El elector de derechas vota en las autonómicas como si se tratara de unas generales y el de izquierda como si solo se celebrasen unas europeas. Esa es la impresión, a primera vista, de los resultados de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. A partir de ahí, la principal conclusión que se deriva de las cuatro autonómicas celebradas desde diciembre pasado es que la derecha mantiene al alza el pulso electoral del 2023, mientras que el socialismo registra una desmovilización letal que, a día de hoy, el caso Zapatero podría incluso acentuar (de modo que el elector de izquierdas acabase votando en las generales con la misma baja intensidad que en las autonómicas).Naturalmente, el diablo está en los detalles y aunque el desenlace andaluz mantiene una expectativa muy sombría para la izquierda, los matices de cada resultado proyectan escenarios bastante distintos. Sin olvidar que cada elección autonómica está muy condicionada por circunstancias y liderazgos locales. No en vano el mejor resultado del PSOE se ha registrado en Castilla y León, con un candidato autóctono, mientras que solo una de las dos ex ministras ‘sanchistas’ (Pilar Alegría, en Aragón) logró salvar el suelo parlamentario de su partido (aunque, atención, María Jesús Montero se acercó el 17-M al voto absoluto de Susana Díaz en los comicios del 2018).Las cuatro últimas regionales y el impacto del caso Zapatero apuntan, a día de hoy, a una supermayoría de la derecha cercana a los 200 diputadosDe hecho, el factor local resulta determinante en el resultado. Por ejemplo, los mejores porcentajes del PP (y los peores del PSOE) suelen coincidir con los mayores márgenes de ventaja de los candidatos populares sobre los socialistas. En este sentido, los 23 puntos que le sacaba el andaluz Moreno Bonilla a María Jesús Montero en las preferencias presidenciales se corresponden con una ventaja de 19 puntos en porcentaje de voto (y los 16 puntos de ventaja de la extremeña Guardiola sobre el candidato del PSOE se tradujeron en una ventaja porcentual de 17 puntos). En consecuencia, el resultado de las autonómicas nunca puede extrapolarse mecánicamente a las generales.Sin embargo, algunas elecciones regionales sí ofrecen pistas sobre el potencial de movilización de cada fuerza política. Y una de esas pistas es la evolución del diferencial de voto entre las sucesivas autonómicas y entre estas y las elecciones generales. A partir de ahí, Extremadura y Aragón dibujan un estancamiento del PP y un retroceso claro del PSOE, con el atenuante en el caso socialista de que ahora, a diferencia de las anteriores autonómicas, competía desde la oposición. Y con la salvedad en el caso extremeño de que el socialismo presentó el peor candidato posible.Una reactivación del voto socialista potencial y la unidad de la izquierda radical podrían dejar a PP y Vox con 174 escañosEl caso de Castilla y León refleja, en cambio, un fortalecimiento al unísono del bipartidismo. En esa autonomía, el PP ha revelado la solidez de la marca, ya que su candidato y la situación regional presentaban peores indicadores que en las otras tres comunidades que han celebrado elecciones. Por su parte, el PSOE ha demostrado allí su capacidad de aglutinar voto de izquierda y centroizquierda y mejorar los registros del 2022. Y en ambos casos, la extrapolación de ese voto apuntaría a un avance en las próximas generales con respecto a las últimas legislativas.Ahora bien, es en Andalucía donde los populares refuerzan sus posibilidades con vistas a las generales, frente a un PSOE que no acaba de tocar fondo (22,7%), desde el ya pésimo resultado de Susana Díaz en el 2018 (28%). Eso sí, el caso andaluz se ve distorsionado por el extraordinario tirón personal de Moreno Bonilla (y su capacidad de desactivar el voto de centroizquierda), ya que el socialismo viene mejorando en las generales o las locales el resultado de las autonómicas en hasta diez puntos (mientras el PP lo empeora entre cinco y siete).Andalucía registró un récord absoluto del sufragio conservador, pero propulsado por el tirón de Moreno BonillaEs decir, el resultado andaluz no es un predictor fiable, aunque las cifras absolutas sean contundentes: el PP logra en las últimas autonómicas el mejor resultado de su historia (salvo el de las generales del 2011) y el conjunto de la derecha rompe su récord de papeletas, aunque siga por debajo del techo de la izquierda en los comicios generales y autonómicos del 2004 y el 2008. Por su parte, el PSOE mejora en casi 60.000 sufragios su voto absoluto del 2022.En este contexto, y combinando las mejores y las peores extrapolaciones de cada fuerza política, emergen dos escenarios extremos para las próximas generales. El primero, a partir de los resultados más expansivos de la derecha y el previsible impacto del caso Zapatero, genera un desenlace de supermayoría absoluta de PP y Vox (hasta 193 escaños). El segundo parte de una hipótesis óptima de concentración del voto progresista en torno al PSOE, con el requisito de una sola marca en el espacio a su izquierda. Ese escenario dejaría en el aire la mayoría conservadora (con el 47% del sufragio entre populares y ultras). Y justo ese porcentaje podría ser la frontera entre la mayoría relativa y la absoluta.
¿Están decididas las elecciones generales?
Los resultados de las cuatro autonómicas refuerzan a la derecha pero dejaban un resquicio para una mayoría alternativa









