“España tiene muchas historias de amor enterradas en los campos”. La frase, tan triste como hermosa, se escucha casi al final de La bola negra, en uno de los momentos más emocionantes de la esperadísima película de Javier Calvo y Javier Ambrossi, una carta de amor a Federico García Lorca, a la importancia de la memoria histórica y un homenaje a todos los amores disidentes a los que el franquismo no permitió existir. “Habría que arañar la tierra” para que salgan a la luz, se oye en la película, y eso entronca directamente con lo que decía Leonard Cohen, que no entendía cómo los españoles no escarbábamos con nuestras propias manos para encontrar los huesos del poeta, que a día de hoy siguen sin desenterrarse en una de las heridas más grandes de la historia de nuestro país.

La bola negra es una película ambiciosa hasta el límite, algo sorprendente para ser una segunda película. Pero hay en ella, y eso es lo importante, mucho corazón. Se nota que Javier Calvo y Javier Ambrossi han cogido de alguna forma el legado de ese Lorca que, con su obra inacabada, de nombre La bola negra, colocaba por primera vez un personaje homosexual para que los que vinieran después de él pudieran entender que no estaban solos. La filmografía de los Javis está atravesada por ese mismo espíritu. Desde La llamada a La mesías, pasando por supuesto por Veneno, les han dicho a la gente queer que su cine es un refugio. Que siempre estará el arte para entenderles. Como hacía Lorca.