La obsesi�n"Al pantal�n barrel el payasismo le es consustancial: le faltan solo unos tirantitos para completar el look Miliki".GETTYActualizado Martes,
mayo
00:03Desde el armario, el payaso se puede hacer de las m�s variadas formas. Por muchas microrrebeliones est�ticas que se encadenen, la convenci�n no pierde m�sculo. Es lo que hay y lo que habr�: algunas maneras de vestir se asocian a determinadas etapas de la vida y cuando se alteran y cruzan los a�os y los escotes, la admiraci�n frente a las que se sublevan se cambia el turno con una leve intuici�n grotesca. La minifalda, por ejemplo, rompe el largo del uniforme escolar y del h�bito de las monjas, por lo que su etapa natural, rebeld�a destilada, acaba siendo la adolescencia. El vaquero roto y deshilachado se adue�a de los a�os de universidad, a�n libres de la formalidad que exigir� algo m�s tarde, y durante 40 a�os m�s, la vida laboral. El contexto tambi�n se arrima a la edad para trazar las fronteras del circo est�tico. Cuando, por ejemplo, el trabajo transcurre en una oficina en lugar de una cuadra y la empleada se planta sobre la moqueta vestida con una sola pieza con cierre de hebilla sobre las clav�culas, la sabia voz de Paquita Salas se activa en los t�mpanos: �Muy moderna y muy mona y todo lo que t� quieras, pero en peto no vengas�.Al pantal�n barrel el payasismo le es consustancial: con las perneras combadas como un cowboy que ha pasado demasiadas horas sobre su caballo, con la nariz roja garantizada por el colorete gen-Z y las alergias, le faltan s�lo unos tirantitos para completar el disfraz de Miliki. Pero en la redondez del pantal�n convexo como un barril se proclama la liberaci�n de las carnes. A diferencia del campanudo de talle alto que se ajusta a la cadera y s�lo despu�s se despega, lo que obliga a contener la respiraci�n para evitar que una panzada de carbohidratos plante en los desconocidos la curiosidad acerca del mes de gestaci�n corriente, el barrel no se encasqueta firme y geom�trico en el cuerpo. Cede a los abductores el espacio necesario para que pueda completar una clase de pilates. Anula los efectos del pitillo, pantal�n constrictor por naturaleza, y se eleva ante el boyfriend, tan amplio que se lleva por delante todo lo que la calle tenga que ofrecerle, barrendero extraoficial de las aceras.El pantal�n abombado reequilibra la silueta desde el tobillo, que queda libre de un corte limpio. Las proporciones se ajustan para que el efecto Jackie O' surta efecto: con la piel a la vista y una pierna que se alarga hasta el ombligo, una evocaci�n de la ligereza se concreta. En el pantal�n barrel se dan los primeros pasos hacia el verano. B










