El presidente chileno, pese a sus propias resistencias, con el ajuste reconoce el error original de la conformación de su equipo de Gobierno, que estuvo en manos de su amigo y asesor, Alejandro Irarrázaval
En el día 69 de su mandato, el presidente José Antonio Kast, pese a su fuerte resistencia, dio su brazo a torcer y realizó el martes su primer cambio de Gabinete. Fue el más rápido desde el retorno a la democracia, en 1990. No estaba en sus planes y, durante semanas, pese a las críticas privadas y públicas no solo desde la oposición, sino desde el oficialismo, tuvo que remover a su ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, que tenía en sus manos llevar adelante la principal promesa de Kast: controlar la delincuencia. De paso, el mandatario aprovechó de cambiar a su ministra portavoz, Mara Sedini, menor en importancia, pero con una gestión igualmente problemática. No era parte del diseño cambiar tan pronto a miembros de su equipo y lo reconoció el mismo Kast al anunciarlo: “No era lo que tenía pensado para esta etapa”. Fue una decisión difícil para un mandatario que basó sus tres campañas a la Presidencia (2017, 2021 y 2025, la que ganó) y sus primeros meses de Gobierno en un diagnóstico absoluto y sin matices sobre lo que se supone que le hace falta a Chile y quieren los chilenos, como si cometer errores y reconocerlo fuese digno de los principiantes que los antecedieron.










