El apelativo “Don Tomás” sale con frecuencia, en un tono respetuoso, cuando se habla con personas ligadas a los negocios de Tomás Olivo. Este empresario murciano (Fuente Álamo, 76 años), que es una de las mayores fortunas de España gracias a su imperio de centros comerciales, acaba de llegar a un acuerdo para comprar la histórica sede de Telefónica en el 28 de Gran Vía de Madrid. Aunque Olivo ha aparecido también en los medios de comunicación a lo largo de los años debido a que se ha visto salpicado en varias ocasiones de polémicas judiciales, principalmente ligadas al caso Malaya de corrupción urbanística en Marbella, del que salió absuelto. Olivo, hijo de republicano que estuvo a punto de ser fusilado en la Guerra Civil, comenzó a trabajar de niño en su pueblo vendiendo por las tardes pasteles y carne de la tienda de una tía suya. A los 12 años se fue a trabajar a Barcelona y con los ahorros compró un tractor. A los 17 años se incorporó a la mili como voluntario en Cartagena. Allí cambió su vida.Haciendo la mili tuvo la oportunidad de comenzar a hacer movimientos de tierras para un gran proyecto. Así empezó su actividad en obra civil, se fue asociando con empresas como Entrecanales (actual Acciona) para diferentes obras y se trasladó a Tarragona a construir una refinería, donde le pilló la muerte del dictador Francisco Franco. También construyó pantanos y más de 50 centros comerciales para marcas como Pryca (actual Carrefour) o Alcampo.Olivo es lo que se suele denominar como un empresario hecho a sí mismo, desde esos orígenes más humildes hasta convertirse en la sexta persona más rica de España, con un patrimonio de 4.600 millones de euros, según calculó Forbes recientemente. Ha sido dueño de compañías de maquinaria, canteras, de obra pública y civil y de actividades inmobiliarias.En los años noventa llegó su etapa más polémica como empresario al aterrizar en Marbella. En la localidad malagueña comenzó a realizar obras en la etapa de Jesús Gil como alcalde. Juan Antonio Roca, uno de los cabecillas del caso Malaya y gerente de urbanismo de la ciudad, había sido empleado suyo. Olivo fue detenido y juzgado, pero salió absuelto. También pasó por los juzgados cuando su exesposa la acusó de maltrato y finalmente la Audiencia Provincial de Málaga le condenó a siete meses de cárcel por ese delito.En esa Marbella del gilismo de los años noventa se movía como pez en el agua. En esa época le convencieron para comprar unos terrenos donde construir el centro comercial La Cañada, inaugurado en 1997 y uno de los complejos de tiendas más rentables a día de hoy en España. Fue su primer centro de los 11 con los que cuenta actualmente a través de su sociedad General de Galerías Comerciales (GGC). A través de esta compañía, el empresario facturó el pasado año 209,8 millones y ganó 170,4 millones.Una persona que le conoció en aquella época del gilismo le describe como “un tío echao pa’lante en todos los sentidos”, también en el sentimental, ya que ha tenido varias parejas estables. Otro directivo del sector del ladrillo que también le veía en aquellos años le describe como “un empresario inmobiliario de los de antes” y con gran olfato para la compra de terrenos. En Granada tuvo otro conflicto judicial, esta vez con la Junta de Andalucía, que le paralizó durante varios años la construcción del centro comercial Nevada Shopping. Aunque fue condenado con varios meses de cárcel por ocupar zonas verdes, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía le dio la razón en 2014 y sentenció que la Junta debía pagarle una indemnización de 165 millones.Sus intereses económicos también han ido a proyectos fuera de España, como República Dominicana, y a las finanzas, ya que es el mayor accionista privado de Unicaja, de la que controla alrededor del 5% del capital.A pesar de su edad, sigue trabajando y vive entre Marbella y Madrid. En la actualidad, GGC continúa con varios proyectos de centros comerciales. Uno de ellos es Infinity, el que será el complejo más grande de Valencia, tras haber adquirido el año pasado el suelo. Igualmente está levantando un centro en el barrio madrileño de Valdebebas y está llevando a cabo la tercera ampliación de La Cañada de Marbella.GGC cotiza en Bolsa, en el mercado BME Growth, con una capitalización de más de 4.200 millones. Olivo controla el 99,5% de esa empresa, en la que ha incluido a tres de sus hijas en el consejo de administración. El empresario es padre de nueve vástagos.El acuerdo de compra del edificio de Telefónica que se conoció el jueves, por más de 200 millones, no significa que la transacción esté finiquitada. Esta operación está muy ligada a los posibles cambios de uso del inmueble, que actualmente dispone de uso dotacional privado y está protegido. La sede de la operadora se construyó entre 1926 y 1929, convirtiéndose en el edificio más alto del país hasta que se construyó el Edificio España en 1953 en la cercana Plaza de España. Además, se diseñó como el primer rascacielos de estilo moderno, a semejanza de los levantados en Nueva York. Así lo quería el entonces accionista de la operadora, la estadounidense ITT, quien encargó el proyecto al arquitecto Ignacio Cárdenas.Para conseguir una iniciativa rentable, Olivo tendrá que convencer al Ayuntamiento de Madrid (PP) del proyecto (que todavía no se conoce) para el histórico inmueble, aunque todos los expertos consultados indican la dificultad de aprobar un cambio de uso. Olivo tiene ya su edificio icónico en cartera, pero la relevancia del inmueble invita a pensar que en esta ocasión tendrá muchos ojos vigilando sus movimientos en plena Gran Vía de Madrid.
Don Tomás, el empresario hecho a sí mismo que compra la histórica sede de Telefónica
Tomás Olivo es una de las personas más ricas de España gracias a su empresa de centros comerciales y ha vivido varias polémicas judiciales











