El discurso del siglo XXI tiene como protagonistas a las neurociencias y avanza con promesas de explicación total, y la subjetividad parece cada vez más capturada por lógicas de clasificación y control. Sin embargo, el psicoanálisis insiste en otro camino: el de la palabra, la singularidad y la complejidad irreductible del sujeto. En su libro Paranoia (Editorial Psicolibro/Paibooks), el psiquiatra y psicoanalista Carlos Baró retoma una de las categorías más discutidas de la tradición clínica para desarmar su aparente unidad y proponer, en cambio, un campo plural, heterogéneo y en permanente transformación. A contramano de las concepciones clásicas que fijaron a la paranoia como una entidad cerrada, Baró reconstruye los debates históricos que la atravesaron -desde la psiquiatría alemana hasta las elaboraciones de Freud y Lacan- y los enlaza con los desafíos contemporáneos: las formas subclínicas, los bordes con la neurosis, las identificaciones colectivas y los fenómenos de masa.

-¿No establecer una clasificación de paranoia en singular, sino en plural tiene que ver con un recorrido histórico que usted realiza o con una cuestión más teórica?

-Tiene un concepto teórico e histórico también. A principios del siglo pasado, entre 1930 y 1940 hubo un gran debate sobre la paranoia. Incluso los grandes diagnósticos de esa psiquiatría eran de paranoia, en general. Hoy en día la paranoia es una entidad clínica que no tiene tanta cantidad de pacientes en comparación con la psicopatología, en general. Por otro lado, respecto a la pregunta, el que desarrolla el concepto de paranoia es Kraepelin, que nace en 1852 y muere en el año 1926. Entonces, hubo un gran debate en esos años. Y después fue perdiendo vigencia a partir de la fuerza que empezó a tomar la esquizofrenia. Es decir, la esquizofrenia, con toda su sintomatología, fue ocupando un espacio muy importante dentro del campo de la psiquiatría y también, de alguna manera, fue un debate dentro del psicoanálisis. Pero el plural y el singular empieza con Kraepelin, que él define como una cosa específica: es “la” paranoia. En su época había otros psiquiatras, sobre todo alemanes; en particular uno, que fue Ernst Kretschmer. El describe el delirio sensitivo de referencia, que es una paranoia que, en muchos casos, es benigna. Es una paranoia que tiene un delirio no sistematizado como el que describe Kraepelin. Hay otros autores que, en ese momento, empiezan a descubrir cuadros paranoicos que tienen una evolución, un desarrollo, y un delirio no sistematizado. Entonces, ahí se empieza a hablar ya de “las” paranoias. Hay una paranoia específica que es la descripta por Kraepelin y una paranoia que bordea el campo paranoico y el campo neurótico.