Retratos Contempor�neosLos directores Javier Calvo y Javier Ambrossi presentan en el Festival de Cannes 'La bola negra', una pel�cula creada a partir del esbozo de una obra de teatro que Federico Garc�a Lorca dej� sin desarrollar y donde propon�a la visibilizaci�n de la homosexualidad en un tiempo dif�cil para esas valent�as Javier Ambrossi y Javier Calvo, Los Javis, en el Festival de Cannes.APActualizado Domingo,

mayo

10:15En medio del fuego fatuo de la actualidad, dos tipos se sientan a pensar en Federico Garc�a Lorca y sienten que ellos tambi�n tienen algo que decir sobre el poeta espa�ol al que m�s toneladas de palabras le ha echado encima el siglo XX. Las cuatro p�ginas de un borrador incipiente titulado Bola negra, donde Lorca esboz� el arranque de una obra de teatro con la historia de un hombre homosexual en la Espa�a de los a�os 30 del siglo XX, sirve de suelo a Javier Calvo y Javier Ambrossi para armar la pel�cula que aplaude la gente del Festival de Cannes con 20 minutos de palmas. Entre los 35 y los 41 a�os, la edad que tienen, est�n ya en lo alto del cine europeo. Calvo tiene a�n edad para encontrar historias en el fondo de un calimocho. Ambrossi parece la parte del binomio que no se sale de madre. Ambos suman un talento vibrante y aprendieron pronto a ponerse el mundo por montera, que es la mejor transgresi�n cuando un gorila domina los pulsos del planeta.Los Javis, pues as� se publicitan como empresa, desprenden un cierto alborozo con un puntico de locura. Contra la intensidad del cenizo y el ciclorama sulf�rico de las redes sociales, ellos traen otra forma de contar desde una suave espontaneidad trabajada con esmero para ser tomada en serio. Desde el peque�o disparate de Paquita Salas a la gloriosa La Mes�as, sin olvidar la compasi�n de Veneno, han asentado una manera de mirar las cosas con sello propio sumando al esteticismo, del que hacen marca y oficio, un desfile de figuras descoyuntadas. El cine de Los Javis es una ducha en el infierno. De La bola negra dicen que es otra puerta de entrada para indagar en la homosexualidad que Federico Garc�a Lorca empezaba a destapar en su escritura. Lo asesinaron en agosto de 1936, con 38 a�os, y no dio tiempo a m�s. Pero dej� esos cuatro folios y Alberto Conejero, m�s de 70 a�os despu�s, dej� una pieza de teatro sobre el �ltimo amor grande de Lorca, Rafael Rodr�guez Rap�n, y por ah� Los Javis se han hecho el sitio. Conejero es un escritor de teatro excepcional, el m�s personalmente lorquiano de entre los de su tribu, el m�s vivamente po�tico de los dramaturgos, de los m�s sabios al trastear con los asuntos de la memoria, el olvido, la identidad. Ha coescrito el guion de la pel�cula con Los Javis para contar las tres historias de unos hombres a los que el mundo, de alguna manera, se les rompe en pedazos.En el Madrid de los a�os 20 del siglo XXI, Los Javis representaron durante los a�os de su noviazgo el esp�ritu de una fiesta interminable conectada con La Movida, aquella generaci�n con r�tulo que en los 80 desat� una libertad creadora (inflacionada con la nostalgia y el paso de las d�cadas) que ellos quieren masticar 50 a�os despu�s sin miedo a que el entusiasmo se les vaya de las manos. Tienen a Almod�var como �nico dios verdadero, el cineasta que dio forma al rompecabezas de aquel momento donde todo era posible y en igualdad de condiciones compet�an la democracia y la hero�na. El territorio de Los Javis es ya otro sin renunciar a la lentejuela. Ellos mismos aprendieron a ser su mejor espect�culo. La noticia de su separaci�n recorri� las revistas, las redes y la primera p�gina de los peri�dicos con ecos de sainete melodram�tico. Meses antes hab�an exhibido una felicidad de barrio residencial y en algunos v�deos daban raz�n de unas Nocheviejas que invocaban el esp�ritu del Gran Gatsby, aunque sea en una parcela pagada a escote de Pozuelo de Alarc�n. Como sea, leen estupendamente este tiempo y saben dar de s� lo que la fama necesita: chismes, carcajada, terciopelo. El alpiste exacto para que no decaiga la gama de colores detonantes. Y todo esto impulsado desde el fondo de una inteligencia creativa que tiene su gracia porque sabe exactamente cu�ndo conviene salirse de madre.Los Javis tambi�n se presentan como un ant�doto contra la solemnidad apocal�ptica del presente (sobran los motivos). Como si toda seriedad fuese un simulacro, ellos despliegan un hedonismo capaz de sulfatar a cuantos se acerquen con intenci�n de bajar el volumen de la m�sica en la discoteca. Y en medio del ruido que generan hacen un cine pensado preferentemente para alumbrar antes que adornar, para gritar m�s alto lo que por tanto tiempo hubo que callar, para dar dimensi�n moral a realidades por las que otros, Federico Garc�a Lorca, fueron asesinados. Lorca, puntualmente, por poeta, por rojo y por maric�n. Los Javis tambi�n son un s�ntoma: la salida del armario de un cine que prefiere escapar del per�metro del nicho para hacerse grande y denunciar, y no dejar pasar, y ser algo m�s que un artefacto visual para un rinc�n de confidencias. La bola negra viene, por lo que cuentan, como un libelo po�tico con alguna herencia involuntaria de Jean Cocteau. Est�n tocando su gran bautismo de gloria por esta pel�cula. Imagino que sufren los zarpazos de la envidia, pero a�n ser� peor si llega el d�a en que no son envidiados. Qu� dif�cil acertar en esta vida. A medida que aprendieron a hacer cine se fueron montando una leyenda de hermosa frivolidad y el desmadre pod�a ser una categor�a. Qu� singular apuesta la de estos dos t�os, su reivindicaci�n, su alegr�a por fuera, su manera de tomar asiento en primera fila para ver mejor el desfile de criaturas da�adas o descaradas que luego pasar�n a ser su cine. Por un momento ser moderno en Espa�a es decir adem�s que te gustan Los Javis.