De pequeño, la película El efecto mariposa me dejó clavada una idea inquietante y enquistada: que un gesto mínimo, casi invisible, podía alterar por completo el curso de una vida. Años después, esta teoría del caos se deja entrever, no en las alas de una mariposa, sino en el cuerpo rojo y negro de una hormiga reina.El contrabando de hormigas se ha convertido en un negocio lucrativo en África Oriental. Su destino principal son China, Estados Unidos y Europa, donde algunos ejemplares alcanzan precios de alrededor de 80 euros cada uno. “Cuando vi lo que estaban pagando por estas reinas, me quedé completamente atónito”, recuerda el entomólogo keniano Dino Martins.“Los tigres del mundo de las hormigas”Una sola hormiga reina puede llegar a venderse por 200 eurosEn Europa, el interés por estas hormigas no es precisamente marginal. En páginas especializadas, una sola reina puede llegar a venderse por 200 euros. Aunque muchas aparecen marcadas como “no disponibles”, conseguirlas resulta cada vez más sencillo para quien tiene los contactos adecuados, según Ryan, un francés de 25 años que pidió ser identificado solo por su nombre de pila.En Europa el interés por estas hormigas no es marginal ya que una sola hormiga reina puede llegar a venderse por 200 euros“Son grandes y audaces. Son los tigres del mundo de las hormigas”, dijo Martins a AFP. El entomólogo conoce bien a la especie que ahora se encuentra en el centro de una inesperada trama internacional de contrabando: la Messor cephalotes, una hormiga cosechadora gigante que fascina a coleccionistas de todo el mundo.Martins lleva cuarenta años visitando sus nidos. Sabe que en cada uno vive una sola reina: la fundadora de la colonia, una madre que pudo haber iniciado su imperio subterráneo hace cuatro o incluso seis décadas. Por eso, cuando supo que miles de reinas estaban siendo arrancadas de sus nidos y enviadas al extranjero dentro de jeringas y tubos de ensayo, el impacto fue inmediato.El Dr. Dinos Martins admirando los refugios de las hormigas reina en las afueras de Nairobi AFPEl caso salió a la luz en Kenia el año pasado, cuando dos adolescentes belgas fueron detenidos con casi 5.000 hormigas reina. Las autoridades los acusaron de “biopiratería”, una palabra que empieza a ocupar un lugar turbio en el vocabulario de la conservación. En un país históricamente marcado por la lucha contra el tráfico de marfil y pieles, los investigadores temen ahora una nueva forma de furtivismo: menos visible, más pequeña, pero igualmente lucrativa, centrada en insectos, reptiles y plantas raras.Lee tambiénLa juez del caso no ocultó la gravedad con la que veía el asunto. En su resolución comparó la captura masiva de las hormigas con la trata de esclavos. “Imaginen ser arrancados violentamente de su hogar y encerrados en un contenedor con muchos otros como ustedes…”, escribió. A los jóvenes belgas se les impuso una multa cercana a los 8.000 dólares. Sin embargo, a medida que han aparecido nuevos casos, las penas se han endurecido. El mes pasado, un ciudadano chino fue condenado a un año de prisión por intentar traficar con 2.000 hormigas.Hace una década, una sola reina podía costar hasta 1.000 eurosRyanAntiguo compradorPara Ryan, la atracción por estos insectos es difícil de explicar. Las describe como “hipnóticas”. Buscaba las cosechadoras más grandes y terminó comprando un kit de iniciación con una reina y 12 obreras por 450 euros a un vendedor autorizado. Le pareció “muy razonable”: hace una década, asegura, una sola reina podía costar hasta 1.000 euros. Pero la fascinación no fue suficiente. La colonia resultó demasiado difícil de criar y acabó regalándola.La ausencia de hormigasUn efecto más grande de lo que pareceComo ingenieras de ecosistemas, los nidos de hormigas crean una estructura en el paisaje que asegura que el agua de lluvia se filtre en el suelo y esté disponible para las plantas. De esta manera, las hormigas desempeñan múltiples funciones de las que dependen tanto los humanos como el ganado, incluyendo las vacas, y la fauna silvestre. Sin estas hormigas, no existiría la sabana.Las hormigas cosechadoras gigantes no son una rareza aislada. Se encuentran desde el Mediterráneo hasta el Cabo y trabajan casi las 24 horas del día, recolectando y cortando hierbas para alimentar a sus larvas. Su organización, resistencia y disciplina han cautivado a los seres humanos durante siglos.Pero esa fascinación tiene ahora un reverso peligroso. En cada reina extraída no desaparece solo un insecto: desaparece una colonia posible, una red de túneles, una cadena de alimento, una pequeña arquitectura subterránea que sostiene otras formas de vida. Quizá el efecto mariposa no siempre empieza con unas alas batiendo en el aire, en esta ocasión, comenzaría con una hormiga arrancada de la tierra.Nico Escorcia trabaja en el departamento de video de La Vanguardia desde 2019. Especializado en entrevistas y reportajes
La hormiga de 200 euros: el nuevo botín del contrabando en África Oriental
En Europa el interés por estas hormigas no es marginal ya que una sola hormiga reina puede llegar a venderse por 200 euros










