La política está llena de paradojas. Resulta que personajes, hechos y dichos que parecen distantes, tienen una similitud
La política está llena de paradojas. Resulta que situaciones, personajes, hechos y dichos que parecen distantes, contrarios entre sí, tienen una sorprendente similitud. Lo que uno atacó termina defendiéndolo cuando está en otra posición. Esto sucede a menudo cuando se pasa de la oposición a gobernar. Los dichos como opositor comienzan a perseguir al gobernante alegándole congruencia. Quien está en política forzosamente experimenta cambios: va de la mentada de madre en la plaza a la firma de la política restrictiva en la oficina. Salvo el caso de López Obrador que nunca abandonó la mentada de madre, sino que la hizo política pública.
Por supuesto, el ejercicio del poder conlleva un desgaste natural que se agrava con las situaciones que no están en el control de quien está al frente del gobierno: los desastres naturales, el reacomodo ideológico y geopolítico en el mundo, las guerras, las epidemias, son factores que alteran por completo el camino trazado en los planes originales. Cuando se presenta ese tipo de eventos, verdaderas calamidades para los gobernantes, suelen marcar los gobiernos en un antes y un después. Naturalmente, gran parte de lo que pase en el después depende de la reacción que instrumente el gobernante frente a la adversidad. Tratar un tema espinoso, complicado o trágico como si fuera un asunto cotidiano es la vía segura al desastre. Eso se sabe, pero por más que así sea y se documente -como en el libro La marcha de la locura de Barbara Tuchman- sigue sucediendo. Nadie experimenta en cabeza ajena.










