Hay ciudades donde el fútbol es una especie de cemento social que funciona como el mejor termómetro para medir el estado de ánimo colectivo. A Coruña es una de ellas. El pasado domingo, cuando el R.C. Deportivo coronó su ascenso a la primera división tras ganar 0-2 en Valladolid, la ciudad sintió como si se recuperara a sí misma reconociéndose en el éxito. Y en el palco de Riazor, celebrándolo con la satisfacción de quien siente que también ha culminado un viaje personal, estaba Juan Carlos Escotet, el banquero venezolano que en apenas una década ha pasado de ser un outsider latinoamericano en la banca española a controlar la mayor entidad financiera gallega, presidir el Dépor y convertirse en uno de los hombres más influyentes del noroeste peninsular.PublicidadEl relato del ascenso del Deportivo y el ascenso de Escotet tiene un hilo común: ambos son hijos de una crisis. El club coruñés se despeñó en pocos años desde las noches gloriosas de Champions hasta los campos embarrados de la primera federación. Y el empresario venezolano desembarcó en Galicia cuando el sistema financiero gallego se derrumbaba tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y el hundimiento de las cajas de ahorro.La historia arranca en 2009, cuando Alberto Núñez Feijóo llega a la presidencia de la Xunta decidido a impulsar una gran caja gallega. En plena tormenta financiera, y pese a la rivalidad histórica entre Vigo y A Coruña, Feijóo promovió la fusión de Caixanova, señora del sur de Galicia, y de Caixa Galicia, dueña del norte. Feijóo presentó la operación como una solución patriótica para conservar un centro de decisión financiero en Galicia, pero acabó convertida en uno de los mayores naufragios económicos de la comunidad.MegalomaníaLas dos entidades llegaban heridas por años de expansión descontrolada, créditos tóxicos y aventuras inmobiliarias de megalomanía sólo a la altura del ego de sus responsables. Al frente de Caixanova estaba Julio Fernández Gayoso, figura histórica del poder financiero vigués y sus redes clientelares; en Caixa Galicia, José Luis Méndez, quien había pilotado durante décadas una institución clave para la burguesía coruñesa. La criatura resultante, Novacaixagalicia, necesitó cerca de 9.000 millones de euros de ayudas públicas para sobrevivir.Aquella caída tuvo responsables con nombres y apellidos. Fernández Gayoso y otros exdirectivos fueron condenados por las indemnizaciones millonarias que se autoasignaron mientras la entidad se hundía. La fusión auspiciada por Feijóo acabó siendo un símbolo de la descomposición del sistema financiero gallego, del que prácticamente no queda ninguna gran entidad independiente: el Banco Pastor terminó absorbido por el Popular y luego por el Santander; el Banco Gallego acabó en el Sabadell; el Banco de Galicia desapareció; el histórico Banco Etcheverría quedó integrado en el conglomerado de Escotet; y el propio Popular acabó intervenido.PublicidadLa fusión de las cajas auspiciada por Feijóo acabó siendo un símbolo de la descomposición del sistema financiero gallego, del que prácticamente no queda ninguna gran entidad en manos gallegasFue entonces cuando apareció él. Nacido en Madrid en 1959 pero hijo de emigrantes españoles en Venezuela y criado en Caracas, había construido Banesco hasta convertirlo en el mayor banco privado venezolano. En Galicia desembarcó primero comprando el Banco Etcheverría, la entidad más antigua de España, y después se hizo con NCG Banco, el experimento fallido de Feijóo que luego fue rebautizado como Abanca.La operación sigue siendo uno de los episodios más controvertidos de la reestructuración bancaria española. Escotet pagó 1.003 millones de euros por una entidad previamente saneada con dinero público. Sus críticos sostienen que prácticamente no tuvo que poner dinero propio porque pudo ir abonando la compra con los beneficios que generaba el propio banco desde el primer año. "La fusión fue un escándalo y un negocio ruinoso, porque acabó suponiendo que regalamos a Escotet el 40% de los ahorros de los gallegos", dijo en su día el diputado de Anova Antón Sánchez.PublicidadEl banquero que Feijóo necesitabaPero mientras la oposición denunciaba una privatización a precio de saldo, Feijóo encontró en Escotet al banquero que necesitaba. Abanca pasó a convertirse en el gran soporte financiero de la economía gallega y en una entidad con una relación extraordinariamente fluida con la Xunta y su principal acreedora privadora.El propio Escotet encontró en Galicia mucho más que una oportunidad empresarial. "Descubrió una forma de vida que le enamoró: nadie le reconocía por la calle, no tenía que ir con guardaespaldas armados, podía pasear tranquilamente de noche por Oporto... Imagínate lo que eso supone para alguien que viene de la Caracas de los momentos más convulsos de los gobiernos de Chávez", resume un veterano trabajador de la entidad, con más 15 años en la antigua Caixa Galicia y hoy empleado de Abanca.Porque Escotet también aterrizó en Galicia huyendo del ruido político venezolano. Durante años fue señalado por sus relaciones con el chavismo, aunque posteriormente tomó distancia con el régimen. En 2018, el Gobierno venezolano llegó a amenazar con nacionalizar Banesco y cuestionó públicamente el origen de los fondos con los que había comprado Abanca. "¿De dónde sacó plata para comprar los bancos que tiene en España?", se preguntó entonces Diosdado Cabello. Escotet respondió en redes sociales con una frase que se hizo célebre y en la que anunciaba su negativa a vender Banesco al Gobierno: "Los hijos no se venden".Mientras tanto, Abanca crecía. Compró entidades en Portugal, integró EuroBic y reforzó su presencia en toda la península. El banco presume hoy de millones de clientes y de una expansión constante fuera de Galicia. En 2025 obtuvo más de 900 millones de beneficios y siguió aumentando negocio y cuota de mercado. Aunque esa expansión también tuvo costes sociales: conflictos sindicales por despidos y cierres de oficinas, protestas de usuarios por la desaparición de cajeros en zonas rurales y críticas por la progresiva desertización financiera de pequeñas localidades gallegas.Una leyenda oralLa otra gran adquisición emocional de Escotet fue el Deportivo. Cuando Abanca acudió al rescate del club, el Dépor ya no era aquel equipo que maravilló a Europa. El Superdépor de Arsenio Iglesias, Fran, Mauro Silva, Bebeto, Djalminha, había quedado atrás, convertido casi en una leyenda oral que los coruñeses aún repiten como quien recuerda una edad de oro.Aquel equipo ganó una Liga, dos Copas del Rey y tres Supercopas. Rozó finales europeas y convirtió Riazor en uno de los estadios más temidos del continente. Allí cayeron el Milan, el Manchester United, el Arsenal... Las remontadas épicas y las noches de Champions colocaron a una lejana ciudad de la periferia atlántica en el centro del mapa futbolístico europeo.PublicidadDespués llegó la caída. La gestión hiperbólica de Augusto César Lendoiro –otro personaje inseparable de la historia política gallega, expresidente de la Diputación de A Coruña y maestro de las relaciones de poder locales– terminó arrastrando al club a una deuda gigantesca. El Deportivo descendió una y otra vez hasta tocar el pozo de la Primera Federación. Pero incluso entonces Riazor seguía llenándose cada fin de semana, como si la ciudad se negara a aceptar que todo había terminado e intentara convertir cada partido en una reivindicación sentimental de identidad colectiva.Escotet entendió pronto que el Deportivo no era simplemente otro activo empresarial. Primero colocó al frente del club a Antonio Couceiro, exconselleiro de Manuel Fraga y figura histórica del PP gallego. Más tarde decidió asumir personalmente la presidencia del consejo de administración. En el órgano directivo también se sienta Marta Fernández Currás, exconselleira de Facenda con Feijóo y exsecretaria de Estado de Presupuestos con Mariano Rajoy.El banco, el banquillo y el poderLa presencia de figuras vinculadas al PP en torno a Abanca y al Deportivo alimenta desde hace años las críticas de la oposición sobre la estrecha relación entre el banco y el poder político. El consejo de administración de Abanca reúne además a perfiles estrechamente ligados al núcleo duro del escotetismo financiero. Entre ellos destaca Francisco Botas, consejero delegado y una de las personas más influyentes de la entidad, además de familiar de Eva Cárdenas, pareja de Feijóo.PublicidadEscotet también ha ido incorporando a familiares y personas de máxima confianza a sus proyectos empresariales y deportivos. Su sobrina exfutbolista, Michelle Clemente Escotet, ocupa la vicepresidencia del Deportivo. Y su primo Miguel Ángel Escotet, es el rector de la Universidad Intercontinental de la Empresa, la polémica expansión del ecosistema Abanca al ámbito universitario con la oposición de las universidades públicas gallegas pero el respaldo decidido de los gobiernos de Feijóo, primero, y de Alfonso Rueda, después.El Dépor sigue siendo una de las pocas instituciones de A Coruña capaces de unir a clases sociales, generaciones y sensibilidades políticas.A raíz del conflicto con el Ayuntamiento de A Coruña y de la contestación social a Altri –Abanca era el socio financiero de la planta de celulosa y las plataformas contrarias a la fábrica empezaron a amenazar con hacer campaña para que los clientes de la entidad cerraran sus cuentas–, Escotet se dio cuenta de que no bastaba con operar jugosos negocios. Si quería, quiere, mantenerlos, tenía, tiene, que caer bien. "Por eso decidió asumir él mismo la presidencia del Deportivo: porque se ha hecho consciente de que no se trata de un sillón más, sino de una posición de enorme relevancia social y de cultura de país", explica otra fuente conocedora de la entidad.Ese conflicto con el Ayuntamiento de A Coruña fue revelador. Abanca y el Deportivo llegaron a enfrentarse al Gobierno municipal de la socialista Inés Rey por la celebración del ascenso a segunda división en María Pita, una batalla simbólica que escondía una larvada disputa por el uso del estadio municipal de Riazor que terminó convirtiéndose en un problema reputacional para la entidad, y que acabó obligando a Escotet a rebajar el tono. El banquero entendió entonces que en Galicia el fútbol, igual que las cajas en otro tiempo, forma parte de la identidad emocional del país.IdentidadPor eso el nuevo Deportivo busca hoy algo más que regresar a primera. El club ha reforzado su apuesta por el gallego como lengua corporativa, ha desarrollado una estrategia muy potente en redes sociales y ha impulsado el fútbol femenino como parte de una identidad moderna y popular. En una ciudad donde hay listas de espera de años para conseguir un abono para Riazor, el Dépor sigue siendo una de las pocas instituciones capaces de unir a clases sociales, generaciones y sensibilidades políticas. Tiene más de 30.000 socios, más que la mayoría de equipos de primera. Son más de once por cada cien habitantes de la ciudad.PublicidadY ahí aparece otra vez Escotet. El hombre que llegó desde Caracas para comprar un banco rescatado por el Estado español ha terminado convertido en una figura central de la vida pública gallega. Preside la mayor entidad financiera de la comunidad, controla el principal club de fútbol de A Coruña y mantiene una relación privilegiada con las élites económicas y políticas del territorio.El ascenso del Deportivo tiene algo de metáfora futbolera perfecta. Mientras A Coruña celebraba el regreso a una categoría que siente como natural, Juan Carlos Escotet podía contemplar desde su propio ascenso: el del banquero venezolano que encontró en Galicia un refugio, un negocio y una forma de poder; y que acabó instalándose sin apenas hacer ruido en la división de honor de la banca española.
De Abanca al Dépor: cómo el venezolano Escotet amasó poder en Galicia comprando a precio de saldo
El ascenso del RC Deportivo a primera es la metáfora perfecta del de su dueño, el banquero venezolano que compró las cajas gallegas sin poner un euro y que se ha convertido en uno de los empresario...













