Mientras el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán disminuye la tensión mundial, el estrecho de Ormuz sigue siendo el centro de la energía global.
Por esta angosta vía marítima circula el 20% del petróleo y gas natural licuado que se consume en el mundo, y sus bloqueos intermitentes han encarecido el crudo hasta estabilizarlo cerca de los US$100 por barril. No obstante, surge la pregunta: ¿Cuánto durará esta calma?
En América Latina, que está geográficamente distante del lugar del conflicto, se siente el impacto directo: los precios de los combustibles y los alimentos se disparan. Pero en medio de la crisis, algunos países de la región podrían encontrar oportunidades.
No se trata de “ganadores” en sentido estricto, advierten los especialistas, sino de naciones que, por sus recursos, pueden cosechar beneficios temporales o estructurales. El mundo, impulsado por el miedo a un cierre total de Ormuz, busca diversificar su suministro energético.
Es en este ámbito donde aparece Sudamérica. Según un análisis de Rystad Energy, con el barril a US$100 la región podría añadir 2.1 millones de barriles diarios hacia el 2035.















