución con sede en Washington y no simplemente un sistema de transferencia de dinero convencional, garantizando, según sus impulsores, mayor seguridad y privacidad. Es decir, sería una suerte de criptomoneda pero emitida y gestionada por el Banco Central. En el trasfondo de las distintas iniciativas globales está ampliar la independencia en un contexto geopolítico más complicado.