Manuel Mart�n Mart�n SevillaActualizado S�bado,

mayo

13:05Ciclo: Andaluc�a Flamenco / Espect�culo: 'Yerbag�ena (Oscuro brillante)' / Idea original, direcci�n art�stica, coreograf�a y baile: Eva Yerbabuena / Composici�n, direcci�n musical y guitarra: Paco Jarana / Cante: Miguel Ortega, Antonio el Turry, Manuel de Gines y Sebasti�n S�nchez / Percusi�n y electr�nico: Daniel Su�rez / Percusi�n y baile: Jos� Manuel Ramos, alias El Oruco / Lugar y fecha: Teatro Central. 22 de mayo de 2026.CALIFICACI�N: ***Quince meses despu�s de que ocupara el proscenio del jerezano Teatro Villamarta, desembarca en Sevilla este montaje de Eva Yerbabuena donde la bailaora, de nuevo, recurre a la coexistencia de dos aspectos -complementarios u opuestos, seg�n se mire-, a fin de explicar una propuesta que la proyecta sobre la idea de que "nada existe en estado puro ni tampoco en absoluta quietud".Los cambios con su llegada a Sevilla han sido notorios y convincentes, sobre todo porque hay m�s baile flamenco que metaf�sica, m�s exteriorizar las percepciones del lenguaje de la danza que definir conceptos abstrusos. En suma, apelar desde la coreograf�a al descubrimiento agustiniano de la integridad humana, que la consideraba el fil�sofo y te�logo cristiano como la unidad de lo interno con lo externo, a fin de optimizar el proceso sistem�tico hasta alcanzar la excelencia.Cuatro movimientos articulan la conversi�n propuesta, o m�s bien cuatro "extremos confluentes" (dixit la autora), de lo que se colige que los bordes convergentes son como las placas tect�nicas, que se hunden m�s a un lado que hacia otro y terminan por provocar, a la postre, el descenso de una de ellas.La presentaci�n acoge un primer bloque de excelencia, una sole� por buler�a donde Eva Yerbabuena refuerza el marco tem�tico por la coherencia de arranques y la perfecci�n de los paseos y cierres, mostr�ndose transparente, lo que contradice el segundo movimiento, en el que la protagonista se muestra opaca en torno a un taburete y los giros al aire con El Oruco, pasaje al que le falta frescura, tanto visual como musicalmente, a m�s de enganche expresivo que instaure un intenso y preciso di�logo.Bien argumentado en t�rminos de vigor, balance y amalgamas r�tmicas, es el baile por seguiriyas de El Oruco, as� como la sole� de concierto de Paco Jarana, una oportunidad para dejarse invadir por un universo musical que sigue inspirando a todo tipo de audiencias.A Jarana hay que situarlo, pues, en un contexto donde mantener la atenci�n en algo por m�s de un minuto, en tanto que supuso un ejercicio de voluntarismo el segundo bloque, los tientos, en el que Yerbabuena no le baila al cante, sino a la instrumentaci�n, cediendo a que las voces evocaran a Pepe Marchena y Manolo Caracol en una prueba m�s de rellenar la propuesta que de compromiso intelectual para quienes buscan experiencias memorables.Manuel de Gines aborda la taranta de Fernando de Triana, en tanto nos asaltaba al pensamiento que la evoluci�n de la intriga estaba m�s motivada por el �nfasis expresivo que por una verdadera urgencia narrativa. Error del analista que Eva Yerbabuena constataen el tercer bloque a trav�s del taranto y la levantica, haciendo que la luz del arte brillara entre las tinieblas de la tipolog�a minera, y refrendada, adem�s, por el desaf�o de fandangos de los cuatro cantaores, donde los ecos de Antonio de la Calz�, Caracol, Camar�n, El Gloria y las variantes de Huelva gozaron del aplauso del p�blico, estableciendo el nivel superior Miguel Ortega cuando emul� a Paco Toronjo.Mas como no hay mejor luz que la esperanza, por fin lleg� el cuarto movimiento, las alegr�as de Yerbabuena, que desde tiempos ha se empe�a en estremecer profundamente a la audiencia en la clausura de sus espect�culos. Y bien que lo consigui�, porque la vimos espl�ndida, notable y atractiva en el manejo del mant�n durante -�ojo al dato!- la coreograf�a completa; con sobrada solvencia para la complejidad de los desplazamientos; eficaz y s�lida en el zapateado, y cumpliendo satisfactoriamente las exigencias de una bailaora de nivel superior.El montaje hab�a aportado en ese baile con bata de cola y mant�n, el necesario �xtasis y la convicci�n de los momentos claves, esa coherencia y flamenquer�a que Sevilla celebra y acoge con sincera satisfacci�n, a sabiendas de que en la c�spide de la monta�a de Eva Yerbabuena se puede respirar el aire puro de la verdad art�stica.Es justo significar, pues, que, con la sole� por buler�as del principio y las alegr�as de la clausura, llegamos al embeleso de una de las mejores bailaoras -no bailarina de trama- de este tiempo. Pero a ver, todos los libretos son refutables cuando le sobran entremeses, y m�s a�n si proponen la teor�a de la disonancia cognitiva, la del psic�logo estadounidense Le�n Festiger, por la que no siempre concuerdan las creencias con los comportamientos.