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Reflexiones sobre el deber serEl encausado se da por vencido y se deja matar.
Franz Kafka, en su novela de ficción El Proceso, en torno a la infamia, la tragedia y el absurdo, narra los infortunios de un individuo que es arrestado a raíz de una sospecha con matices calumniosos. Al detenido no se le informa sobre quién lo denuncia ni sobre el motivo de su arresto, tampoco sobre la supuesta infracción legal o cargos que se le imputan.
Aunque al sindicado se le deja en libertad provisional, debe enfrentar un impredecible proceso penal, secreto e invisible, que se sustancia antojadizamente ante una deshumanizada y arbitraria burocracia judicial, prácticamente bajo una condición de indefensión y desinformación, así como en el contexto de una imposible presunción de culpabilidad, que lo obliga a demostrar inútilmente su inocencia, al mejor estilo de un régimen inquisitorial, bajo el cual el acusado es culpable hasta que no demuestre su inocencia, dentro de un sistema de procedimientos laberínticos, opacos, caóticos e interminables, que le impide ver la luz al final del túnel.












