Entre los conflictos bélicos que asolan el planeta, esta década será recordada por una conquista que implica un rediseño del orden mundial: el triunfo de un neofeudalismo liderado por los llamados tecnooligarcas: Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Shou Zi Chew, Sam Altman y compañía. Hay vastos estudios y teorías en la materia, con voces como la del exministro de finanzas griego Yanis Varufakis o el escritor Evgeny Morozov acerca de su ambición. Pero si hoy el conflicto llega a las sobremesas de casa y los círculos sociales más exclusivos no es por la incursión de estos tecnooligarcas en la política y economía –donde ya ocupan lugares de privilegio desde hace años- sino por su último e inesperado objetivo de colonización: la moda.La imagen de Jeff Bezos y su mujer Lauren Sánchez como grandes anfitriones de la Gala Met, tras desembolsar 10 millones de dólares a la causa y con el beneplácito de Anna Wintour, ha sido la gota que ha colmado el vaso. Y es simplemente la puntilla, porque antes de que los neoyorquinos empapelaran la ciudad con carteles de denuncia por la intromisión de Bezos en el gran evento de moda, periodistas y otros profesionales del sector debatían entre desfile y desfile, durante la semana de la moda de Milán, qué hacían Mark Zuckerberg y Priscilla Chan en el front row de Prada. ¿Será que el director ejecutivo de Meta planea colaborar con la firma en el lanzamiento de unas gafas virtuales de lujo o es que, como también se especula con Bezos sobre una posible adquisición de Condé Nast, el magnate quiere coquetear con el grupo de moda italiano?Jeff Bezos junto a su mujer Lauren Sánchez en la Gala Met, evento en el que ejercieron como coanfitrionesKevinMazurLejos de la rumorología otros hechos toman partido en esta invasión del sector tecnológico en el circuito de la moda. Como si se tratara de una versión masculina y real de Demi Moore en La sustancia (2024), Bryan Johnson, el multimillonario que invierte su fortuna en revertir el proceso de envejecimiento, desfiló en marzo para la firma Matières Fécales en el marco de la Semana de la Moda de París. Encumbrado en la pasarela como un superhombre del futuro, Johnson encarna la representación simplista de la voluntad del hombre por desafiar a la naturaleza y evolucionar hacia nuevas realidades. Porque todo lo que tiene que ver con esa idea, la de alcanzar nuevos horizontes físicos, como la Luna, y metafísicos, como la IA o la hibridación del mundo real y el digital, fascinan a una élite.Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta Platforms Inc., con las gafas de realidad aumentada OrionDavid Paul MorrisEs por ese motivo que, aunque los ciudadanos arrugan la nariz cada vez que un tecnooligarca se exhibe por espacios considerados de culto para la moda, como consumidores están completamente fascinados con los wearables y los gadgets, así como con los avances tecnológicos en tiendas y pasarelas. Esta obsesión por moda y tecnología se evidencia en The State of Fashion 2026, un informe liderado por Gemma D’Auria, responsable de la práctica de moda y lujo global de McKinsey & Company, y coescrito por The Business of Fashion. En él se detalla que la IA pasará de ser una ventaja competitiva a una “necesidad empresarial” y afectará no solo a la experiencia de compra a partir de espejos digitales en los probadores y en los self-checkout, sino también en los procesos de producción y a través de cambios en las plantillas.De cara al cliente, los llamados wearables –como las gafas de esquí inteligentes de Oakley o las de Ray-Ban Meta Display– serán tendencia no solo por su utilidad sino por ser consideradas una declaración de estilo. También el ámbito de la belleza, que trabaja mano a mano con la tecnología desde hace décadas, cuenta con innovaciones muy interesantes en lo que se refiere a diagnóstico de IA y a estética regenerativa para la piel a través de exosomas o prebióticos.Un dilema existencialEl porqué de esta incongruencia, por un lado, obedece a la fascinación por el vínculo entre moda y tecnología. Por otro, el rechazo a la incursión de magnates tecnológicos en la industria es en sí mismo el dilema existencial al que nos enfrentamos como especie. “Vamos por partes”, introduce Loana Flores, diseñadora de indumentaria y textil, doctoranda y profesora en el Centro Universitario de Artes y Diseño de Barcelona (BAU). Janelle Monáe en la Gala Met con un Christian Sirano elaborado con musgo, cables y mariposas 3DKevinMazur“La tecnología no es un fin en sí mismo, sino una herramienta. Nos interesa porque nos permite pensar críticamente y preguntarnos para qué desarrollamos determinadas tecnologías y dónde las ponemos”, reconoce. Y, respecto a la presencia de Bezos en la Gala Met, afirma que, además de ser un hecho anecdótico, está alineado con las situaciones sociales que estamos viviendo y la historia de la moda: “Esta industria forma parte de un sistema capitalista, elitista y racista. Es lógico que estas personas tengan interés en capitalizar y masticar este sector, si también se están yendo a Marte. No me parece incoherente con los meta valores que manejan”, añade esta experta en moda y tecnología que hoy lidera un estudio de experimentación centrado en la relación entre prácticas textiles, artísticas y tecnológicas.“La fascinación tecnológica suele quedarse en una capa superficial. Todas sentimos atracción al principio, pero luego hay que profundizar y generar un pensamiento crítico respecto a esos avances. Hay que preguntarse quién desarrolla estas tecnologías, con qué intereses y qué impacto tienen”, resuelve la académica argentina.Bajo una mirada menos reconfortante, la doctora Livia Pinent, antropóloga que investiga la intersección entre la cultura de la moda y la transformación digital, considera que los inversores tecnológicos están cambiando las reglas de la industria y que dichos tecnooligarcas tendrán una enorme influencia en este sector, como ya la tienen en otras industrias. “Una industria de dos billones de dólares representa una oportunidad significativa para las empresas tecnológicas”, advierte. Un vestido de la última colección de IrisVan Herpen, la primera modista que utilizó la impresión 3D en pasarelaPascal Le Segretain/Getty ImagesPara Pinent, la amenaza a la independencia creativa siempre ha existido, y en la década de los noventa ya se vivió algo similar con el auge de la moda rápida. Sin embargo, no son todo malas noticias: “Siempre existen fuerzas creativas despiertas que siguen empujando los límites de nuestra industria. Porque la innovación también debería ser creativa”, asegura la profesora e investigadora del Amsterdam Fashion Institute (AMFI).En la cocina de la innovaciónMientras Zuckerberg, Bezos y Altman realizan presentaciones sin cesar sobre los últimos avances en tecnología y wearables, una auténtica revolución tecnológica toma forma en los laboratorios de las universidades más prestigiosas y los talleres de diseñadores emergentes. Uno de estos referentes es la modista austriaca Flora Miranda, conocida en el sector por desarrollar sistemas de diseño generativo para crear prendas. “Algunas nuevas tecnologías se utilizan por su efecto wow, mientras que otras son invisibles pero estructuralmente importantes. Por ejemplo, clasificar residuos textiles con IA no es algo generalmente visible, pero tiene un impacto muy significativo”, explica. Estilismo de Flora Miranda, conocida por desarrollar sistemas de diseño regenerativo para elaborar prendasCortesía de la firmaEn este sentido, Loana Flores añade que los grandes avances se están dando en materialidades emergentes:“Estamos utilizando los conocimientos de la ciencia de materiales aplicados al textil para entender cómo ciertos tejidos, muchos basados en combustibles fósiles, pueden cambiar hacia materiales de menor impacto”.Las grandes innovaciones de la moda se están cociendo en la trastienda y no de cara al consumidor. Coincide Pinent en que las soluciones verdaderamente transformadoras están ocurriendo de cara a solucionar la sobreproducción mediante IA y diseño 3D. El futuro está aquí.
Revolución tecnológica en la moda: por qué los tecnooligarcas quieren conquistar la pasarela
De Zuckerberg a Bezos, los tecno-oligarcas ya no solo dominan la economía y la política, ahora quieren apropiarse del último gran símbolo de poder









