El legado de este Barça campeón alcanza ya lugares imposibles. Las montañas Rwenzori, en la frontera de Uganda y Congo, es uno de los lugares más recónditos de África. No es fácil llegar allí: para alcanzar sus cumbres, con cimas de más de cinco mil metros, hay que atravesar durante varios días bosques, selvas, muros de bambú y ciénagas de fango negro salpicadas de una vegetación endémica, única en el planeta. Apenas mil personas escalan sus cumbres cada año, lejos de las 50.000 que visitan el Kilimanjaro en la vecina Tanzania, y sus laderas conservan todavía secretos imposibles. Es un lugar tan alejado del mundo que en sus bosques vive el leopardo de las Rwenzori, un animal esquivo del que se han visto huellas y sombras, pero que jamás ha sido grabado ni fotografiado. Nunca.En ese lugar apartado se celebró también ayer la enorme victoria del Barça de ayer.Las jugadoras blaugrana han llegado al corazón de decenas de miles de culés de todo el mundoHace unos días, cuando visitaba aquel vergel vertical, me topé con Gilbert Kule, hijo de cazadores y sobre todo el más culé de todos los guías que trabajan en aquella esquina perdida del mundo. Al conocer nuestro amor compartido, celebramos juntos la Liga del Barça masculino y lamentamos la eliminación de la Champions contra el Atlético, pero entonces Gilbert se revolvió con orgullo: “Bueno, las chicas la ganarán”, vaticinó.Alexia Putellas sostiene la Copa de Europa Bernadett Szabo / ReutersEn 25 años como corresponsal en África, he vivido como, poco a poco, los éxitos del Barça femenino se filtran por el continente entre los seguidores blaugrana africanos con una mezcla de orgullo y felicidad. Normalmente ocurría en ciudades, con amigos bien conectados, pero el orgullo por el Barça femenino de Gilbert en las Rwenzori señala un horizonte nuevo. Jamás habría imaginado que un día me encontraría en una zona rural y recóndita de la frontera congolesa a un chico ugandés enamorado del juego de Alexia, Salma, Aitana, Pajor, Paredes o Mapi León.Ese es el legado de este Barça eterno, que ayer ganó brillantemente la cuarta Champions para el club. La leyenda de este equipo, capaz de borrar del mapa en una final a un equipazo como el Lyonnes, hace años que conquista el mundo y enamora a los culés en cualquier lugar del planeta.Ayer el Barça fue un equipo conmovedor que se sacó de cuajo la espina de Lisboa y respondió con emociones. Porque fue emocionante ver la soberbia actuación de Cata Coll para sostener al equipo cuando las dudas arreciaban, en un partido brillante que recordó a la exhibición de Valdés contra el Arsenal hace 20 años, o el colmillo de Pajor o Salma que destruyeron al equipo francés en una segunda parte maravillosa, que tradujo sobre el césped el “salid y disfrutad” de Cruyff.Y fue emocionante también porque la final perfecta cierra con un broche de oro merecido la trayectoria en el club de jugadoras que serán siempre eternas como Mapi León o, posiblemente, Alexia Putellas.No sé si la once blaugrana levantó ayer por última vez una Champions con el Barça, pero sí que en estos años de éxitos ha conseguido algo extremadamente valioso: abrir camino. Ayer con ella levantaron la copa cientos de miles de niñas más.Esa es su herencia y el legado de este Barça de las emociones: haber llegado donde parecía imposible. A unas montañas perdidas de África o al corazón de decenas de miles de culés de todo el mundo. Gracias eternas.Licenciado en Periodismo y eterno estudiante de Ciencias Políticas. Amante de las maletas improvisadas y de abrir bien los ojos al viajar, tengo predilección por África y sus gentes
Este Barça alcanza lugares imposibles, por Xavier Aldekoa
El legado de este Barça campeón alcanza ya lugares imposibles. Las montañas Rwenzori, en la frontera de Uganda y Congo, es uno de los lugares más recónditos de África. No es fácil llegar allí: para alcanzar sus cumbres, con cimas de más de cinco mil metros, hay que atravesar...







