Benito Antonio Martínez Ocasio, Bad Bunny. Puertorriqueño de 32 años, su carrera arrancó apenas hace 10 y es el músico contemporáneo que más rápido ha acelerado de la nada al todo. Hace un parpadeo era un adolescente medio ‘nerd’ que llenaba las bolsas a los clientes en un súper. Hoy es el músico número uno del mundo y se ha convertido en el antagonista pop de Donald Trump. Abandera el orgullo latino frente al enemigo de los latinos. Viene de conquistar con un show, en su bello español boricua, el centro de la cultura de masas estadounidense, la Super Bowl. El apetito que despierta es tan grande que en España ha vendido más de 600.000 entradas para 12 conciertos, primero dos en Barcelona (22 y 23 de mayo), luego una decena en Madrid (entre el 30 de mayo y el 15 de junio). La gira lleva el nombre de su último álbum, ‘DeBÍ TiRAR MáS FOTos’. Y estas son sus claves. Bad Bunny establece el nuevo orden en la música mundialBenito Antonio Martínez Ocasio es un boricua que canta en español de Puerto Rico y reivindica sin concesiones su tierra, su lengua y los sonidos latinos. Ha logrado hacer rentable una apuesta tan arriesgada como es plantarle cara al imperioAsí es la gira de Bad BunnyLa estrella latina redefine el concepto de macrogira y convierte DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour en un fenómeno global en el que se mezclan la identidad boricua, una apabullante producción de estadio y una estética que combina referencias a Humacao, ritmos de salsa clásicos y una puesta en escena inmersivaNuevaYol: así es el Nueva York puertorriqueño En los años setenta, los puertorriqueños llegaron a representar el 10% de la población de Nueva York. Pero mientras la diáspora buscaba sus orígenes, también florecían términos peyorativos como el de nuyorican. Hoy la ciudad sigue teniendo una fuerte influencia boricua que se percibe en restaurantes, salas de música y festejosLa ley del 'jangueo'Las noches caribeñas en Madrid y Barcelona van más allá de los conciertos de Bad Bunny. En estos locales, janguear —el salir a dejarse llevar por la fiesta, el baile y otras fuerzas centrífugas— forma parte de la rutina. La diáspora puertorriqueña ha recreado en ellos un pedacito del hogar que no está tan atrás.