Dos líderes ancianos luchan por salir de las desastrosas guerras en las que ellos mismos llevaron a sus países. Ninguno de los dos lo está logrando. Cuando el presidente ruso Vladimir Putin lanzó su invasión a gran escala de Ucrania a principios de 2022, su objetivo era provocar un cambio de régimen en Kiev y declarar la victoria en cuestión de días; no una “guerra”, sino una “operación militar especial”. De manera similar, cuando el presidente estadounidense Donald Trump lanzó un ataque frontal contra Irán, su objetivo era provocar un cambio de régimen en Teherán y declarar la victoria en cuestión de días; no una “guerra”, sino una “incursión”. Ambos hombres tomaron la decisión de iniciar una guerra sin seguir el proceso habitual de planificación política, y mucho menos considerar todas las posibles consecuencias y efectos secundarios. Putin había permanecido aislado durante la pandemia de COVID-19, leyendo la historia del antiguo imperio ruso. Cuando llegó el momento, impuso su “operación militar especial” en el Consejo de Seguridad de Rusia, sin tolerar disidencia alguna. El funcionario más directamente responsable del caso de Ucrania se opuso, pero su objeción fue desestimada y posteriormente dimitió.