La sexualidad de las personas jóvenes es uno de los territorios donde más ansiedades colectivas se proyectan. A la vez que en los últimos años han emergido amplios debates sobre el consentimiento, la diversidad y el placer, de un tiempo a esta parte han crecido las conversaciones en torno a la sensación generalizada de cansancio -también afectivo-, y sobre cómo algunas personas son incapaces de sostener su atención fuera de las pantallas y otras, sobre todo mujeres, están un poco cansadas del trabajo que supone entablar relaciones en un mundo tan desigual.PublicidadLas personas jóvenes pertenecen a unas generaciones que quizá nunca habían tenido tantas posibilidades para explorar su sexualidad, su deseo y su curiosidad. Ello no impide que, aun así, lo experimenten con nuevas inseguridades, exigencias, imperativos y perversidades."Exceso de prescripciones""La sexualidad de las personas jóvenes hoy no está en crisis por falta de libertad, sino por exceso de prescripciones", sostiene la sexóloga Aitzole Araneta, miembro de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología. "El problema comienza cuando no escuchamos a los jóvenes lo que necesitan, a lo que les da miedo enfrentarse, cuando no les prestamos atención, y solo nos fijamos en datos", considera.Quizá la primera cuestión que debiera plantearse tiene que ver con hasta qué punto los adultos observan la sexualidad juvenil desde el pánico moral. Inma Martínez Moreno, de Iniciativa Sexológica y Acción Social (INSEX), plantea que "hablar de jóvenes y sexualidad es, casi siempre, hablar de miedos. Miedos de personas adultas que observan con inquietud cómo crecen quienes vienen detrás". Frente a esa mirada inquisitorial, la sexóloga Martínez Moreno propone dejar a un lado lo que les ocurre a los jóvenes para interesarse por su contexto, del que en buena medida son responsables los adultos.Y el contexto contemporáneo está dominado por la hiperestimulación. Pantallas, notificaciones, aplicaciones de citas, vídeos breves, pornografía en streaming, algoritmos de validación emocional. Todo sucede demasiado rápido. La atención salta constantemente de un estímulo a otro y esa lógica termina filtrándose también en el espacio de lo erótico y la sensualidad. "La lógica del scroll infinito -siempre hay algo nuevo, siempre hay o puede haber algo mejor- se traslada con naturalidad a las relaciones", argumenta Martínez Moreno. "El low cost ha llegado", de este modo, "al deseo", que ahora parece ser todavía más "rápido, sencillo, desechable". No parece casualidad que muchas terapias de pareja comiencen hoy por apagones digitales, aunque sean parciales.PublicidadEl deseo tiene sus propios tiempos, pero las condiciones materiales y tecnológicas actuales parecen organizarse exactamente en dirección contraria. Araneta advierte de que "cuando el deseo queda atrapado en estímulos rápidos, pierde el espesor temporal y afectivo que requiere un encuentro real, siempre más lento, incierto y vulnerable"."El porno no educa, excita""Tinder me causa pavor porque estás viendo a gente como si fuese una tienda de ropa y guiándote por el físico", relata una de las personas de entre 18 y 30 años que ha dado su opinión a Público. Otro confiesa que cuando era usuario de la aplicación llegó a pagar para saber quién le había dado like y medir así "si valía para estar con X o Y personas". Pocas dudas quedan a estas alturas de que apps funcionan como mecanismos de construcción y destrucción de la autoestima.Hay algo particularmente brutal en esa lógica algorítmica aplicada al deseo y es justamente esa sensación permanente de estar siendo evaluadas, de ser elegibles, intercambiables. "¿Cómo vas a definir a una persona en x caracteres?", se pregunta una de ellas. Otro señala que en aplicaciones como Grindr abundan perfiles que especifican "no gordos", "masculinos", "solo grandes", "no afeminados", que reproducen jerarquías corporales que le hacen sentir extremadamente violentado.PublicidadEn paralelo, la pornografía ocupa un lugar sí o sí que hay que considerar. Si bien varios especialistas cuestionan que convertirla en la única gran culpable ayude realmente a comprender el problema. "El porno no educa, excita", resume Martínez Moreno. "Sus lógicas son las del mercado, no las de Eros", continúa. Araneta, en la misma línea, insiste en que el problema radica más bien en "la falta de otros relatos eróticos que reconozcan la dimensión afectiva, torpe, no espectacular del encuentro erótico".Llama la atención el retroceso ideológico que parecen haber experimentado series como Euphoria, que en su día fue especialmente transgresora y referente. Y no solo por sus maquillajes fantasía, sino por cómo relataba los intereses sexuales de las jóvenes. En la recién estrenada tercera temporada, sin embargo y como ha señalado la sexóloga y divulgadora Mara Mariño, el aura de la serie parece haber sufrido una regresión. Su director ha considerado que "el culmen de las veinteañeras" es "tener un Onlyfans, que lleven un local de striptease, ser una sugar baby"... Algo que, a juicio de Mariño, "no es rompedor".Y, como suele afirmar el sexólogo Alejandro Villena, "todo tiene consecuencias". Erick Pescador, sociólogo y sexólogo especializado en masculinidades y prevención de violencia machista, asegura que cada vez encuentra más hombres jóvenes con dificultades para excitarse fuera de los parámetros estéticos aprendidos en internet. "Cualquier tipo de estimulación convencional o incluso la propia vida real y no la ficción que abundan en pantallas no les produce excitación", afirma.'Incels', 'femcels' y rivalizaciones constantesPuede que pocas cosas retraten mejor la época que la aparición de comunidades enteras organizadas alrededor del sentimiento de haber quedado fuera del mercado afectivo. Incels y femcels -considerados célibes involuntarios masculinos y femeninos- han convertido la frustración sexual, la soledad y el resentimiento en toda una identidad política y estética. En esos espacios digitales, caracterizados por el anonimato y las dinámicas de cámara de eco, el deseo ha sido colonizado por la lógica neoliberal de la competitividad que busca con cierta desesperación un enemigo al que culpar del propio sufrimiento."Para mí es muy sintomático el caso de Rosalía, ¿no?", dice Pescador. "Por una parte, progresivamente las mujeres se van acercando hacia un modelo incel que no cuestiona el patriarcado tradicional, que no cuestiona las formas de control sobre la sexualidad de las mujeres, sino que sencillamente las aparta de tener relaciones sexuales con hombres por decisión", reflexiona. Otro ejemplo, recuerda, es "lo que está sucediendo en Corea del Sur con el movimiento de las cuatro B, donde muchas mujeres deciden, jóvenes y no tan jóvenes, dejar de relacionarse con hombres porque no les compensa". Hay una "brecha de contenidos" en lo que se refiere a la concepción de la sexualidad.Pescador habla de un momento en el que la sexualidad está constantemente acelerada, donde la capacidad de atención erótica se fragmenta, se desregula. Incluso describe casos de jóvenes que, cuando mantienen relaciones sexuales, necesitan proyectar imágenes pornográficas mentalmente para mantener la excitación. El especialista cuestiona ese factor de dependencia, no la práctica en sí, porque ello supone -a su juicio- que "no estás con la persona, sino con la proyección de lo que para ti es el deseo".Este contexto general hace que los cuerpos estén sometidos a una presión estética antes inédita. Pescador menciona el incremento de operaciones genitales y la proliferación de modelos corporales imposibles reforzados por filtros, edición digital y cultura pornográfica. El deseo ya no se organiza alrededor del encuentro con otro sujeto también deseante, sino alrededor de la comparación y rivalización constante con cuerpos irreales.PublicidadEs difícil a estas alturas no haberse vuelto locas. Araneta plantea que incluso en espacios que buscan relaciones más éticas y conscientes emerge una "autocensura del deseo": miedo a desear "mal", a sentirse atraído por determinados cuerpos o a no encajar con ciertos discursos políticos. "El problema surge cuando los discursos convierten el deseo en un examen moral permanente", añade. Es decir, también la ampliación de posibilidades relacionales que abarcan las disidencias y que van desde el poliamor hasta determinadas formas de sexualidad kinky o no monógama conviven con sus propias presiones.Parejas jóvenes bloqueadas La sexualidad contemporánea parece atrapada entre la expansión infinita de nuevas formas de sentir amor y placer, y unas exigencias cada vez más literalmente visibles que no dejan de taladrar a la chavalería. Ya no basta con tener relaciones. Ahora hay que comunicarse perfectamente, conocer todos los códigos emocionales, explorar constantemente, deconstruirse, disfrutar siempre, innovar; en definitiva, rendir. ¿Acaso la antigua moral represiva ha cambiado de forma?Algunas sexólogas empiezan a detectar precisamente que de cuantas más palabras nos dotamos para pensar el sexo y más central parece haberse vuelto la vida erótica dentro de la construcción identitaria, mayor es también la ansiedad asociada al momento del encuentro. Parejas jóvenes afirman sentirse profundamente bloqueadas por unos estándares "muy elevados e irreales" sobre cómo deberían habitar su sexualidad.Publicidad"La obligación de disfrutar, de tener una vida sexual activa, divertida, distinta, diversa, de probar cosas nuevas continuamente y exponerlas como señal de modernidad puede ser tan represiva como lo eran en otras épocas otros mensajes", señala Martínez Moreno. "Los deberías y los tienes que siguen estando ahí", advierte.Y, al mismo tiempo, ha germinado otra concepción del placer, especialmente entre muchas mujeres jóvenes. Algunos testimonios recogidos por este medio dan cuenta de ese desplazamiento: "Por primera vez en mi vida, tengo la confianza como para hacer lo que me gusta de verdad", confiesa una joven. "Si algo no me gusta, no lo hago; y si algo quiero hacerlo, lo puedo pedir en un ambiente que sé que no se me va a juzgar", expresa.De este modo, el imaginario que han elaborado teorías feministas y disidencias sexuales ha tensionado profundamente el modelo de sexualidad tradicional. Y, con ello, la masculinidad patriarcal. Pescador sostiene que muchos hombres jóvenes heterosexuales viven con frustración el hecho de que las mujeres ya no acepten determinados modelos sexuales centrados exclusivamente en el deseo masculino. "Se han bajado del privilegio y les toca, por primera vez, tener en cuenta a la persona que tienen delante", afirma.De ahí que fenómenos aparentemente dispares, como el auge de discursos incel, la proliferación de masculinidades reaccionarias, movimientos femcel, el retorno de ciertas estéticas románticas o victorianas, el éxito de formatos televisivos hipersexualizados formen parte en realidad de una misma conversación cultural.PublicidadEl deseo no existe al margen de las condiciones de vidaTambién hay algo profundamente material atravesándolo todo. La precariedad económica modifica la forma de amar. Araneta señala que "la inestabilidad económica, la ansiedad por el futuro y la dificultad para proyectar vidas sostenibles afectan directamente a la manera de vincularse". El deseo no existe al margen de las condiciones de vida. El agotamiento, la sobrecarga mental, la imposibilidad de imaginar futuro o de sostener espacios propios también erosionan la experiencia erótica.Por eso, varios especialistas cuestionan la idea simplista de que las parejas jóvenes que tienen menos sexo estén necesariamente "fracasando". "El deseo casa mal con la obligación", recuerda Araneta. Además, plantea que muchas veces seguimos reduciendo el sexo exclusivamente a lo coital y penetrativo, dejando fuera otras formas de intimidad y erotismo.Quizá una de las preguntas que habría que hacerse es qué entendemos hoy por sexualidad satisfactoria. Porque gran parte del discurso contemporáneo parece seguir organizado alrededor de una lógica productivista basada en la cantidad de encuentros, la intensidad, la innovación, el rendimiento o la disponibilidad constante. Frente a ello, varios de los testimonios de jóvenes reivindican algo mucho menos espectacular; mucho más relacionado con la lentitud, la comunicación, el juego y también la posibilidad de aburrirse juntos."Las relaciones se construyen en el tiempo", señala Martínez Moreno. "La erótica necesita tiempo, no el encuentro veloz y descartable que propone el mercado, sino el encuentro entre dos personas que se miran, se reconocen, que se eligen", opina la sexóloga.
La sexualidad de la Generación Z a examen: entre la hiperestimulación, la ansiedad y la búsqueda del deseo propio
Los jóvenes pertenecen a una generación con una gran amplitud de posibilidades para explorar su sexualidad, deseo y curiosidad.










