El Palacio de Justicia, situado en el corazón de Damasco, fue el escenario de una venganza esperada por muchos sirios: los responsables de los crímenes del régimen de Bashar el Asad por fin se sientan en el banquillo. Más de un año después de la caída del dictador y el ascenso al poder de los islamistas de la Organización para la Liberación del Levante (HSTS, en sus siglas en árabe), el nuevo aparato estatal sirio se apresura a juzgar a los líderes de una extensa red de cárceles donde las torturas eran trato habitual.Se calcula que más de 100.000 personas desaparecieron durante los 14 años de guerra civil en estas prisiones, cuyos cuerpos siguen sin identificar en fosas comunes de todo el país. Miles de antiguos presos describen cómo el régimen hacinaba decenas o centenares de ellos en pequeñas celdas sin espacio para sentarse; donde, en lugar de comida, recibían azotes o palizas por parte de los carceleros.Sin embargo, la Comisión Nacional para la Justicia Transicional -organismo establecido en 2025 por el nuevo poder sirio- se enfrenta al reto de juzgar a un régimen que se desvaneció por completo la mañana del 8 de diciembre de 2024. Bashar el Asad, heredero de un régimen que sobrevivió 54 años, huyó a Moscú en un avión privado. Junto a él, otros altos cargos utilizaron su influencia y fortuna para salir de Damasco antes de que los rebeldes llegaran a la capital.Por el momento, el único de ellos que se ha sentado frente al tribunal es Atef Najib, exgeneral de brigada y antiguo jefe de la Seguridad Política en la provincia sureña de Daraa, además de primo de Bashar el Asad. Najib compareció por primera vez hace tres semanas acusado de “crímenes contra el pueblo sirio”, según informó la agencia estatal SANA. Vestido con uniforme de prisión y sentado dentro de una jaula metálica negra en el centro de la sala, se convirtió en el primer rostro visible del aparato represivo del antiguo régimen en ser juzgado dentro de Siria.Su nombre ocupa un lugar central en la memoria colectiva del país. En 2011, cuando estallaron las primeras protestas de la Primavera Árabe, Najib dirigía los servicios de seguridad en Daraa, ciudad considerada la cuna de la revolución siria. Allí, varios adolescentes fueron detenidos y torturados después de pintar consignas contra el Gobierno en el muro de una escuela, entre ellas “El pueblo quiere la caída del régimen” y “Doctor, te toca a ti”, en referencia a Bashar el Asad, oftalmólogo de formación. La brutalidad contra los menores y la posterior represión de las manifestaciones desencadenaron una ola de protestas que acabó derivando en una guerra civil de 14 años.En las listas de acusados figuran también el propio Bashar y su hermano Maher el Assad, antiguo comandante de la Cuarta División Acorazada, una unidad de élite acusada durante años de asesinatos, torturas, extorsión y tráfico de drogas. Ambos serán juzgados en ausencia, ya que Rusia, antigua aliada del régimen, no ha accedido a extraditarlos.En el exterior del Palacio de Justicia, decenas de personas celebraban el inicio del proceso judicial entre cánticos y fotografías de familiares desaparecidos. Baraa Abdulrahman, portavoz del Ministerio de Justicia, aseguró que el juicio representa “un momento importante para la independencia judicial, la transparencia y la rendición de cuentas”.Entre los demandantes se encontraba Ramez Abu Nabbout, cuyo hermano murió cuando las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra manifestantes frente a la mezquita Omari de Daraa, uno de los símbolos del levantamiento sirio. “Era un civil y una persona pacífica, pero Atef Najib recibió a los manifestantes pacíficos con disparos”, afirmó. “Esperamos que sea condenado rápidamente y reciba la pena más severa, la pena de muerte”.La caída del dictadorBashar y Maher el Asad, entre los acusados que han huído de SiriaEl Gobierno interino encabezado por Ahmed el Sharaa había sido criticado durante meses por la lentitud en la puesta en marcha del prometido proceso de justicia transicional. En las últimas semanas, sin embargo, las autoridades parecen haber acelerado la persecución judicial contra figuras del antiguo aparato represivo.Días después del inicio de los juicios, las fuerzas de seguridad arrestaron a Amjad Youssef, exagente de inteligencia identificado en un vídeo filtrado hace cuatro años en el que supuestamente aparecía participando en la ejecución de decenas de prisioneros encapuchados y esposados en el barrio damasceno de Tadamon, una de las matanzas más documentadas de la guerra siria.Con este proceso, Siria busca cerrar heridas de una guerra civil que dejó más de un millón de muertos y millones de desplazados que nunca regresarán a sus hogares. Aun así, el nuevo gobierno ha sido criticado por, según asociaciones de derechos humanos, protagonizar matanzas contra minorías religiosas y por imponer nuevas leyes de corte islámico.La diferencia, sin embargo, es que la Siria de El Sharaa se ha librado de las sanciones de una comunidad internacional encantada de recibirle como un jefe de Estado más. Se espera que el exrebelde, quien llegó a dirigir Al Nusra -la rama Siria de Al Qaeda-, acuda a Suiza para la reunión del G7. Mientras, en redes sociales, el líder farda de nuevos amigos: “Algunas reuniones dejan huella; la nuestra, al parecer, dejó fragancia. Gracias, señor presidente Donald Trump, por su generosidad y por reponer este valioso regalo”, aseguró el presidente sirio en agradecimiento por el regalo de un perfume con olor a una Siria que ya no está entre rejas.Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo