Gabor Maté sostiene que los traumas de la infancia modelan en buena medida las conductas de adulto. Nacido en Budapest en 1944 en una familia judía, sus primeros años de vida fueron convulsos. Emigrado a Canadá durante la Revolución Húngara de 1956, ha desarrollado una carrera exitosa como médico, conferenciante y escritor experto en adicciones, pero también las ha sufrido, quizás condicionado por esos traumas de la infancia. En 2009 publicó El reino de los espíritus hambrientos. Encuentros cercanos con la adicción, que Capitán Swing acaba de editar en español. Maté atiende a EL PAÍS por videollamada desde Vancouver.Pregunta. ¿Cuál de las historias que cuenta en el libro le impactó más?Respuesta. El de la mujer embarazada del capítulo seis, a la que llamo Celia. Ella ya había dado un bebé en adopción. Después de que se publicara el libro, ese bebé, que para entonces ya era adulta, leyó ese capítulo y se reconoció. Tuvieron contacto, pero luego la hija murió de sobredosis. El segundo bebé, que ahora tiene unos 19 años, también se puso en contacto con su madre. Y, aunque luego lo perdió, Celia apartaba una parte de sus cheques de asistencia social todos los meses para su educación. Ha crecido muy bien. Celia ya no consume drogas y de algún modo está en paz.P. En el libro dice que su trabajo es casi medicina paliativa, porque la mayoría de los adictos que trata no se llegan a curar.R. Es cierto, pero también tengo varios ejemplos de personas a las que les ha ido muy bien, que ya no consumen drogas y que viven vidas muy buenas.P. Así que hay excepciones.R. Hay excepciones, y habría muchas más si tuviéramos un sistema mejor para apoyarlas.P. ¿Qué debería mejorar?R. La premisa es que los drogadictos son malas personas que toman malas decisiones y que, por tanto, deben ser castigadas. Tenemos que abandonar esa idea, porque no son malas personas. Son como el resto de nosotros. Solo han sufrido más, tienen más necesidad de escapar del dolor y consumen drogas. La mayoría de nosotros consumimos algo: alcohol, pornografía, internet, juego, sexo, comida o lo que sea. Ellos consumen drogas, y nosotros los castigamos. Eso tiene que terminar.En segundo lugar, por el trauma que han sufrido, necesitan mucho más apoyo para rehabilitarse. Necesitan que su trauma sea comprendido, escuchado y sanado. Y eso requiere esfuerzo, tiempo y comprensión. Eso falta en gran medida porque la mayoría de los médicos no están formados en ello. Así que necesitamos reeducar a la profesión médica para que entienda la ciencia de cómo el trauma moldea el cerebro y hace más probables las adicciones. Todo el dinero que se destina a meter a la gente en la cárcel debería destinarse a sanar a la gente.P. ¿Cuál es la principal causa de las adicciones?R. La razón principal es el sufrimiento. Todas las adicciones son intentos de escapar del dolor. Y cuanto más sufren las personas, más probabilidades tienen de recurrir a las adicciones como vía de escape. Ahora bien, no todo el que sufre recurre a las adicciones, pero todo el que recurre a las adicciones ha sufrido. Así que la adicción no es la única consecuencia del sufrimiento humano, pero sí una de las principales. P. ¿Hay alguna manera de abordar este problema desde la infancia?R. La prevención debe comenzar en la primera visita prenatal, porque ya sabemos que el cerebro humano se desarrolla en interacción con el entorno, desde el útero. Y cuanto más estresada está o más sufre una mujer embarazada, más negativamente afectará eso al desarrollo cerebral del niño, y hará más probable que luego tenga problemas de salud mental y adicciones. Cuando los médicos nos formamos en atención prenatal, se nos enseña a evaluar la salud física: la presión arterial, los niveles de azúcar, el aumento de peso... Pero nadie nos pide que hablemos con ellas sobre su salud mental, aunque todos los estudios muestran que el estrés en las mujeres embarazadas ya está afectando al cerebro del niño en el útero. La prevención tiene que empezar realmente ahí. Y luego, en las escuelas, hay cada vez más niños con problemas de atención, de conducta. Y la mayoría de las escuelas no entiende que esos comportamientos representan trauma. Así que tienden a castigar a esos niños en lugar de abordar las fuentes de sus conductas. Decirles a los niños que las drogas son malas no es prevención, porque los que escuchan a los adultos no están en riesgo, y los que están en riesgo no escuchan a los adultos.P. ¿Hay una predisposición biológica a la adicción?R. Todo es biológico, pero lo que crea la biología es la vida. La biología humana no está determinada simplemente por la genética; se crea por la acción de las experiencias sobre los genes. P. Algunas de las críticas que ha recibido son por centrarse demasiado en el entorno y muy poco en los genes. R. La ciencia dice que la biología se ve afectada por la experiencia vital. No estoy diciendo que sea biología contra psicología. Estoy diciendo que es biología afectada por la vida. El cerebro es un órgano social: se desarrolla en interacción con el entorno. Puedes tener una semilla de árbol biológicamente perfecta. Pensemos en una bellota: puede ser biológicamente perfecta, pero si la pones sobre la mesa, no crecerá nada de ella. Para que esa bellota se desarrolle biológicamente hasta convertirse en un roble, necesita el entorno. Lo mismo ocurre con el cerebro humano. Necesita las condiciones adecuadas, y si no las recibe, no se desarrollará correctamente.P. ¿Cuánta capacidad de elección tienen realmente las personas adictas?R. En el libro hablo de mis propias adicciones. Yo no era adicto a las drogas, así que no pasaba por un síndrome de abstinencia físico [se definía como adicto al trabajo y a comprar discos de música, en lo que llegó a gastar 8.000 dólares en una semana]. Pero a las personas adictas a las drogas les cuesta mucho tomar decisiones libres porque la compulsión es muy fuerte. Y si dejan las drogas, atraviesan un síndrome de abstinencia terrible. No es que no tengan ninguna elección, pero les resulta muy difícil. Y por eso la pregunta no es solo cuánta capacidad de elección tienen, sino qué podemos hacer para apoyar sus elecciones. P. ¿Cómo le ayudaron sus adicciones a comprender a sus pacientes?R. Cuando estaba con mis pacientes, veía en mí mismo todo lo que veía en ellos, aunque no en el mismo grado. Yo fui mucho más afortunado que ellos. Mis adicciones eran respetables. Pero el efecto sobre mi familia fue muy negativo. El efecto sobre mí fue muy negativo.P. ¿Cómo superó sus adicciones?R. En cierto momento tuve que decidir qué quería: si quería la adicción o quería mi relación [sentimental]. Y, en segundo lugar, finalmente aprendí que no importa cuánto obtengas de fuera, ya sea dinero, discos, música, fama o cualquier otra cosa externa: nunca, nunca llena el vacío interior. Ese vacío es mío y tengo que ocuparme de él, en lugar de intentar llenarlo desde fuera. Pero llevó mucho tiempo.P. ¿Por qué la guerra contra las drogas ha fracasado?R. Si la intención es detener el consumo de drogas o detener el tráfico de drogas, sabemos que es un fracaso. Empeora cada año. Pero si la intención es mantener los beneficios de los cárteles de la droga; si la intención es aumentar el poder del Estado, militarizar las fuerzas policiales, ejercer más control sobre la población, mantener intacto todo el sistema legal en el que jueces y abogados ganan muchísimo dinero con la guerra contra las drogas, entonces es un gran éxito. Así que depende. Ahora bien, ¿por qué es un fracaso respecto a sus intenciones declaradas? Porque malinterpreta por completo la naturaleza de la adicción. Parte de la idea de que las adicciones son malas decisiones que toma la gente y cosas así. P. ¿Cree que la legalización de las drogas sería una condición necesaria para tratar las adicciones?R. La despenalización del uso personal es necesaria, como en Portugal. No me refiero a la legalización. No creo que deba haber tiendas que vendan heroína o cocaína. No creo que se deba permitir venderlas como los cigarrillos o el alcohol. Pero despenalizar el consumo de drogas y ofrecer tratamiento en lugar de castigo me parece esencial.P. ¿Cree que ahora estamos en peor posición en términos de adicciones que cuando publicó el libro?R. En los últimos años, cada año han muerto por sobredosis más del doble de estadounidenses que en Vietnam, Irak y Afganistán juntos. Así que sí, estamos peor. Además, si observa las condiciones que preceden a las adicciones, como los problemas de salud mental en la infancia, los problemas de atención, los problemas de conducta, las autolesiones, la ansiedad, la depresión, esas cifras están aumentando en todo el mundo. Y eso no se debe a una explosión genética, porque los genes no cambian en 10, 20, 30, 50 ni siquiera 100 años. Es porque la sociedad está más estresada, más aislada, y muchos más niños están sufriendo daños.P. ¿Así que en unos años tendremos más personas adictas, no solo a drogas?R. Sí. Y este [señalando el móvil] es un foco de adicción para mucha gente. P. Hay cierta controversia entre sus colegas sobre hablar de adicción cuando nos referimos al teléfono, las redes sociales o el smartphone.R. Ojalá mis colegas conocieran la ciencia. Permítame definirle una adicción: se manifiesta en cualquier conducta en la que una persona encuentra alivio o placer temporal y, por tanto, la desea con ansia, pero luego sufre consecuencias negativas y no la abandona. Así que, ya sea cocaína o juego, la gente sufre. Ya sea comprar compulsivamente o consumir heroína, la gente sufre. Ya sea pornografía o adicción al sexo, la gente sufre. Ya sea bulimia o metanfetamina, la gente sufre. Ya sean autolesiones o fentanilo, la gente sufre. No estoy comparando todos los grados de sufrimiento, no estoy diciendo que sean todos iguales, pero todos tienen las mismas características: una conducta que te da placer o alivio temporal, luego sufres y no la abandonas. El segundo punto es que, si se observa el cerebro, intervienen los mismos circuitos. Si se mira a los adictos al juego o a los adictos a la pornografía, son los mismos circuitos de dopamina los que están implicados en esas adicciones que en cualquier otra adicción. Así que, incluso biológicamente, estamos hablando de los mismos sistemas cerebrales. P. Entonces, todo esto se aplica también a las redes sociales o a los smartphones.R. Sí, se aplica. De hecho, estas cosas están diseñadas para elevar los niveles de dopamina, que es lo que hace la cocaína.
Gabor Maté, médico: “Fui mucho más afortunado que mis pacientes, mis adicciones eran respetables”
Conferenciante y escritor experto en adicciones, acaba de publicar en España ‘El reino de los espíritus hambrientos’














