A José Luis Izquierdo, más conocido como Mago More, la vida le obligó a detenerse y a escucharse. A los 39 años le diagnosticaron una artritis psoriásica que puso en jaque su salud y le hizo replantearse por completo su estilo de vida. Comenzó entonces un largo camino de aprendizaje: cambió su alimentación, incorporó el entrenamiento de fuerza, aprendió a respetar el descanso y decidió buscar las causas de la enfermedad en lugar de conformarse con aliviar los síntomas. Al mismo tiempo, criar a su hijo Marcos, con parálisis cerebral, terminó de darle una perspectiva completamente distinta sobre el dolor, la fragilidad y lo verdaderamente importante.Hoy sigue hablando de productividad, pero ya no para enseñar a hacer más cosas en menos tiempo. Habla de vivir mejor. De cuidar el cuerpo porque, como recuerda citando a Jim Rohn, “es el único lugar donde vas a vivir toda la vida”. De aceptar que “cuando hay lo que hay, hay lo que hay”. Y de comprender que la verdadera productividad quizá consista en dedicar tiempo a aquello que da sentido a la vida. Salud, propósito, longevidad, aceptación y una serena reflexión sobre la muerte se entrelazan en una conversación que demuestra que, a veces, las mayores adversidades terminan convirtiéndose en nuestros mejores maestros.¿Cómo empezó su interés por la salud? ¿Hubo algún momento que le cambiara la vida?A los 39 años me diagnosticaron una artritis psoriásica y fue un golpe muy duro. Yo era mago, trabajaba con las manos, y hubo una época en la que no podía ni levantar un brazo para afeitarme. Caminaba con dolor, me cambiaban las plantillas constantemente y nadie daba con lo que tenía. Cuando por fin llegó el diagnóstico, decidí que no quería limitarme a convivir con la enfermedad.¿Qué hizo entonces?El médico me recetó corticoides y metotrexato, y quiero dejar claro que no tengo absolutamente nada en contra de la medicina. Si necesitas un tratamiento, hay que tomarlo. Pero yo sentía que debía ir un paso más allá y entender qué estaba provocando aquello. No quería resignarme a medicarme para siempre sin buscar la causa.¿Encontró esa causa?Fue un camino largo, de muchos años, muchas lecturas y muchos médicos. Descubrí que tenía problemas intestinales, SIBO, disbiosis y una intoxicación por mercurio. Fui cambiando hábitos, aprendiendo y escuchando a profesionales muy actualizados. Hoy tengo 55 años, no tomo medicación, no tengo dolor y hago una vida completamente normal. La artritis sigue ahí, pero la inflamación es tan baja que ni la noto.¿Qué aprendió de todo ese proceso?Que la mayoría de la gente quiere la pastilla, pero no quiere cambiar sus hábitos. Y lo entiendo, porque cambiar cuesta muchísimo. Pero también aprendí que el paciente tiene que implicarse. El médico puede ayudarte y acompañarte, pero hay una parte de la responsabilidad que nadie puede asumir por ti.Si tuviera que resumir todo lo que ha aprendido en cuatro hábitos, ¿cuáles serían?Lo tengo clarísimo: entrenamiento de fuerza, alimentación, sueño y meditación o respiración consciente. Curiosamente, antes ponía la alimentación en primer lugar, pero hoy creo que el ejercicio de fuerza está incluso por delante. Después viene comer bien, dormir ocho horas y dedicar unos minutos al día a bajar revoluciones.El sueño es el gran reparador del organismo y, sin embargo, lo sacrificamos continuamenteMago More¿Qué cambio le costó más incorporar?En un primer momento, la alimentación. Nadie nos enseña a comer. Cuando el primer especialista me dijo que eliminara el gluten, el azúcar y otros alimentos, pensé: “¿Y ahora qué como?”. Cambiar la manera de alimentarte no se hace en una semana; puede llevar años. Pero cuando notas cómo responde tu cuerpo, ya no quieres volver atrás.¿Es partidario de prohibirse alimentos para siempre?Soy partidario del equilibrio. Si un día estás en una boda y comes un postre, no pasa nada. El problema es convertir la excepción en la norma. Nos justificamos diciendo “un día es un día”, pero al final ese “un día” acaba siendo todos los días. Ahí es donde empiezan muchos problemas.Ha dicho en varias ocasiones que dormir es incluso más importante que comer bien. ¿Por qué?Porque cuando no duermo, no doy pie con bola. El sueño es el gran reparador del organismo y, sin embargo, lo sacrificamos continuamente. Todos ponemos despertador, pero casi nadie pone un “acostador”. Nos preocupamos mucho por la hora a la que nos levantamos y muy poco por la hora a la que deberíamos acostarnos.Lee tambiénVivimos en una época obsesionada con hacer más. ¿También hemos olvidado descansar?Nos cuesta muchísimo parar. Yo recomiendo algo muy sencillo: salir a pasear sin el móvil. Parece una tontería, pero hay personas que son incapaces de hacerlo porque necesitan estímulos constantes. Aprender a estar un rato contigo mismo también forma parte de la salud.Lleva años enseñando a miles de personas a gestionar mejor su tiempo. ¿Qué significa realmente ser productivo?Mucha gente cree que la productividad consiste en correr más rápido dentro de la rueda del hámster, y es justo lo contrario. Para mí significa hacer más con menos esfuerzo y dedicar ese tiempo que ganas a lo que realmente importa. Si la tecnología o la inteligencia artificial te ahorran una hora de trabajo, no es para seguir llenando la agenda. Es para vivir mejor.La longevidad está de moda. ¿Qué significa para usted envejecer bien?Yo lo resumiría en una idea muy sencilla: no se trata de vivir más años, sino de llegar bien a ellos. Una vez, me dijeron algo que no he olvidado: “La vida es como un viaje entre Madrid y Barcelona; si vas más rápido, llegas antes”. Desde entonces intento frenar ese envejecimiento. Mi objetivo no es vivir cien años, sino retrasar todo lo posible el momento en que empiecen los dolores y la pérdida de autonomía.Mucha gente cree que la productividad consiste en correr más rápido dentro de la rueda del hámster, y es justo lo contrarioMago More¿La verdadera longevidad es conservar la funcionalidad?Para mí la longevidad es poder levantarte del suelo sin ayuda, mantener la movilidad y seguir disfrutando de la vida. En mi gimnasio hay un hombre de 72 años que hace dominadas y sube la cuerda. Él dice que es normal. Yo le respondo: “Dime cuántos amigos de tu edad hacen lo mismo”. Eso es envejecer bien.Más allá del ejercicio o la alimentación, ¿qué otros pilares sostienen una buena vida?Yo hablo de cuatro grandes áreas. La primera es la salud. La segunda, el trabajo o la estabilidad económica, porque vivir angustiado tampoco ayuda. La tercera son las relaciones personales: la familia y los amigos. Y la cuarta es el desarrollo personal, seguir aprendiendo toda la vida. Cuando una de esas patas falla, el equilibrio se resiente.Habla de aprender. ¿Es una forma de mantenerse joven?Sin ninguna duda. Me encanta una frase atribuida a Séneca que dice que una buena vejez necesita un huerto y una biblioteca. Me parece maravillosa. Necesitamos mover el cuerpo, pero también mantener la curiosidad. Seguir aprendiendo, leyendo y haciéndonos preguntas mantiene vivo el cerebro y también las ganas de vivir.En las llamadas zonas azules siempre aparece otro factor: las relaciones sociales.Y no es casualidad. Solemos fijarnos en que comen bien o caminan mucho, pero olvidamos que viven muy conectados con los demás. La familia, los amigos, sentir que perteneces a una comunidad... Todo eso protege muchísimo. Creo que cuidar las relaciones es tan importante como cuidar la alimentación.También se habla mucho del propósito. ¿Ha encontrado el suyo?Me costó tiempo entenderlo, pero hoy tengo claro que he venido a ayudar a las personas. Lo hago dando conferencias, escribiendo o haciendo reír, pero el fondo siempre es el mismo. Si consigo que alguien salga de una charla con más herramientas para vivir mejor, siento que estoy haciendo aquello para lo que he venido.¿Ayudar a los demás también acaba siendo una forma de ayudarse a uno mismo?Totalmente. Parece muy altruista, pero en el fondo también es un acto egoísta, porque cuando ayudas, te sientes mejor tú. Hace poco estaba comiendo con personas a las que admiro muchísimo y me di cuenta de que, después de toda una vida de éxito, todas habían acabado dedicándose a mejorar la vida de otros. Cada una desde su ámbito, pero todas habían llegado al mismo lugar.El autocuidado no es egoísmo; es la condición necesaria para poder estar al servicio de los demásMago More¿Qué le diría a alguien que siente que ha perdido el rumbo?Que deje de obsesionarse con encontrar un gran propósito y empiece por hacer algo útil para otra persona. Hay gente que tiene dinero, éxito y reconocimiento, pero se siente profundamente vacía. He visto cambiar vidas simplemente porque alguien empezó a dedicar unas horas a la semana a acompañar a personas que lo necesitaban. A veces el propósito no se encuentra pensando; se encuentra actuando.¿Ese propósito empieza por cuidarse uno mismo?Claro. Hay una imagen que utilizo mucho: la mascarilla de oxígeno en un avión. Primero tienes que ponértela tú y luego ayudar al de al lado. Si tú no estás bien física o emocionalmente, difícilmente podrás cuidar de nadie. El autocuidado no es egoísmo; es la condición necesaria para poder estar al servicio de los demás.¿La adversidad también puede acabar siendo una oportunidad para crecer?Estoy convencido. Nadie quiere que le pase algo malo, pero cuando ocurre tienes dos opciones: instalarte en la queja o preguntarte qué puedes aprender de esa situación. La artritis me obligó a cuidar mi salud. Y mi hijo Marcos, que tiene parálisis cerebral, me ha enseñado una forma completamente distinta de mirar la vida. Convivir con él te cambia la escala de valores. Hay problemas que dejan de parecer problemas. Aprendes a disfrutar de las pequeñas cosas, a relativizar y a aceptar que la vida no siempre reparte las cartas que uno habría elegido. La enfermedad y Marcos han sido, sin duda, mis grandes maestros.Lee tambiénHabla de aceptar lo que no podemos cambiar. ¿Le ha costado llegar hasta ahí?Muchísimo, pero he entendido que luchar contra la realidad solo genera sufrimiento. Hay una frase que repito constantemente: “Cuando hay lo que hay, hay lo que hay”. Si no puedes cambiar los hechos, cambia tu manera de enfrentarte a ellos. Ahí está la diferencia entre vivir enfadado con el mundo o vivir en paz.¿Recuerda algún momento en el que pusiera realmente en práctica esa filosofía?Sí. Hace poco tuve un accidente de coche. Otro vehículo me golpeó por detrás y quedó destrozado. La conductora estaba llorando, convencida de que yo me iba a enfadar. Lo único que hice fue tranquilizarla. ¿De qué sirve enfadarte? El coche ya estaba roto. Hay cosas que no puedes cambiar. Lo único que decides es cómo reaccionas.¿Por qué nos cuesta tanto aceptar aquello que escapa a nuestro control?Porque gastamos muchísima energía intentando cambiar los hechos en lugar de cambiar nuestra actitud. Los estoicos ya lo explicaban hace más de dos mil años y sigue siendo igual de actual. La queja no resuelve nada. Siempre digo que es como una mecedora: te mantiene en movimiento, pero no te lleva a ninguna parte.Nos han enseñado a vivir la muerte como un fracaso, cuando es la única certeza que compartimos todos; el problema es llegar a ella con miedoMago MoreDespués de todo lo que ha vivido, ¿ha cambiado su manera de entender la muerte?Muchísimo. Conocer a Enric Benito, un médico que lleva décadas acompañando a personas en sus últimos días, me ha enseñado que la muerte forma parte de la vida. Él suele decir que, cuando la verdad entra en la habitación, cambia la energía. Nos pasamos años evitándola, cuando quizá deberíamos aprender a hablar de ella con más naturalidad. He visto personas despedirse con una serenidad que impresiona y eso te hace replantearte muchas cosas.¿Cree que tenemos demasiado miedo a morir?Sí. Creo que nos han enseñado a vivir la muerte como un fracaso, cuando es la única certeza que compartimos todos. El problema no es la muerte; es llegar a ella con miedo, con culpa o con asuntos pendientes. Cuando haces las paces contigo mismo y con los demás, la perspectiva cambia por completo.Usted y su mujer conviven, además, con una realidad especialmente difícil...Sí. Sabemos que, por la condición de Marcos, existe la posibilidad de que sobreviva menos años que nosotros. Ningún padre está preparado para pensar que quizá tenga que despedir a un hijo. Esa idea te obliga a convivir con la incertidumbre desde hace mucho tiempo. Y, paradójicamente, también te enseña a valorar muchísimo más el presente.Después de todo lo que ha vivido, ¿qué significado tiene hoy la palabra felicidad?Para mí, la felicidad no es que todo salga bien. Es acostarte tranquilo, sabiendo que has intentado hacer las cosas lo mejor posible, que has querido a los tuyos y que has ayudado a alguien. La vida me sigue trayendo problemas, claro, pero ya no dejo que me roben la paz.
Mago More, 55 años: “Tener artritis psoriásica y un hijo con parálisis cerebral me ha enseñado lo que de verdad importa en esta vida”
Conferenciante y divulgador sobre productividad, lleva años enseñando a miles de personas a gestionar mejor su tiempo y su vida a través del humor, tras ser diagnosticado de artritis psoriásica a los 39 años y la experiencia de criar a su hijo, Marcos, que sufre una parálisis...











