Cuando Javier Calvo y Javier Ambrossi vieron a Xavier Dolan en el escenario del Gran Teatro Lumière de Cannes tuvieron la premonición de que ese premio era el suyo. El director de Mommy, uno de los más jóvenes en ganar premio en Cannes y, como ellos, icono queer y referente para las nuevas generaciones de cineastas LGTBI, anunciaba el premio a la Mejor dirección. Por si fuera poco, Penélope Cruz, que Calvo dice que tiene “algo de brujita” le había dicho: “Os van a dar uno de los importantes”. Fue así. Dolan y Diego Céspedes, como miembro del jurado (cada uno queda responsable de decir un ganador), fueron los que anunciaron que ese galardón era “para los increíbles Javis” por La bola negra. Un premio que fue compartido con una leyenda del cine europeo, Pawel Pawlikowski, que por Fatherland se llevaba un galardón que ya había conseguido por Cold War.

Poco después de haber subido al escenario, Javier Calvo y Javier Ambrossi atendían a la prensa española. Se fundieron en un abrazo con todos. No podían contener la emoción y la compartían con quiénes les habían acompañado estos días en donde la locura por La bola negra se había desatado. Su carta de amor a Lorca a través de tres historias entrelazadas en diferentes tiempos se convirtió en pocos días en un de los fenómenos del festival, donde mucha gente se preguntaba de dónde habían salido estos jóvenes que habían puesto todo patas arriba y habían convertido a Penélope Cruz en una cupletista animando a las tropas en la Guerra Civil.