Pantalón harem, abullonado, bombacho… Mil maneras para nombrar a una de las piezas más arriesgadas (y complicadas de combinar) en el armario contemporáneo. La amas o la detestas. No hay punto medio. Acorde a los ciclos de la moda, donde los gustos fluctúan a la misma velocidad que las cadenas de ropa rápida que los sustentan, este 2025 retoma con códigos renovados y en contextos muy diferentes su singular silueta.
Asociado normalmente a una vestimenta distendida, casi rescatada de un chill out sin más pretensiones que acompañarnos en una puesta de sol, este verano saca todos sus recursos —resulta cómoda, tiene una caída única y estiliza la cintura— para postularse como una prenda elevada imprescindible en el retorno a la ciudad.
Un rápido vistazo a la pasarela servirá para entender el fenómeno. Esa visión bohemia que tuvo que el siempre visionario Paul Poiret de esta vestimenta oriunda de Oriente Medio, y que intentó trasladar a sus colecciones de 1910 sin apenas éxito, terminó por cuajar unas décadas más tarde. Fue en los años setenta y gracias a diseñadores de la época como Haltson o Biba, cuando adquiere ese estatus de prenda elegante sin esfuerzo que buscaba la mujer en su liberación estética. Siempre al abrigo de ese primigenio boho chic que fue esta década al completo.






