Laura Reyes MadridActualizado Domingo,

mayo

21:30En Teor�a de los escaparates, el escritor �lvaro Fierro (Madrid, 1965) dibuja una distop�a ambientada en Insomnio, un pa�s imaginario sometido al HiperTestamento: una constituci�n absoluta que rige el destino de vivos y muertos, y que regula desde las acciones hasta las leyes de la f�sica y la bioqu�mica. Ah�, el relato se despliega en colosales pabellones donde cientos de creadores son condenados a jornadas interminables para redactar acontecimientos que, inevitablemente, terminar�n por suplantar la propia realidad.�Es un mundo al que llegan, despu�s de la muerte, literatos de todas las �pocas para colaborar en un proyecto burocr�tico con el que Plat�n busca materializar su visi�n del mundo perfecto. Sin embargo, la historia no sucede en la antig�edad, sino en el presente: un espacio donde la escritura se pervierte y los protagonistas, en lugar de narrar, dictan �rdenes�, explica el autor.En este experimento, los participantes permanecen bajo la estricta tutela de la Oficina de la Ortodoxia y el Centro Forense de Investigaci�n de los Escritores In�tiles, encargados de fiscalizar una dieta exclusiva de libros y erradicar el delito de la originalidad. Sin embargo, el orden peligra: un grupo de sectas po�ticas intentan derribar el sistema mediante �atentados gramaticales� que reivindican la met�fora frente a la precisi�n.La idea de la novela naci� mientras Fierro caminaba por las calles de Madrid y se detuvo ante un peculiar escaparate: un tenedor, coronado como un rey, aparec�a rodeado de cucharas a modo de s�bditos. En ese instante, el autor comprendi� que �las vitrinas comerciales funcionan como un g�nero literario�. Una forma de comunicaci�n donde, m�s all� del objeto expuesto, opera una ret�rica fascinante que �podr�a traducirse a trav�s de las ideas de Plat�n�.En un universo donde la poes�a est� prohibida, los escritores han renunciado a su creatividad y hablan una �unilengua�, Jesucristo regresa como un genio de la ingenier�a y la estad�stica para habitar un mundo que ya no reconoce. Su misi�n no es divina, sino terrenal: la Iglesia ha fracasado y la fe necesita una reforma. �Ni amamos, ni perdonamos, ni actuamos conforme a los preceptos del cristianismo. En la novela, Jes�s ha perdido la comunicaci�n con Dios y la capacidad de hacer milagros�.Fierro plantea una alianza imposible: el griego intenta persuadir al Mes�as para que abrace su doctrina. �Tanto la filosof�a como la religi�n han sido los grandes discursos de la historia. Sabemos c�mo respondieron ambos personajes a los conflictos de su �poca, pero desconocemos c�mo actuar�an frente a los problemas de hoy. Yo he intentado traer a Plat�n y a Cristo a la actualidad, con sus pretensiones, contradicciones y �xitos�.El escritor 13.456, encargado de redactar los discursos de Plat�n, abandona su papel secundario al enamorarse de una mujer envuelta en misterio. La trama entrelaza a grandes pensadores como S�crates y Arist�teles con los personajes concebidos por el autor para responder una pregunta esencial: ��qu� pasar�a si la vida nos concediera m�s tiempo? El gran motivo del libro es la muerte. La literatura tiene el deber de recordarnos que el cambio es posible, precisamente porque los seres humanos no tenemos remedio y siempre buscamos excusas: aunque nos concedieran m�s horas, har�amos lo mismo�.De forma paralela, el autor presenta el segundo tomo de esta trilog�a, Jesucristo MMMDCCXVII, que explora �las ruinas de la teolog�a para convertir el dogma en s�mbolo, la par�bola en lenguaje y los milagros en iron�a�. En esta nueva entrega, el Hijo de Dios propone el Sant�simo Cuarteto para facilitar el tr�nsito de los pecadores hacia la virtud.Aunque la obra se desarrolla en el terreno de la ficci�n, dialoga constantemente con la vida cotidiana. �Los partidos pol�ticos y las grandes corporaciones no utilizan la palabra para comunicar, sino como una herramienta de persuasi�n destinada a moldear nuestra conducta. Yo invito al lector a poner en marcha su imaginaci�n, porque las p�ginas conducen hacia un descubrimiento personal�, concluye Fierro.