Mientras Rodrigo de Loredo acelera su despliegue territorial entre Córdoba Capital y Río Cuarto y evita hablar de la interna, el radicalismo con tonada se encamina a transitar el mismo infierno que marcó su última crisis. La disputa por el control del partido amenaza con terminar en Tribunales.

La avanzada de presión de Marcos Ferrer por la prórroga de mandatos en la conducción partidaria encendió una nueva guerra interna en la UCR provincial, donde conviven dos tensiones que empiezan a cruzarse rumbo a 2027: la renovación de autoridades y la estrategia de alianzas, con el factor Milei calando hondo.

El Mundial activará una pausa. Luego, admiten propios y extraños en el centenario partido, “la política se acelerará”. Y en ese escenario, la UCR volverá a asomarse al riesgo de atravesar “el mismo infierno” que en 2025: una interna feroz, operaciones cruzadas y una judicialización para limar al poder deloredista.

El detonante es la movida de Ferrer para reunir avales de comités departamentales y sectores aliados con el objetivo de habilitar una prórroga de mandatos que vencen a fines de septiembre. El argumento es económico y político: “No hay plata para una interna provincial”, dicen los deloredistas, y reafirman: “Intendentes y dirigentes del interior no quieren las internas”.