Es probable que nuestro jefe nos haya dicho que tenemos que mejorar algo, o que un amigo, medio en broma, dice que nuestro hogar está desordenado. Son críticas que, a quien más quien menos, pueden afectarle. La crítica es una parte natural de la convivencia con otras personas, algo habitual cuando trabajamos en grupo, vivimos con amigos o publicamos contenido en redes sociales.
La crítica es inevitable, no podemos pasarnos la vida recibiendo solo opiniones de cinco estrellas, por mucho que intentemos ser perfectos, así que es importante aprender a gestionarlas para mitigar su impacto y encontrar valor a las palabras que no gustan. Independientemente de las intenciones de la persona, puede sentirse como un rechazo. Y aquí es donde radica buena parte del problema.
El poder de la crítica
Como nos explica Claudia Molpeceres Gómez, neuropsicóloga sanitaria en Centro Crece Torrevieja, “las críticas no sientan bien porque, en el fondo, no estamos diseñados para encajarlas con neutralidad”. Dado que es humano querer pertenecer a un grupo, no contar con la aprobación y aceptación de alguien es terrible. “Somos una especie profundamente social: durante miles de años, sentirnos aceptados por el grupo no era cuestión de autoestima, sino de supervivencia. Quien queda fuera del clan corría peligro, y ese mecanismo sigue activo en nuestro cerebro, aunque hoy el ‘clan’ sea la oficina, la familia política o un comentario en redes sociales”, afirma Molpeceres.















